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Gratis · elegí una vozEn un salón de clases, donde las letras y los números cobraban vida durante el día, vivía un lápiz llamado Lapicito. Lapicito era un lápiz de madera, con una punta de grafito muy afilada y una goma rosada en su extremo. Le encantaba dibujar y escribir, pero ese día, el salón estaba en silencio. Los niños estaban de vacaciones y solo quedaban los objetos del salón, esperando el regreso de la alegría.
"¡Qué aburrimiento!" exclamó Lapicito, rodando sobre la mesa.
Un viejo reloj de pared, con un péndulo que se movía sin cesar, respondió: "Tic-tac, tic-tac, el tiempo pasa, pero nada interesante sucede". El reloj, al que llamaban Don Tiempo, siempre estaba midiendo todo, y a veces, era un poco molesto.
Un borrador gordito, llamado Borrón, suspiró. "Ojalá tuviéramos algo que hacer".
Un marcador de colores brillantes, llamado Arcoíris, permanecía en silencio, observando a los demás. Él siempre tenía ideas, pero era un poco tímido para compartirlas.
"¡Tic-tac, tic-tac! ¡Están perdiendo el tiempo!" insistió Don Tiempo, con su voz resonante.
Lapicito, ya cansado del ruido del reloj, gritó: "¡Don Tiempo, por favor! No haces más que quejarte. Necesitamos una idea, algo divertido!"
Borrón asintió. "Sí, algo que nos distraiga".
Arcoíris, tomando valor, finalmente habló. "¿Y si jugamos a algo?"
"¿Jugar? ¿A qué vamos a jugar?" preguntó Lapicito, con curiosidad.
"No lo sé…" respondió Arcoíris, rascándose la tapa con su punta. "Necesitamos algo que podamos hacer todos juntos".
Don Tiempo, aunque gruñón, sintió un poco de curiosidad. "Tic-tac, tic-tac, propongan algo rápido. ¡El tiempo es oro!"
De pronto, el sacapuntas, que siempre estaba callado en una esquina, hizo un ruido metálico. "¡Yo puedo afilar a Lapicito para que dibuje!"
Lapicito se iluminó. "¡Eso es! Podemos jugar a adivinar dibujos!"
Borrón aplaudió con su cuerpo suave. "¡Qué buena idea! Arcoíris, tú puedes dibujar, ¿verdad?"
Arcoíris asintió tímidamente. "Sí, puedo dibujar. Pero… ¿quién adivinará?"
"Yo puedo ayudar", dijo la Maestra, que había estado escuchando la conversación. La Maestra era una figura sabia y amable, aunque solo era una representación de cartón. "Puedo hacer preguntas y dar pistas".
Don Tiempo, un poco más animado, dijo: "Tic-tac, tic-tac, yo controlaré el tiempo. ¡Tres minutos por dibujo!".
Así, el juego comenzó. Arcoíris, con su punta colorida, dibujó una manzana roja y brillante. Lapicito, Borrón y la Maestra intentaron adivinar qué era. La Maestra dio pistas como "Es una fruta deliciosa" y "Crecen en los árboles". Finalmente, Lapicito gritó: "¡Es una manzana!".
Todos celebraron y Arcoíris se sintió muy feliz de haber ayudado. Don Tiempo, aunque seguía diciendo "Tic-tac, tic-tac", parecía un poco más contento.
Luego, Arcoíris dibujó un sol radiante, un perro juguetón y una casa con chimenea. Cada vez, las adivinanzas eran más emocionantes y todos participaban con entusiasmo. Lapicito se encargaba de los detalles, Borrón borraba los errores y Don Tiempo se aseguraba de que cada ronda durara el tiempo justo.
Incluso el sacapuntas se sentía útil, manteniendo la punta de Lapicito siempre afilada. La Maestra guiaba el juego con sus preguntas y pistas, haciendo que todos se sintieran incluidos.
El salón de clases, que antes estaba aburrido y silencioso, se llenó de risas y alegría. Los objetos, que antes solo esperaban el regreso de los niños, habían encontrado una forma de divertirse juntos.
Al final del día, cuando el sol comenzó a esconderse, todos estaban cansados pero felices. Habían descubierto que incluso en la soledad, la amistad y la creatividad podían transformar el aburrimiento en una gran aventura.
Lapicito, mirando a sus amigos, sonrió. "Gracias a todos. Hoy ha sido un día maravilloso".
Borrón asintió. "Sí, hemos aprendido que juntos somos más fuertes y que la imaginación no tiene límites".
Arcoíris, más seguro de sí mismo, dijo: "Y que todos tenemos algo especial que aportar".
Don Tiempo, con una sonrisa (que casi nadie notó), dijo: "Tic-tac, tic-tac, el tiempo bien aprovechado es el mejor regalo".
Y así, en el salón de clases, los objetos esperaron la llegada de un nuevo día, sabiendo que la amistad y la creatividad siempre estarían allí para iluminar sus vidas.
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