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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en el pequeño y colorido pueblo de Valle Verde, un niño llamado Mateo. Mateo era conocido por todos por su energía inagotable y su risa escandalosa. Le encantaba correr por el parque, jugar al fútbol y, sobre todo, hablar. Hablaba tanto que a veces se olvidaba de escuchar. Un lunes por la mañana, la maestra Clara entró al salón de clases de la mano de un niño nuevo.
—Clase, este es Leo —dijo la maestra con una sonrisa amable—. Se acaba de mudar desde una ciudad muy lejana. Espero que lo hagan sentir como en casa.
Leo era muy diferente a Mateo. Era pequeño, vestía un suéter gris que parecía quedarle grande y mantenía la mirada fija en sus zapatos. Durante el recreo, Mateo, con su habitual entusiasmo, se acercó a él corriendo.
—¡Hola, Leo! ¿Quieres jugar al fútbol? ¡Soy el mejor delantero del equipo! —exclamó Mateo, pateando un balón hacia él.
Leo ni siquiera levantó la cabeza. Solo dio un paso atrás, se dio la vuelta y se sentó solo en un banco de madera al fondo del patio. Mateo se quedó confundido.
—Qué niño tan raro —pensó Mateo—. Y además, es un poco grosero.
Durante los días siguientes, Mateo intentó hablarle un par de veces más, pero Leo siempre respondía con monosílabos o simplemente se alejaba. Mateo empezó a decirles a sus amigos que Leo era aburrido y que no quería ser su amigo. Pero una tarde, después de que las clases terminaran, algo cambió.
Mateo se había quedado tarde para practicar sus tiros de esquina. Cuando se disponía a irse, vio algo olvidado debajo del banco donde Leo solía sentarse. Era un cuaderno de tapas azules, un poco desgastado por las esquinas. Mateo, movido por la curiosidad, lo recogió. No tenía nombre en la portada, así que lo abrió para ver si encontraba alguna pista de quién era el dueño.
Lo que vio lo dejó sin palabras. No eran tareas de matemáticas ni notas de clase. El cuaderno estaba lleno de dibujos hechos con carboncillo y lápices de colores. En la primera página, había un dibujo de una casa pequeña rodeada de montañas nevadas y un bosque espeso. Debajo decía: 'Mi hogar'. En la siguiente página, vio el dibujo de una anciana sonriente sentada en un sillón, tejida de detalles; junto a ella, una frase pequeña: 'Te extraño, abuela'.
Mateo siguió pasando las páginas. Vio dibujos de una ciudad gris y ruidosa, con gente caminando deprisa y un niño pequeño —que claramente era Leo— mirando por una ventana con una expresión de profunda tristeza. En el último dibujo, aparecía el patio de la escuela de Valle Verde, pero todo se veía inmenso y aterrador, con sombras grandes que representaban a los otros niños.
En ese momento, Mateo sintió un pequeño 'pinchazo' en el pecho, justo donde está el corazón. Por primera vez, no pensó en lo que él quería hacer o decir. Pensó en cómo se sentiría él si tuviera que dejar su casa, sus amigos y a su abuela para irse a un lugar donde no conocía a nadie. Comprendió que el silencio de Leo no era grosería, sino miedo y tristeza. Leo no era raro; estaba herido y se sentía solo.
—He sido un tonto —susurró Mateo para sí mismo, abrazando el cuaderno contra su pecho.
Al día siguiente, Mateo llegó a la escuela temprano. No corrió, no gritó y no buscó su balón de fútbol. Esperó pacientemente en la entrada hasta que vio aparecer el suéter gris de Leo. Leo caminaba con la cabeza baja, como siempre. Mateo se acercó despacio.
—Hola, Leo —dijo Mateo con una voz suave, muy distinta a su tono habitual.
Leo se tensó, esperando quizás otra invitación ruidosa o un comentario burlón. Pero Mateo extendió las manos y le entregó el cuaderno azul.
—Se te cayó ayer en el parque. Lo siento, lo abrí para saber de quién era... Tus dibujos son los más hermosos que he visto en mi vida. Especialmente el de tu abuela.
Leo levantó la vista, sorprendido. Sus ojos, que siempre parecían nublados, brillaron por un segundo. Tomó el cuaderno con manos temblorosas.
—Gracias —susurró Leo—. Ella me enseñó a dibujar. La extraño mucho.
—Mi abuelo vive en la ciudad —dijo Mateo, sentándose en el suelo junto a la mochila de Leo—. A veces también lo extraño. ¿Quieres contarme cómo eran esas montañas de tu dibujo? Parecen un lugar mágico.
Leo dudó un momento, pero luego se sentó al lado de Mateo. Empezó a hablar, primero en voz muy baja y luego con más confianza. Le contó sobre la nieve, sobre el olor de los pinos y sobre cómo su abuela hacía el mejor chocolate caliente del mundo. Mateo no lo interrumpió ni una sola vez. Se dedicó a escuchar, tratando de imaginar cada detalle, sintiendo la nostalgia de su nuevo amigo como si fuera propia.
Ese día, en el recreo, no jugaron al fútbol. Se quedaron bajo la sombra de un gran roble, dibujando juntos en el cuaderno azul. Mateo dibujó un sol brillante y Leo dibujó a dos niños caminando por un sendero.
A medida que pasaban las semanas, Leo empezó a sonreír más. Ya no caminaba mirando sus zapatos, sino que buscaba la mirada de Mateo. Y Mateo, por su parte, aprendió que la aventura más grande no era meter un gol, sino aprender a mirar a través de los ojos de los demás. Descubrió que la empatía es como un puente invisible que une los corazones, permitiendo que el sol entre incluso en los días más grises.
Desde entonces, en la escuela de Valle Verde, todos supieron que si alguien se sentía triste o solo, Mateo sería el primero en acercarse, no para hablar de sí mismo, sino para ofrecer un oído atento y un corazón dispuesto a entender.
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Preguntas de comprensión
¿Qué objeto encontró Mateo debajo del banco del patio y qué contenía en su interior?
¿De dónde se había mudado Leo y cómo lo describió la maestra Clara al presentarlo?
¿Por qué crees que Leo dibujaba a los otros niños como 'sombras grandes y aterradoras' al principio de la historia?
¿Qué cambió en la forma de comunicarse de Mateo cuando le devolvió el cuaderno a Leo en comparación con su primer encuentro?
¿Crees que Mateo invadió la privacidad de Leo al abrir su cuaderno, o fue una acción necesaria para entenderlo? Justifica tu opinión.
Al final del cuento se dice que 'la aventura más grande no era meter un gol'. ¿Qué valor crees que el autor intenta resaltar con esta frase?
Si pudieras agregar un nuevo dibujo al cuaderno azul que represente el final de la historia, ¿qué dibujarías y qué frase le pondrías debajo?
Imagina que eres Leo. Escribe una pequeña carta para tu abuela contándole sobre tu nuevo amigo Mateo.
En la frase 'Leo siempre respondía con monosílabos', ¿qué significa la palabra 'monosílabos' y qué nos dice sobre la personalidad de Leo en ese momento?
El texto menciona que Mateo sintió un 'pinchazo' en el pecho. Según el contexto de la historia, ¿qué emoción o sentimiento representa esta palabra?
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