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Gratis · elegí una vozEnzo, Alicia, Andrea, David y Adara eran los mejores amigos. Todos los días, después de la escuela, corrían al Parque Arcoíris. Era su lugar favorito, con sus altos árboles, el tobogán resplandeciente y, por supuesto, los columpios. Pero un lunes, algo extraño había sucedido.
"¡Chicos, miren!" exclamó Alicia, con los ojos muy abiertos. "¡Uno de los columpios ha desaparecido!"
Todos observaron. Efectivamente, el columpio que siempre usaba Enzo, el que tenía la cuerda roja, ya no estaba. Solo quedaba la cadena vacía colgando del travesaño.
"¡Qué raro!" dijo Enzo, rascándose la cabeza. "¿Quién se llevaría un columpio?"
Andrea, siempre la más lógica del grupo, sugirió: "Tal vez se rompió y lo quitaron para repararlo".
"Pero no hay ningún letrero que diga eso", señaló David, el detective aficionado del grupo. "Y si lo hubieran quitado, ¿no habría dos cadenas colgando?"
Adara, la más observadora, se acercó a la cadena vacía y la examinó cuidadosamente. "Miren", dijo, señalando algo. "Hay unas pequeñas huellas en el metal. ¡Huellas diminutas!"
Los cinco amigos se reunieron alrededor de la cadena, examinando las minúsculas marcas. Parecían… ¡huellas de hadas!
"¿Hadas?" preguntó Enzo, incrédulo. "¿Creen que un hada se llevó el columpio?"
"Podría ser", respondió Adara, con un brillo en los ojos. "Recuerdo haber leído en un libro que a las hadas les encantan los columpios, especialmente los rojos".
David, aunque escéptico, estaba intrigado. "Si fue un hada, ¿por qué se llevaría solo un columpio?"
Alicia tuvo una idea. "Tal vez necesite el columpio para algo especial. Quizás está construyendo un parque para hadas en otro lugar".
La idea les pareció maravillosa. Decidieron investigar. Comenzaron buscando pistas alrededor del columpio desaparecido. Encontraron un pequeño botón brillante, como de nácar, cerca de la base del poste del columpio.
"¡Esto debe ser de un hada!" exclamó Andrea, recogiendo el botón con cuidado.
Siguieron buscando, y pronto encontraron un pequeño rastro de polvo brillante que se extendía desde el columpio hacia el bosque que bordeaba el parque. Sin dudarlo, decidieron seguir el rastro.
El rastro de polvo brillante los llevó a través de los árboles, pasando por arbustos y flores silvestres. El sol se filtraba entre las hojas, creando un ambiente mágico. Finalmente, llegaron a un claro oculto en el corazón del bosque.
¡Y allí estaba! En el centro del claro, un grupo de pequeñas hadas trabajaba febrilmente. Estaban usando el columpio rojo para construir un pequeño columpio doble para dos hadas bebés.
Enzo, Alicia, Andrea, David y Adara se quedaron boquiabiertos. Era una escena sacada de un cuento de hadas.
Una de las hadas, la más grande y con un gorro de hojas, se acercó a ellos. "Oh, hola", dijo con una voz dulce como el néctar. "No esperábamos visitas. Gracias por el columpio. Lo necesitábamos para los bebés".
Enzo, aunque sorprendido, se sintió feliz. "De nada", dijo. "Pero, ¿no podrían haber pedido?"
La hada sonrió. "Lo intentamos, pero no sabíamos cómo comunicarnos con ustedes. Pensamos que el columpio estaría mejor aquí, haciendo felices a los bebés".
Los niños entendieron. Decidieron ayudar a las hadas a terminar el columpio doble. Juntos, colocaron el asiento y ajustaron las cuerdas. Cuando terminaron, las hadas bebés subieron al columpio y comenzaron a reír a carcajadas.
Los cinco amigos se sintieron orgullosos de haber ayudado. Le prometieron a las hadas que guardarían su secreto y que visitarían el claro a menudo. A partir de ese día, el Parque Arcoíris tuvo un nuevo significado para Enzo, Alicia, Andrea, David y Adara. Ya no era solo un lugar para jugar, sino también un lugar donde la magia era real.
Cuando regresaron al parque, el sol comenzaba a ponerse. Se sentaron en el columpio que quedaba y se balancearon suavemente, recordando la aventura que habían vivido. Sabían que nunca olvidarían el día en que un columpio desapareció y los llevó a descubrir un mundo mágico en el corazón del bosque. Y cada vez que veían un arcoíris, recordaban el Parque Arcoíris y a sus amigas, las hadas. Sabían que la amistad, tanto entre humanos como entre hadas, podía hacer que cualquier cosa fuera posible.
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