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Gratis · elegí una vozEn la soleada clase de 6º de Infantil del Colegio "El Jardín de las Estrellas", vivían veinticinco pequeños exploradores. Su maestra, la Señorita Luna, era una persona muy especial. No solo les enseñaba a leer y escribir, sino también a entender y manejar sus emociones.
Un día, un pequeño monstruo peludo, de color grisáceo y con ojos tristes, apareció tímidamente en la puerta. Se llamaba Tristón, y venía del País de las Emociones Perdidas. Tristón sollozaba bajito: "¡He perdido todas mis emociones! Ya no sé si estoy contento, enfadado, asustado... ¡Nada!".
La Señorita Luna, con su sonrisa cálida, invitó a Tristón a entrar. "No te preocupes, Tristón. Aquí, en la Clase Arcoíris, te ayudaremos a encontrar tus emociones", le dijo.
La Clase Arcoíris era llamada así porque cada emoción tenía su color. La alegría era amarilla como el sol, la tristeza azul como el cielo nublado, el enfado rojo como un tomate maduro, el miedo negro como la noche y la calma verde como las hojas de los árboles.
El primer niño en acercarse a Tristón fue Leo, un niño rubio y risueño. "¡Hola, Tristón! ¿Quieres jugar conmigo a las construcciones? A mí me pone muy contento construir torres altísimas", le dijo Leo, ofreciéndole un bloque amarillo brillante. Tristón intentó sonreír, pero no sentía nada.
Luego se acercó Sofía, una niña con trenzas largas y ojos grandes. "Yo te puedo contar un cuento triste", dijo Sofía con suavidad. "A veces, cuando estoy triste, me gusta que me cuenten historias tristes para entender mejor lo que siento". Sofía le contó la historia de un pajarito que había perdido a su mamá. Tristón escuchó atentamente, pero aún no sentía nada.
Carlos, un niño fuerte y moreno, se acercó a Tristón con el ceño fruncido. "¡A mí me enfada mucho que me quiten mis juguetes!", exclamó. "¡Grrr! ¡Hagamos como que somos leones enfadados!". Carlos rugió, pero Tristón solo lo miró con confusión.
Después, se acercó Paula, una niña tímida que siempre se escondía detrás de su pelo. "A mí me da mucho miedo la oscuridad", susurró Paula. "Pero mi mamá me dice que puedo respirar hondo y pensar en cosas bonitas". Paula le mostró a Tristón un dibujo de un unicornio brillante. Tristón sintió un leve escalofrío, pero no sabía si era miedo o otra cosa.
Finalmente, se acercó Mateo, un niño tranquilo y observador. "Cuando estoy en calma, me gusta cerrar los ojos y escuchar el sonido del viento", dijo Mateo. "¿Quieres intentarlo conmigo?". Mateo y Tristón cerraron los ojos y respiraron profundamente. Tristón sintió un ligero bienestar, pero aún no lograba identificar ninguna emoción.
La Señorita Luna observaba todo con atención. Se acercó a Tristón y le dijo: "Tristón, las emociones no son como objetos que se pueden encontrar. Las emociones están dentro de ti. A veces, solo necesitas un poquito de ayuda para sentirlas".
La Señorita Luna propuso un juego. "Vamos a dibujar cómo nos sentimos hoy", dijo. "No importa si no sabes qué emoción estás sintiendo. Simplemente, elige un color y dibuja lo que te venga a la mente".
Todos los niños empezaron a dibujar. Leo dibujó un sol radiante, Sofía dibujó una nube con gotitas de lluvia, Carlos dibujó un volcán en erupción, Paula dibujó una estrella fugaz y Mateo dibujó un árbol con muchas hojas verdes.
Tristón tomó un lápiz y, sin pensarlo, empezó a dibujar. Dibujó una línea ondulada de color gris. Luego, añadió pequeños puntos de colores por todas partes. No sabía qué estaba dibujando, pero se sentía un poco mejor.
Cuando terminaron, la Señorita Luna les pidió que compartieran sus dibujos. Leo dijo: "Yo me siento feliz porque hoy hace mucho sol". Sofía dijo: "Yo me siento un poco triste porque extraño a mi abuela". Carlos dijo: "Yo me siento enfadado porque no me gusta que me molesten mientras dibujo". Paula dijo: "Yo me siento un poco asustada, pero también contenta porque mañana es mi cumpleaños". Mateo dijo: "Yo me siento tranquilo porque me gusta dibujar".
Cuando le tocó el turno a Tristón, él dijo: "Yo... yo no sé qué he dibujado. Pero... creo que me siento... confundido".
La Señorita Luna sonrió. "¡Confundido es una emoción, Tristón! Es como una mezcla de muchas emociones juntas. Es como cuando no sabes qué sentir exactamente".
De repente, Tristón sintió algo nuevo. Sintió un poco de alivio, un poco de curiosidad y un poco de esperanza. Sintió que poco a poco, sus emociones estaban volviendo. Su color grisáceo empezó a tener pequeños destellos de colores.
La Clase Arcoíris celebró el descubrimiento de Tristón. Le dieron un gran abrazo y le dijeron que siempre sería bienvenido en su clase. Tristón se dio cuenta de que no estaba solo. Que en la Clase Arcoíris, siempre encontraría amigos que le ayudarían a entender y manejar sus emociones. Y así, el Monstruo de las Emociones Perdidas encontró un hogar en la Clase Arcoíris, aprendiendo cada día a sentir y a vivir con todas sus emociones, incluso con la confusión.
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