Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un rincón,
un monstruo suave, de buen corazón.
Vivía en una cueva con mucho calor…
¡y un día cambió de color!
Se miró en el agua de un charquito:
—“¡Estoy rojo! ¡Soy un tomatito!”
Muy asustado, quiso saber,
¿por qué cambiaba sin entender?
Entonces pensó:
—“Voy a buscar otros monstruos,
a ver si saben por qué estoy rojo.”
Y así empezó su gran paseo…
por la montaña, el bosque y el museo
Primero encontró, cerca de un tambor,
a un monstruo que hacía ¡pum pum con amor!
—“¿Por qué estás rojo como un fuego?”
—“No sé, vine a buscar un consejo”
—“Probá tocar este tambor, ¡capaz la música te hace bien
y así cambies de color de una vez!
El monstruo rojo tomó las baquetas y comenzó a tocar. ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! El sonido resonaba en el bosque. Pero seguía rojo. Suspiró. “No funcionó”, dijo tristemente.
Después miró un ojo gigante:
—“¡Soy el monstruo mirón elegante!”
—“¿Ves por qué estoy rojo así?”
—“Tal vez estás nervioso por venir hasta aquí.”
El monstruo rojo respiró hondo. “Puede ser”, admitió. El monstruo mirón elegante lo observó fijamente con su gran ojo. “Relájate. Observa la naturaleza. Tal vez el color se vaya con la calma.”
En una piedra saltaba feliz
un monstruo peludo de color azul
—“¡Yo salto y corro, soy el más veloz!”
—“¿Creés que corriendo cambio mi color?”
—“¡Intentá! ¡Brincá como yo!
Capaz del rojo pasas al marrón”
El monstruo rojo intentó saltar y correr como el monstruo azul. ¡Boing! ¡Boing! ¡Boing! Se cansó rápidamente. “¡Uf! ¡No puedo más! Sigo rojo”, exclamó jadeando.
—“¡Ja ja ja!” gritaba sin parar.
—“Tu color rojo debe ser por llorar”
—“¡No! ¡Estoy bien, solo cambié!”
—“Pues reíte fuerte, a ver si volvés”
El monstruo rojo intentó reírse a carcajadas, pero solo le salió una risita tímida. “No soy muy bueno riendo”, confesó.
Tenía espinas en cada lado,
pero un corazón muy abrazado.
—“¡Estoy rojo! ¡Me da calor!”
—“¿Y si es por el miedo o por el amor?”
El monstruo rojo pensó en el miedo y el amor. Sintió un cosquilleo en su corazón. “No lo sé. Tal vez un poco de ambos”, murmuró.
Debajo de un árbol, roncaba sin fin.
—“Zzz… no sé qué es el color carmesí.”
—“Dormir no suena mal… quizás descanso un poco
y me despierto de otro color, un poco más loco”
El monstruo rojo se acurrucó junto al monstruo dormilón y cerró los ojos. Pero el sueño no llegaba. Demasiada preocupación.
—“Laaaa”, cantaba con voz de trompeta,
mientras el viento le tiraba la chaqueta.
—“Probá cantar algo bien fuerte,
¡quizás tu rojo se va por suerte!”
El monstruo rojo intentó cantar, pero su voz temblaba. “Soy muy tímido para cantar”, admitió avergonzado.
—“Boing boing” por todo el lugar,
saltaba sin parar ni descansar.
—“¡Estás rojo! ¿Querés jugar?”
—“Sí, saltaré hasta cambiar mi rojo”
Saltaron juntos, riendo y gritando. Pero el monstruo rojo seguía siendo rojo.
—“¡Ay! ¿Sos vos? ¡Qué susto me diste por favor!”
Se escondió rápido sin mirar más.
—“¡Tu color seguro es del susto que dás!”
—“¿Decís que asustar me pinta tanto? Voy a intentarlo”
El monstruo rojo intentó asustar al monstruo miedoso, pero solo logró que se escondiera aún más.
—“¡Hola! Soy todos los colores a la vez.
Rojo, verde, violeta, ¡y hasta al revés!”
—“¿Y cómo hiciste para ser así?”
—“Con cada emoción, cambié por mí”
—“¡Hola, gigante!” dijo una voz.
—“¿Quién me habló?”
—“¡Acá abajo estoy yo!”
—“¡Qué chiquito! ¿Y por qué sos gris?”
—“Porque comí tiza, galleta y anís”
Caminaba alto como un farol
—“¡Mirá desde arriba, quizás ves tu sol!”
—“Capaz el sol me hizo cambiar…
tendré que buscar sombra al caminar”
Colgado de un árbol, decía “aloh”
—“¿Hola?”
—“¡Sí, pero dado vuelta, mejor!”
—“¿Estaré rojo por andar al derecho?
¿O por ver todo al revés, como un helecho?”
—“Soy suavecito, como un algodón.
Vení, tocame con el corazón.”
—“¡Qué blandito! ¡Qué sensación!
Capaz soy rojo de tanta emoción”
—“¡BANG! ¡PLAF! ¡CRAC! ¡TOC TOC!”
—“¡Uy! Me asustás como un gran reloj”
—“Quizás tu rojo es por tanta explosión.
Probá hablar bajito con precaución”
Tenía brazos como espaguetis.
—“¿Querés un abrazo que espanta cohetes?”
—“Sí, por favor, uno de amor”
—“Tal vez así cambie tu color”
Bailaba con pies que iban de a dos.
—“¡La música te hace cambiar la voz!”
—“Probá mover tu cuerpo, ¡así!”
—“¡Qué divertido! ¡Me gusta para mí!”
—“Hola”
—“Hola”
—“¿Por qué estoy rojo?”
—“¿Por qué estoy rojo?”
—“¡Ah, solo repetís!”
—“¡Ah, solo repetís!”
—“¡Sos un espejo, eso entendí!”
El monstruo se fue a dormir,
contento, cansado y listo para sonreír.
—“Ya no me importa si estoy rojo, verde o gris,
lo importante es que soy muy feliz”
Se tapó con su manta de lana,
soñando con monstruos y una banana.
Y mientras dormía, murmuró sin temor:
—“¡Ser uno mismo es el mejor color!”
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