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Había una vez, en un bosque donde las hojas de los árboles eran de color melocotón y las flores olían a vainilla, un pajarito llamado Pipo. Pipo era de un azul tan brillante como el cielo de verano y tenía unas alas suaves que hacían "¡flic, flac, flic!" cada vez que volaba. A Pipo le encantaba cantar, pero una mañana, al despertar, algo muy extraño sucedió. Abrió su piquito naranja para decir su habitual "¡Pío, pío!", pero no salió nada. Solo un pequeño airecito que sonaba como "¡fiuuu!".
—¡Oh, no! —pensó Pipo—. ¡He perdido mis sonidos! ¿Dónde se habrán escondido?
Decidido a encontrar su voz, Pipo saltó de su rama y aterrizó sobre la hierba verde que hacía cosquillas. Allí se encontró con la Señora Caracola. La Señora Caracola se movía muy, pero muy despacio, dejando un rastro de purpurina a su paso. Pipo se acercó y, moviendo sus alitas, intentó saludar.
—Para recuperar tu voz, Pipo —dijo la Señora Caracola con una voz pausada—, debes imitar los sonidos de nuestro bosque. Empieza por el suelo. ¿Ves a las serpientes de seda? Ellas hacen un sonido muy especial.
Pipo miró hacia unas cintas de colores que se deslizaban entre las flores. Las serpientes hacían: "¡Sssssss, sssssss!". Pipo tomó aire, infló su pechito azul y lo intentó: "¡Sssssss!". ¡Qué divertido! Al hacerlo, sintió un cosquilleo en su garganta. ¡El primer sonido había vuelto!
—¡Muy bien! —exclamó la Señora Caracola—. Ahora, sigue el camino de las piedras saltarinas hasta el estanque de cristal.

Pipo voló y voló, haciendo "¡flic, flac, flic!", hasta que llegó a un estanque donde el agua brillaba como diamantes. Allí, sentada sobre una hoja de loto gigante, estaba la Rana Rosita. Rosita era de un verde muy intenso y tenía unos ojos grandes y curiosos.
—¡Hola, Pipo! —croó la Rana Rosita—. Si tu voz quieres encontrar, como una moto debes sonar. ¡Brrrrum, brrrrum, rrrrrr!
Pipo puso su piquito muy firme y vibró sus labios: "¡Rrrrrrr! ¡Brrrrum!". La Rana Rosita saltaba de alegría haciendo "¡ploc, ploc!" en el agua. Pipo repitió el sonido con fuerza: "¡Rrrrrrr!". De repente, sintió que su garganta se calentaba y que las palabras empezaban a despertar de su siesta.
—¡Gracias, Rosita! —quiso decir Pipo, pero todavía le faltaba un poquito más de fuerza.
Entonces, un viento suave comenzó a soplar entre los árboles, haciendo que las hojas bailaran. El viento decía: "¡Uuuuuuuu, uuuuuuuu!". Pipo cerró sus ojitos y se unió al viento: "¡Uuuuuuuu!". Luego escuchó a las abejas que pasaban cerca de las flores de lavanda: "¡Zzzzzzz, zzzzzzz!". Pipo también hizo: "¡Zzzzzzz!". Cada sonido era como una pieza de un rompecabezas que se acomodaba en su pecho.
Finalmente, Pipo llegó al Gran Árbol de las Campanas. Sus flores tenían forma de campana y, cuando el viento las movía, hacían "¡tiling, tiling, tolón!". En la cima del árbol vivía el Búho Sabio, que tenía unas gafas redondas y grandes plumas de color café.

—Pipo —dijo el Búho—, has practicado mucho. Has siseado como la serpiente, vibrado como la rana y soplado como el viento. Ahora, solo te falta el sonido más grande. El sonido de la alegría. ¡Abre mucho la boca y di: ¡AAAAAAAA!
Pipo abrió su piquito lo más que pudo, tanto que casi se le ven las plumas de la cola, y gritó con todas sus fuerzas:
—¡AAAAAAAA! ¡OOOOOOOO! ¡EEEEEEEE!
Y de repente, como por arte de magia, un chorro de música salió de su garganta.
—¡Pío, pío, pío! ¡Canta, canta, pío! —exclamó Pipo, saltando de rama en rama.
Su voz era más hermosa que antes, porque ahora sabía hacer muchos sonidos diferentes. Podía silbar como el viento, zumbar como las abejas y vibrar como las motos. Todos los animales del bosque se reunieron para escuchar el gran concierto de Pipo. El bosque se llenó de colores, de risas y de música. Pipo aprendió que hablar y cantar es un regalo maravilloso, y desde ese día, nunca dejó de practicar sus sonidos con sus amigos.
Cada noche, antes de dormir, Pipo recordaba su aventura y decía suavemente: "¡Sssss, rrrrr, pío!". Y así, con el corazón lleno de canciones, se quedaba profundamente dormido bajo la luz de la luna plateada. Y colorín colorado, este cuento de sonidos, se ha acabado.
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