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Gratis · elegí una vozHabía una vez un grupo de niños y niñas muy alegres que jugaban en su salón de clase. Les encantaba pintar con los dedos, construir torres altísimas con bloques de madera y cantar canciones inventadas sobre animales fantásticos. En el Jardín Grandes Exploradores, cada día era una nueva aventura llena de risas y amistad.
Un día, la profe Lina llegó con una sonrisa que iluminaba toda la habitación y les dijo:
—Hoy vamos a jugar a algo muy especial… ¡El espejo mágico de las emociones!
Todos se miraron curiosos, con los ojos brillantes como estrellas. No entendían de qué se trataba, pero la palabra "mágico" siempre despertaba su imaginación.
—¿El espejo mágico? —preguntó Samuel, abriendo los ojos muy grandes y dejando caer el carrito rojo que tenía en la mano.
—Sí —respondió la profe Lina, con una voz suave y melodiosa como el canto de un pájaro—. Yo seré el espejo, y ustedes serán mis reflejos. Todo lo que yo haga, ustedes lo harán igual.
Los niños y niñas se acomodaron en el suelo, formando un círculo alrededor de la profe Lina. Estaban ansiosos por empezar el juego. Podían sentir la emoción flotando en el aire, como burbujas de jabón.
Entonces la profe Lina empezó el juego: Primero sonrió muy fuerte, una sonrisa tan grande y contagiosa que parecía que el sol había entrado en el salón. Y todos los niños y niñas sonrieron también, sintiendo una alegría inmensa en sus corazones.
Después, la profe Lina saltó como un conejito, moviendo las orejas imaginarias y dando pequeños brincos. Y todos saltaron riendo, imitando sus movimientos graciosos y sintiéndose libres como pájaros en el cielo.
Luego, la profe Lina se abrazó a sí misma, cerrando los ojos y respirando profundamente. Y los niños y niñas también se dieron un gran abrazo imaginario, sintiendo el calor y el cariño que los unía.
Pero entonces, la profe Lina puso una cara triste, con los labios hacia abajo y los ojos llenos de lágrimas imaginarias. Y todos la imitaron, sintiendo una punzada de tristeza en sus corazones. Aprendieron que también está bien sentir tristeza, que es una emoción tan válida como la alegría.
El salón se llenó de risas, movimientos y muchas expresiones. Los niños y niñas experimentaban con sus emociones, aprendiendo a reconocerlas y a expresarlas. Era como si estuvieran descubriendo un nuevo lenguaje, el lenguaje del corazón.
Luego la profe Lina dijo:
—Ahora, cada uno podrá ser el espejo mágico. ¡Quién se anima primero?
Primero pasó Lucía, que hizo una cara de sorpresa muy divertida, abriendo la boca y levantando las cejas. Todos los demás la imitaron, exagerando sus expresiones y riendo a carcajadas.
Después fue Tomás, que movió los brazos como un súper héroe, volando por todo el salón y salvando el día. Todos lo imitaron felices, sin importar si eran niños o niñas. Se sentían poderosos e invencibles.
Cada uno de los niños y niñas tuvo la oportunidad de ser el espejo mágico, mostrando sus emociones y compartiendo sus sentimientos. El salón se convirtió en un festival de expresiones, un lugar donde todos se sentían aceptados y queridos.
Al terminar, la profe Lina los reunió en círculo y les preguntó:
—¿Qué sintieron cuando los demás los imitaban?
Lucía levantó la mano y dijo:
—Sentí alegría, profe. Me gustó que todos me imitaran.
Y Samuel agregó:
—Yo sentí que todos somos parecidos, aunque seamos diferentes. Todos podemos sentir las mismas cosas.
La profe Lina sonrió y les dijo con voz dulce:
—Exactamente. Todos tenemos emociones, todos podemos reír, llorar o abrazar. Lo importante es respetar y compartir lo que sentimos. Y recordar que cada uno de nosotros es único y especial.
Los niños y niñas asintieron con la cabeza, comprendiendo la importancia de las emociones y el valor de la empatía. Habían aprendido una lección valiosa, una lección que llevarían en sus corazones para siempre.
Y así, en el Jardín Grandes Exploradores, todos aprendieron que el verdadero reflejo más bonito es aquel que muestra el corazón, un reflejo lleno de amor, alegría, tristeza y esperanza. Un reflejo que nos conecta a todos y nos hace humanos.
Desde ese día, los niños y niñas del Jardín Grandes Exploradores jugaron al espejo mágico de las emociones muchas veces más, aprendiendo a conocerse a sí mismos y a los demás. Y siempre recordaron las palabras de la profe Lina: "Todos somos especiales y todos tenemos algo valioso que compartir".
💫 Fin..
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