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¡Hola, pequeños! ¿Listos para una aventura? Hoy vamos a conocer a Gael Rivera, un niño muy simpático con unos ojos brillantes como estrellitas. Gael tenía tres añitos y le encantaba jugar en el parque. Su juguete favorito era una pelota roja, ¡una pelota muy, muy saltarina!
Un día soleado, Gael fue al parque con su mamá. Llevaba su pelota roja bajo el brazo y estaba muy emocionado. Al llegar, vio algo increíble: ¡un dinosaurio! Pero no era un dinosaurio de verdad, ¡era un dinosaurio de juguete, gigante y verde, inflado con aire y amarrado a un arbol! Tenía una sonrisa enorme y unos ojos amables.
Gael corrió hacia el dinosaurio, gritando: "¡Dino, Dino!" Le puso ese nombre porque le pareció que le quedaba perfecto. Dino parecía contento de ver a Gael. Gael abrazó las patas del dinosaurio. Eran tan suaves!
Entonces, Gael tuvo una idea brillante. "¡Vamos a jugar con la pelota, Dino!" dijo, mostrando su pelota roja. Dino, por supuesto, no podía hablar, pero Gael sabía que estaba de acuerdo. Gael lanzó la pelota al aire. ¡La pelota saltó muy alto! Más alto que la cabeza de Gael, más alto que el banco del parque. ¡Casi toca la panza de Dino!
Gael reía a carcajadas mientras corría tras la pelota. La pelota rebotaba en el suelo, y luego, ¡pum!, rebotaba en la nariz de Dino. Dino se bamboleaba un poquito, pero se mantenía firme. Gael recogió la pelota y se la lanzó a Dino. "¡Atrapa, Dino, atrapa!" gritó Gael.
Claro que Dino no podía atrapar la pelota con sus bracitos cortos. Pero Gael no se rindió. Lanzó la pelota una y otra vez, y cada vez, la pelota hacía algo divertido. Una vez, rebotó en la cabeza de Dino y luego cayó dentro del bolso de una señora que estaba leyendo un libro en el banco. La señora se asustó un poquito al principio, pero cuando vio a Gael sonriendo, se echó a reír.
Otra vez, la pelota rebotó en el tobogán y salió rodando hasta los pies de un perrito que estaba paseando con su dueño. El perrito ladró alegremente y movió la cola, pensando que era un juego. Gael corrió a recoger la pelota y le dio una palmadita al perrito.
Después de jugar un rato con la pelota, Gael se cansó un poquito. Se sentó al lado de Dino y lo abrazó. "Eres el mejor amigo, Dino", le dijo. Dino, con su sonrisa gigante, parecía estar de acuerdo.
De repente, Gael se dio cuenta de que tenía mucha sed. Le dijo a Dino: "Voy a beber un poquito de agua. Vuelvo enseguida". Corrió hacia su mamá, que estaba sentada en un banco leyendo un cuento. Su mamá le dio un gran abrazo y le ofreció su botella de agua.
Mientras bebía agua, Gael vio a un niño pequeño, un poquito más grande que él, que estaba solo en el parque. El niño parecía triste. Gael se acercó a él y le preguntó: "¿Por qué estás triste?".
El niño le respondió: "No tengo con quién jugar".
Gael sonrió. "¡Yo puedo jugar contigo!", dijo. "Tengo una pelota muy saltarina y un amigo dinosaurio muy grande".
El niño sonrió también. "¡De verdad?", preguntó.
"¡Claro que sí!", dijo Gael. Lo llevó de la mano hasta donde estaba Dino y le presentó a su nuevo amigo. Los dos niños empezaron a jugar juntos con la pelota. La lanzaban al aire, la hacían rebotar en el suelo y se reían a carcajadas. Dino parecía estar feliz de tener más amigos con quien jugar.
Jugaron hasta que se hizo tarde y el sol empezó a esconderse. La mamá de Gael le dijo que era hora de irse a casa. Gael se despidió de su nuevo amigo y le prometió que volvería a jugar con él al día siguiente. También se despidió de Dino, abrazándolo fuerte.
"¡Adiós, Dino!", dijo Gael. "¡Gracias por jugar conmigo!".
De camino a casa, Gael le contó a su mamá lo divertido que había sido jugar con Dino y su nuevo amigo. Su mamá le sonrió y le dijo: "Me alegro mucho, Gael. Es muy importante compartir la alegría con los demás".
Esa noche, Gael soñó con pelotas saltarinas, dinosaurios gigantes y nuevos amigos. Y supo que al día siguiente volvería al parque para seguir jugando y compartiendo la alegría con todos. Y Dino lo estaría esperando, con su sonrisa gigante, listo para otra aventura llena de risas y diversión. ¡Y colorín colorado, este cuento se ha acabado! Pero mañana, ¡otra aventura ha empezado!
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