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Gratis · elegí una vozGilian tenía cinco años y le encantaba jugar en el jardín de su abuela. Un día, mientras exploraba cerca del manzano, ¡vio algo increíble! Las manzanas no solo colgaban de las ramas, ¡sino que también saltaban! Una manzana roja, brillante y grande, dio un brinco y aterrizó justo frente a sus pies.
"¡Hola!" dijo la manzana con una vocecita chillona. "Soy Manzanita Roja. Necesito tu ayuda. Las demás manzanas están jugando al escondite y no puedo encontrarlas."
Gilian, sorprendido pero emocionado, asintió con entusiasmo. "¡Yo te ayudo!" exclamó. "¿Cuántas manzanas están escondidas?"
Manzanita Roja pensó un momento. "Bueno, al principio éramos diez manzanas en el árbol. Luego, el viento sopló y dos manzanas se cayeron. ¡Puf! Se fueron rodando. Después, mi amiga Manzana Verde se aburrió de estar en el árbol y saltó para jugar con una ardilla. Ahora, las que quedan en el árbol se están escondiendo."
Gilian frunció el ceño, tratando de calcular. Su abuela le había enseñado a sumar y restar con sus bloques de colores, ¡pero esto era más divertido! "A ver... teníamos diez manzanas, se cayeron dos... eso es... ¡ocho! Y luego Manzana Verde se fue, entonces quedan... ¡siete manzanas!"
Manzanita Roja aplaudió con una hoja (sí, ¡las manzanas mágicas tenían hojas que usaban como manos!). "¡Exacto! Ahora, de esas siete, yo estoy aquí contigo. ¿Cuántas manzanas quedan escondidas en el árbol?"
Gilian levantó cinco dedos de una mano y quitó uno. "¡Quedan seis manzanas escondidas! ¡Vamos a buscarlas!"
Juntos, Gilian y Manzanita Roja empezaron su búsqueda. La primera manzana que encontraron era Manzana Amarilla, escondida detrás de una hoja gigante. "¡Te encontré!" gritó Gilian.
"¡Yuju!" exclamó Manzana Amarilla, dando un pequeño salto. "Ahora somos... ¿cuántos somos ahora?"
Gilian contó. "Manzanita Roja, Manzana Amarilla y yo... ¡somos tres! Pero todavía faltan manzanas por encontrar. Si al principio quedaban seis escondidas y ya encontramos una... ¿cuántas faltan?"
Manzanita Roja y Manzana Amarilla pensaron un momento. Finalmente, Manzana Amarilla dijo: "¡Cinco! Faltan cinco manzanas."
Continuaron buscando y pronto encontraron a dos manzanas más, Manzana Verde (¡que había vuelto de jugar con la ardilla!) y Manzana Naranja, acurrucadas en un nido de pájaro vacío. Ahora, Gilian tenía cuatro amigas manzanas.
"¡Ya somos muchos!" dijo Gilian, feliz. "Ahora somos Manzanita Roja, Manzana Amarilla, Manzana Verde, Manzana Naranja y yo. ¡Somos cinco! Pero aún faltan manzanas por encontrar. Si antes faltaban cinco y ahora encontramos dos... ¿cuántas faltan?"
Esta vez, Gilian usó sus dedos. Tenía cinco dedos levantados y bajó dos. "¡Faltan tres manzanas!" exclamó.
Siguiendo un rastro de hojas caídas, encontraron a las últimas tres manzanas: Manzana Morada, Manzana Rayada y Manzana Pequeña, todas juntas debajo de una raíz del árbol.
"¡Las encontramos a todas!" gritó Gilian, saltando de alegría. "¡Ahora tenemos a todas las manzanas!"
Manzanita Roja, emocionada, saltó hacia Gilian. "¡Gracias, Gilian! Has sido un gran amigo y has ayudado mucho. ¿Quieres saber cuántas manzanas somos en total ahora?"
Gilian miró a su alrededor. Contó a Manzanita Roja, Manzana Amarilla, Manzana Verde, Manzana Naranja, Manzana Morada, Manzana Rayada y Manzana Pequeña. "¡Somos siete manzanas!" exclamó. "¡Y conmigo somos ocho!"
Las manzanas, felices de estar juntas, empezaron a saltar y bailar alrededor de Gilian. El árbol parecía una fiesta llena de colores y risas. Gilian se unió a la diversión, bailando y riendo con sus nuevas amigas.
De repente, la abuela de Gilian salió al jardín. "¡Gilian! ¿Qué estás haciendo? Veo que te diviertes mucho."
Gilian corrió hacia su abuela y la abrazó. "¡Abuela, las manzanas estaban jugando al escondite y yo les ayudé a encontrarse! ¡Aprendí a sumar y restar con las manzanas!"
La abuela sonrió. "Qué bueno, Gilian. Siempre es divertido aprender jugando."
Esa noche, Gilian soñó con manzanas saltarinas, números que bailaban y el sonido de la risa de sus nuevas amigas. Sabía que nunca olvidaría la aventura de las manzanas saltarinas, la aventura que le enseñó que sumar y restar podía ser tan divertido como jugar en el jardín de su abuela.
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