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Gratis · elegí una vozHanna Thorneir de Velhastyr, princesa heredera, suspiró. Tenía dieciocho años y un destino escrito en piedra: casarse y asegurar la paz entre su tribu, los Velhastyr, y otra tribu vikinga. Su cabello castaño rojizo, siempre recogido en una trenza alta, parecía pesar más que nunca. Sus ojos verde esmeralda, normalmente llenos de chispa, reflejaban la carga del trono. Amaba a su pueblo, pero anhelaba la libertad de galopar por las colinas, de sentir el viento en su rostro sin el peso de las responsabilidades. Las marcas en sus antebrazos y manos, tatuajes mágicos ancestrales, brillaban levemente mientras pensaba en la inminente presentación de los príncipes.
“¡Hanna!”, gritó una voz aguda. Eran sus hermanos, los trillizos Harris, Humbert y Hamish, pequeños torbellinos de energía. “¡Mamá dice que te apures! ¡Ya casi llegan los príncipes!”.
Hanna sonrió. Al menos, ellos lograban arrancarle una sonrisa. Con un último suspiro, siguió a sus hermanos. En el gran salón, su madre, la Reina Eliandra, la esperaba con una sonrisa elegante. Su padre, el Rey Thirn, la observaba con ojos protectores pero firmes.
Antes de la presentación oficial, Hanna escapó al jardín. Necesitaba un respiro. Corrió entre los árboles hasta llegar a un pequeño claro junto al río. Sin darse cuenta, chocó con alguien, haciéndolo tropezar y derramar una cesta de frutas.
“¡Lo siento mucho!”, exclamó Hanna, ayudando al desconocido a recoger las manzanas rodantes.
El joven levantó la vista. Tenía el cabello oscuro y desordenado, y unos ojos azules grisáceos que la miraron con sorpresa. “No te preocupes. Fue un accidente”, dijo con una sonrisa amable.
“Soy Hanna”, dijo la princesa, ofreciéndole una manzana.
“Lioren”, respondió él, aceptando la fruta. “¿Eres… de por aquí?”.
Hanna rio. “Podría decirse”.
Lioren la miró con curiosidad. “Nunca te había visto”.
Antes de que Hanna pudiera responder, un guardia real apareció. “¡Princesa Hanna! Su Majestad la Reina la espera”.
Hanna se despidió rápidamente de Lioren y corrió hacia el castillo, dejando al príncipe con una manzana y muchas preguntas.
La presentación fue larga y aburrida. Hanna sonrió y saludó a cada príncipe, pero ninguno capturó su interés. Entonces, lo vio. Era Lioren. Estaba de pie junto a sus padres, los Reyes de Elorath. Lioren Sylkhar de Elorath, príncipe heredero. Sus ojos se encontraron. Lioren le dedicó una pequeña sonrisa, reconociéndola.
Durante la cena, Hanna se sentó frente a Lioren. “Así que, Príncipe Lioren”, dijo ella con una sonrisa pícara. “Me ocultaste tu identidad”.
Lioren sonrió. “Y tú la tuya, Princesa Hanna. Digamos que fue una presentación… informal”.
Pasaron los días y Hanna y Lioren se conocieron mejor. Hanna descubrió que Lioren era un hombre observador, con un humor sutil y un gran conocimiento en historia y magia. Él, a su vez, vio en Hanna una mujer fuerte, valiente y con un corazón noble, a pesar de la presión que sentía. Hanna empezó a llamarlo “Lio”, un apodo que le hacía sonreír.
Un día, Hanna le mostró a Lioren su magia. Las marcas en sus brazos brillaron intensamente, iluminando el claro con una luz dorada. Lioren sintió la poderosa energía que fluía a través de ella, una energía ancestral y natural. Él, a su vez, le mostró su habilidad para manipular la energía vital, creando una barrera protectora alrededor de ambos.
Pero no todo era fácil. Otras tribus veían con recelo la creciente cercanía entre Hanna y Lioren. Algunos príncipes, despechados, intentaron sembrar discordia entre Velhastyr y Elorath.
Un día, durante una cacería, Hanna fue atacada por un grupo de guerreros de una tribu rival. Lioren, sintiendo el peligro a través de su magia, llegó justo a tiempo para defenderla. Juntos, lucharon valientemente, Hanna con su arco y flechas, y Lioren con su espada y su magia defensiva.
Después de la batalla, Hanna y Lioren se sentaron junto al fuego. “Esto no va a ser fácil”, dijo Hanna, con el rostro sombrío.
“Lo sé”, respondió Lioren. “Pero juntos somos más fuertes”.
Hanna entendió que no se trataba solo de amor, sino de unión y de proteger a sus pueblos. Decidió que se casaría con Lioren, no por obligación, sino por elección. No sería solo un matrimonio político, sino una alianza basada en el respeto, la admiración y el amor.
Durante la ceremonia de boda, Hanna y Lioren se tomaron de las manos. Las marcas en los brazos de Hanna brillaron intensamente, y la energía de Lioren fluyó a su alrededor, creando un escudo protector sobre ambos pueblos. La princesa vikinga había encontrado la libertad, no en la soledad, sino en la unión, y el secreto de su corazón vikingo residía en el amor y la valentía para elegir su propio destino.
Los trillizos, Harris, Humbert y Hamish, aplaudieron con entusiasmo. Sabían que su hermana, la princesa Hanna, había encontrado la felicidad y que, junto a Lioren, gobernarían con justicia y amor. Y así fue. Velhastyr y Elorath prosperaron bajo el reinado de Hanna y Lioren, uniendo fuerzas y construyendo un futuro mejor para todos.
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