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Gratis · elegí una vozJuanita amaba su jardín más que a nada en el mundo. Estaba lleno de flores de mil colores, árboles frutales que siempre tenían algo delicioso para ofrecer, y un columpio viejo que chirriaba canciones de aventura con cada vaivén. Un día, mientras buscaba fresas silvestres escondidas bajo un rosal, Juanita notó algo extraño. Detrás de un arbusto de lavanda, donde nunca antes había visto nada más que tierra, brillaba una luz tenue y temblorosa. Curiosa, se acercó y apartó las ramas. ¡Allí estaba! Un portal, resplandeciente como un arcoíris líquido, vibraba suavemente en el aire.
Sin pensarlo dos veces, Juanita se adentró en el portal. Al instante, el jardín desapareció y se encontró en un mundo completamente diferente. El cielo era de color naranja brillante, los árboles tenían hojas de cristal y pequeñas criaturas luminosas revoloteaban a su alrededor. De repente, un rugido suave hizo eco entre los árboles de cristal. Juanita se asustó, pero antes de que pudiera siquiera considerar correr, una criatura enorme y escamosa emergió de entre los árboles. Era un dragón, pero no uno aterrador. Este dragón tenía escamas de color azul celeste, ojos amables como el cielo de verano y una sonrisa que mostraba dientes brillantes como perlas.
"¡Hola!", saludó el dragón con una voz suave como el viento. "Me llamo Celeste, y tú debes ser Juanita. Estaba esperándote."
Juanita, aún un poco nerviosa, respondió: "¿Esperándome? ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Y dónde estoy?"
"Estás en el Reino de las Estrellas Fugaces", explicó Celeste. "Y sé tu nombre porque este portal te eligió. Necesitamos tu ayuda. Una sombra oscura está robando la luz de nuestras estrellas, y solo alguien con un corazón puro y una mente valiente puede detenerla."
Juanita, a pesar de su miedo inicial, sintió una chispa de valentía encenderse en su interior. "¡Yo te ayudaré!", exclamó.
Celeste sonrió. "Genial. El camino será difícil. Primero, debemos cruzar el Bosque de las Ilusiones, donde nada es lo que parece. Luego, escalar la Montaña de los Susurros, donde los secretos del pasado intentarán desviarte de tu camino. Finalmente, enfrentaremos a la Sombra Oscura en el Valle de la Eternidad."
El viaje fue largo y lleno de desafíos. En el Bosque de las Ilusiones, Juanita aprendió a confiar en sus instintos y a distinguir la verdad de la mentira. En la Montaña de los Susurros, resistió la tentación de creer en las mentiras que intentaban convencerla de que no era lo suficientemente buena. Celeste la guio y la animó en cada paso del camino. Finalmente, llegaron al Valle de la Eternidad. Allí, en el centro del valle, una figura oscura y amenazante se cernía sobre una estrella fugaz que apenas brillaba.
"¡Te detendré!", gritó Juanita a la Sombra Oscura. Pero la Sombra Oscura solo se rió. "¿Tú? Una simple niña. No puedes hacerme daño."
La Sombra Oscura lanzó un rayo de oscuridad hacia Juanita, pero Celeste se interpuso en el camino, recibiendo el golpe. El dragón cayó al suelo, debilitado. Juanita sintió una furia crecer en su interior, pero no era una furia destructiva. Era una furia nacida del amor y la determinación. Cerró los ojos y recordó todo lo que había aprendido en su jardín: la paciencia de las flores, la fuerza de los árboles, la alegría del columpio. Y entonces, un pensamiento inesperado cruzó su mente: la Sombra Oscura no estaba robando la luz, ¡la estaba acumulando!
"¡No estás robando la luz, la estás guardando!", gritó Juanita. La Sombra Oscura se detuvo, sorprendida. "¿Qué estás diciendo?"
"Estás guardando la luz para protegerla de algo aún peor", continuó Juanita. "¿No es así?"
La Sombra Oscura vaciló. Lentamente, se desvaneció, revelando a una criatura de luz pura y brillante. "Tenías razón", dijo la criatura. "Estaba protegiendo la luz de la Gran Nada, que busca consumir todo lo que existe."
La criatura de luz liberó la luz que había acumulado, y las estrellas fugaces volvieron a brillar con fuerza. Celeste se recuperó, y Juanita sintió una gran alegría. "¿Qué pasará ahora?", preguntó Juanita.
"Ahora", respondió la criatura de luz, "necesitamos tu ayuda para construir un escudo que proteja este reino de la Gran Nada. Y tú, Juanita, eres la única que puede hacerlo."
Juanita sonrió. Tenía un nuevo desafío, una nueva aventura. Y sabía que, con la ayuda de Celeste y la criatura de luz, lo lograría. Pero antes de que pudieran comenzar, Juanita sintió un tirón familiar. Estaba regresando a casa.
Apareció de nuevo en su jardín, justo detrás del arbusto de lavanda. El portal había desaparecido. Todo parecía normal. Pero Juanita sabía que nada sería igual. Había salvado un reino mágico y hecho un amigo dragón. Corrió hacia el columpio y se balanceó con fuerza, sintiendo la canción de aventura en el chirrido de las cadenas. Entonces, notó algo. En el bolsillo de su delantal, brillaba una pequeña escama azul celeste. Sonrió. Sabía que Celeste nunca la olvidaría, y ella nunca olvidaría el Reino de las Estrellas Fugaces.
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