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Tito el topo era un topo muy curioso, pero las matemáticas... ¡ay, las matemáticas! Sobre todo, sumar números grandes, con dos dígitos. Le parecían montañas imposibles de escalar. Un día soleado, mientras Tito cavaba un túnel en busca de gusanos jugosos, escuchó unas voces. Asomó la cabeza y vio a dos ardillas, Lola y Leo, sentadas bajo un roble gigante, contando bellotas.
"Tengo 23 bellotas aquí y tú tienes 15," dijo Lola. "¿Cuántas tenemos en total?"
Leo frunció el ceño. "¡Uf, es mucha bellota para contar!"
Tito, escondido entre las raíces, sintió una chispa de curiosidad. Quizás... quizás podría aprender algo observando.
Lola, al ver la dificultad de Leo, sacó un puñado de ramitas y empezó a hacer pequeños montones. "Mira, Leo," explicó. "Primero, vamos a separar las bellotas en grupos de diez. Tú tienes una decena, que son diez bellotas, y yo tengo dos decenas, que son veinte. Luego, contamos las bellotas que sobran: tú tienes cinco y yo tengo tres."
Leo observó atentamente mientras Lola juntaba las dos decenas (20) y la decena de Leo (10). "¡Una, dos, tres decenas! ¡Treinta!", exclamó Lola. Luego, juntó las bellotas sueltas: cinco más tres. "¡Cinco, seis, siete, ocho! ¡Ocho bellotas sueltas!"
"Entonces... ¿treinta y ocho?" preguntó Leo, aún con dudas.
"¡Exacto! 23 bellotas más 15 bellotas son 38 bellotas," confirmó Lola con una sonrisa.
Tito, desde su escondite, estaba fascinado. ¡Era como un juego! Decenas y unidades, separadas y luego juntas. ¡Qué ingenioso!
Salió tímidamente de su túnel. "Disculpen," dijo Tito. "Estaba escuchando... y me pareció muy interesante eso de las decenas y unidades. Yo también quiero aprender a sumar números grandes."
Lola y Leo se sorprendieron al ver a Tito. "¡Hola, Tito! ¡Por supuesto que te enseñaremos! Sumar es divertido, ¿verdad, Leo?"
Leo asintió con entusiasmo. "¡Sí! Podemos usar las bellotas para practicar."
Empezaron con un problema sencillo. "Tito," dijo Lola, "si encuentras 12 gusanos gorditos y yo encuentro 24, ¿cuántos gusanos tendremos en total?"
Tito respiró hondo. Recordó la explicación de Lola. "A ver... Tú tienes dos decenas, que son veinte, y yo tengo una decena, que es diez. Y luego las unidades: tú tienes cuatro y yo tengo dos."
Lola y Leo lo miraban con atención.
Tito continuó: "Juntamos las decenas: veinte más diez son treinta. Y juntamos las unidades: cuatro más dos son seis. Entonces, treinta y seis... ¡Tenemos 36 gusanos!"
Lola y Leo aplaudieron. "¡Muy bien, Tito! ¡Lo has entendido!"
Practicaron durante toda la tarde. Sumaron hojas caídas, piedras brillantes y hasta hormigas curiosas. Tito se dio cuenta de que separar los números en decenas y unidades hacía que la suma fuera mucho más fácil. Ya no le parecían montañas imposibles, sino pequeños montículos que podía escalar con facilidad.
Al día siguiente, Tito se encontró con su amigo el caracol, Serafín. Serafín estaba preocupado. "Tengo que entregar 31 cartas a la mariquita y 25 cartas a la mariposa, pero no sé cuántas cartas tengo que llevar en total. ¡Es demasiada carga!"
Tito sonrió con confianza. "¡Yo te puedo ayudar, Serafín!" Le explicó el truco de las decenas y unidades. Serafín, aunque al principio un poco confundido, pronto entendió la idea.
"Treinta y uno es tres decenas y una unidad. Veinticinco es dos decenas y cinco unidades," dijo Serafín con entusiasmo. "Tres decenas más dos decenas son cinco decenas, que son cincuenta. Y una unidad más cinco unidades son seis unidades. ¡Cincuenta y seis! ¡Tengo que llevar 56 cartas! ¡Gracias, Tito! ¡Eres un genio sumador!"
Tito se sonrojó un poco. Ya no le tenía miedo a la suma de números grandes. Había descubierto que con un poco de ayuda y práctica, las matemáticas podían ser divertidas y útiles. Y lo mejor de todo, ¡había ayudado a su amigo Serafín!
Desde ese día, Tito el topo no solo era un experto cavador de túneles, sino también un experto sumador. Y siempre estaba dispuesto a compartir su conocimiento con quien lo necesitara. Porque, después de todo, aprender juntos es mucho más divertido.
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