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Gratis · elegí una vozEl sol brillaba con fuerza en el jardín. Alberto, Mirtha, Grecia, Aracelly y Enrique, junto a Sofía, se reunieron emocionados. Hoy era un día especial: ¡iban a sembrar árboles! Sofía, la más pequeña del grupo, saltaba de alegría, agitando una pequeña pala de plástico.
"¡Estoy lista para plantar un árbol gigante!" exclamó Sofía, con los ojos brillantes.
Alberto, el mayor, sonrió. "No tan rápido, Sofía. Primero, necesitamos encontrar el lugar perfecto." Alberto, con su gorra de béisbol al revés, era el líder no oficial del grupo. Siempre tenía un plan.
Mirtha, con sus trenzas largas y castañas, revisó el mapa del jardín que había dibujado la semana anterior. "Aquí, cerca del cerezo, hay espacio para dos árboles pequeños," dijo, señalando un punto con su dedo.
Grecia, siempre curiosa, preguntó: "¿Qué tipo de árboles vamos a plantar?"
Enrique, que amaba los animales, respondió: "Árboles que atraigan a las mariposas y a los pájaros. ¡Así tendremos más amigos en el jardín!"
Aracelly, la más cuidadosa, había preparado todo. Tenía las semillas, las palas, el agua y hasta un pequeño cartel para cada árbol. "¡Tengo todo lo que necesitamos! Semillas de lavanda y semillas de manzano," anunció, mostrando las pequeñas bolsitas.
Primero, cavaron pequeños hoyos en la tierra, siguiendo las instrucciones de Aracelly. Sofía, aunque pequeña, puso todo su empeño en ayudar. Con su pequeña pala, removía la tierra con entusiasmo, aunque a veces terminaba más tierra en su cara que en el hoyo.
"¡Mira, Sofía!" dijo Alberto, riendo suavemente. "Tienes tierra en la nariz."
Sofía se rio también y se limpió la cara con la manga. Luego, con mucho cuidado, colocaron las semillas en los hoyos y las cubrieron con tierra suave. Regaron las semillas con agua, asegurándose de que la tierra estuviera húmeda.
"Ahora, tenemos que esperar a que crezcan," explicó Mirtha.
Enrique clavó los pequeños carteles al lado de cada árbol. Uno decía "Lavanda para las mariposas" y el otro "Manzano para los pájaros".
Pasaron los días y los niños visitaban el jardín todos los días para ver si las semillas habían brotado. Sofía era la más impaciente. Cada mañana, corría al jardín antes que nadie, esperando ver un pequeño brote verde.
Una mañana, finalmente, ¡lo vieron! Dos pequeños brotes verdes asomaban tímidamente de la tierra. Sofía gritó de alegría y llamó a sus amigos.
"¡Han nacido! ¡Han nacido los árboles!" exclamó Sofía, señalando los pequeños brotes.
Todos los niños se reunieron alrededor de los pequeños árboles, maravillados. Los cuidaron con esmero, regándolos y quitando las malas hierbas. A medida que pasaba el tiempo, los árboles crecían más y más.
La lavanda floreció, atrayendo a mariposas de todos los colores. El manzano dio pequeñas manzanas rojas, que los pájaros picoteaban con alegría. El jardín se había transformado en un paraíso para los animales y para los niños.
Un día, mientras jugaban bajo la sombra de los árboles, Sofía dijo: "Este es el mejor jardín del mundo."
Alberto, Mirtha, Grecia, Aracelly y Enrique asintieron con la cabeza. Sabían que Sofía tenía razón. Habían creado algo especial juntos, algo que les daría alegría durante muchos años.
"Y todo empezó con unas pequeñas semillas," dijo Aracelly, sonriendo.
"Y con mucho amor y cuidado," añadió Enrique.
Mirtha abrazó a Sofía. "Y con la ayuda de todos nosotros."
Desde ese día, el jardín se convirtió en su lugar secreto, un lugar donde podían jugar, soñar y cuidar de la naturaleza. Aprendieron la importancia de trabajar juntos, de ser pacientes y de amar el mundo que les rodeaba. Y cada vez que veían una mariposa volar o un pájaro cantar en sus árboles, recordaban la aventura verde que habían compartido y la magia de sembrar un futuro mejor. Ahora cada año siembran nuevos arboles y plantas para cuidar el planeta tierra. Su jardin se volvio famoso en el barrio y todos los ninos querian unirse al grupo. Los ninos eran muy felices cuidando su jardin secreto. Aprendieron mucho sobre la naturaleza y se hicieron grandes amigos. Siempre recordarian la aventura verde del jardin secreto y la importancia de cuidar el planeta tierra. Era un lugar magico lleno de vida y color. El jardin secreto era el lugar favorito de todos los niños. Era un lugar donde podían ser ellos mismos y conectar con la naturaleza. Y siempre recordarian la importancia de trabajar juntos y de amar el mundo que les rodeaba.
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