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Gratis · elegí una vozCarlitos era un niño muy gracioso. Le encantaba reír, hacer bromas y, sobre todo, ¡jugar con sus carritos de juguete! Tenía una colección enorme: coches rojos brillantes, camiones azules robustos, ambulancias blancas con sirenas que hacían "¡Wiiiuuu!", e incluso un pequeño autobús escolar amarillo. Pero su favorito era un coche deportivo verde lima con ruedas rojas que llamaba "Rayo".
Un día soleado, Carlitos decidió organizar una gran carrera en el jardín. Invitó a todos sus amigos imaginarios: el Capitán Barbaverde, una pirata con un parche en el ojo y un lorito parlanchín; la Princesa Lila, vestida con un vestido brillante y una corona que siempre se caía; y el Profesor Chiflado, un científico con el pelo alborotado y gafas enormes que siempre estaba inventando cosas extrañas.
"¡Bienvenidos, amigos!", gritó Carlitos, con su voz más animada. "¡Hoy celebraremos la Gran Carrera Loca! ¡El ganador recibirá el Trofeo de la Risa!"
El Capitán Barbaverde rugió con entusiasmo, la Princesa Lila aplaudió con sus manos enguantadas, y el Profesor Chiflado ajustó sus gafas y exclamó: "¡Magnífico! ¡He preparado un combustible especial para mi bólido! ¡Es… jugo de zanahoria con purpurina!"
Carlitos trazó la pista con tiza. Era un circuito lleno de obstáculos: una montaña de almohadas, un río de calcetines, un túnel hecho con una caja de cartón, y una curva peligrosa rodeada de peluches.
"¡En sus marcas, listos, fuera!", gritó Carlitos, agitando una bandera a cuadros hecha con un pañuelo.
Rayo, el coche deportivo verde lima, salió disparado a toda velocidad. El Capitán Barbaverde, a bordo de un camión monstruo rojo, lo seguía de cerca, haciendo temblar la tierra (o al menos, el jardín). La Princesa Lila, en una limusina rosa brillante, intentaba mantener el equilibrio mientras su corona se deslizaba peligrosamente hacia un lado. Y el Profesor Chiflado, en un coche de carreras construido con latas y ruedas de patinete, dejaba un rastro brillante de jugo de zanahoria con purpurina.
La carrera fue un caos divertido. Rayo chocó contra la montaña de almohadas y voló por los aires. El camión monstruo del Capitán Barbaverde quedó atascado en el río de calcetines. La limusina de la Princesa Lila patinó en la curva peligrosa y se estrelló contra un oso de peluche gigante. Y el coche del Profesor Chiflado se quedó sin combustible justo antes de la meta.
Carlitos no podía parar de reír. La carrera era tan absurda y divertida que le dolía la barriga. De repente, Rayo, con una pequeña abolladura, volvió a arrancar y, con un último esfuerzo, ¡cruzó la meta!
"¡Rayo ha ganado!", anunció Carlitos, con una sonrisa enorme. "¡Rayo es el campeón de la Gran Carrera Loca!"
El Capitán Barbaverde, la Princesa Lila y el Profesor Chiflado aplaudieron con entusiasmo. Aunque no habían ganado, se habían divertido mucho.
Carlitos entregó el Trofeo de la Risa a Rayo. Era una copa de plástico dorada, llena de caramelos. Rayo, por supuesto, no podía comer caramelos, pero Carlitos compartió los caramelos con sus amigos imaginarios.
Después de la carrera, Carlitos y sus amigos jugaron durante horas. Construyeron castillos de arena, pintaron dibujos con los dedos y contaron chistes tontos. Cuando el sol comenzó a ponerse, el Capitán Barbaverde, la Princesa Lila y el Profesor Chiflado se despidieron de Carlitos.
"¡Gracias por la Gran Carrera Loca, Carlitos!", dijo el Capitán Barbaverde. "¡Ha sido la carrera más divertida que he tenido en mucho tiempo!"
"¡Sí, gracias, Carlitos!", añadió la Princesa Lila. "¡Me he reído muchísimo!"
"¡Y gracias por el combustible, Carlitos!", dijo el Profesor Chiflado. "¡Aunque no funcionó muy bien, era muy brillante!"
Carlitos sonrió. Sabía que sus amigos imaginarios se habían divertido tanto como él. Y mientras recogía sus carritos de juguete, pensó en la próxima Gran Carrera Loca. ¡Ya tenía un montón de ideas para hacerla aún más divertida y absurda!
Esa noche, Carlitos se durmió con una sonrisa en la cara, soñando con coches voladores, pistas llenas de helado y trofeos hechos de chocolate. Sabía que, mientras tuviera sus carritos de juguete y su imaginación, la diversión nunca terminaría.
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