Cuento corto para dormir

¡La Gran Aventura de los Perezosos a la Casita de los Sueños!

Un grupo de niños de la clase de los perezosos en la Escuela Pequeños Exploradores se embarcan en una aventura para llegar a la casita de los sueños. A través de varios desafíos en el bosque, como un árbol caído, un río y una muralla de piedra, aprenden a trabajar en equipo para lograr su meta y disfrutar de la paz que encuentran al final de su viaje.

A partir de: En la soleada Escuela Pequeños Exploradores la clase de los perezosos planeaba una gran aventura. Querían llegar a la casita de los sueños, una casita de madera en el bosque que estaba llena de un montón de juguetes e ilusión. Se pusieron las pesadas mochilas y empezaron a caminar hacia el bosque por el pequeño sendero para empezar su fantástica aventura. El sol brillaba con gran intensidad, por lo que todos se protegieron los ojos con las manos. El canto de los pájaros era muy bonito, y el grupo de compañeros no pudo evitar hacer un pequeño baile al son de la música. (PENSAR BAILE Y MÚSICA) De repente un árbol caído apareció en medio del sendero. Podemos utilizarlo como puente, pero hay que tener mucho cuidado debemos mantener el equilibrio para no caer rodando. Para evitar resbalar y mantener la concentración Lucía empezó a cantar una canción mientras extendía los brazos como si fuese un águila real, y sus compañeros la imitaron para poder superar de manera exitosa la prueba. Camina, camina, com l’àguila va, amb les ales obertes i sense caure, ja! Pas a pas, pas a pas, pel tronc del camí, si estem concentrats, arribem al destí! Menudo alivió nadie había caído, pero la aventura no acababa, porque delante de sus ojos aparece un gran río. Vaya, no hay ningún puente ¿ahora qué haremos?. Hay pequeñas rocas que atraviesan el río, podemos saltarlas para llegar a la otra parte. ¡Qué gran idea!, atémonos bien los cordones de las zapatillas y empecemos a saltar. Boing, boing, saltan más que las ranas, saltan taaan alto que podrían tocar el cielo, entre risas el grupo empieza a croar como si fueran una rana, hasta que… Plof, de repente empiezan a desaparecer uno a uno. Se han caído al vacío formando una gran fila, pero han sido sujetados por unas lianas entrelazadas. Poco a poco empezaron a intentar levantarse, pero las lianas eran tan finas que les costaba mantener el equilibrio. No sabían cómo escapar hasta que uno de ellos, el que se encontraba en uno de los extremos vió un aro brillante, una voz misteriosa les dijo, (PODEMOS PONERLA EN EL ALTAVOZ) “si queréis salir de este foso tendréis que pasaros el aro unos a otros sin romper la fila, para que la prueba se realice con éxito. El primero de la fila debe meter la cabeza por el aro, luego los brazos, después el tronco y las piernas. Cuando termine, le pasa el aro al siguiente niño de la fila. Todos deben hacer lo mismo, hasta que el último reciba el aro”. Los niños uno a uno empezaron a pasarse el aro siguiendo las normas de la misteriosa voz, cuando el último de todos recibió el aro, una escalera apareció y supuso el escape de los niños. No tardaron mucho tiempo en encontrar su siguiente desafío. Al final del camino vieron una colina rocosa. Se quedaron pasmados, ya que intentaron escalarla pero las piedras eran muy grandes y resbaladizas, pero enseguida encontraron una solución. Empezó escalando uno, que antes de esto se quitó la mochila para que fuese más fácil, el otro compañero le empujaba desde abajo para ayudarle a escalar. Después subieron una a una las mochilas y al último compañero lo subieron tirando de sus manos. Al llegar a la última roca se dieron cuenta que era una cueva y que para poder seguir el camino hacia la casa tendrían que atravesarla. Intentaron acceder a esta, pero no pudieron, de repente sonó una voz que procedía de dentro de esta que les decía que para poder entrar cada uno tendría que crear su propia melodía y utilizar su propio cuerpo para hacerla, y así fue. El primero entró haciendo una melodía chascando dedos, el siguiente empezó a dar palmas, otros alternaron palmadas con silbidos, otros cantaron una melodía mientras daban pasos muy fuertes marcando el ritmo con estos, y así finalmente pudieron superar las prueba que les puso la montaña rocosa. Mientras los niños seguían su marcha se encontraron con una gran muralla de piedra que bloqueaba el camino. No había manera de escalarla, su aventura había finalizado. Oh esperad chicos, en medio de la muralla había un pequeño agujero. Intentaron mirar dentro de este pero estaba demasiado oscuro, por suerte, los niños que venían muy bien preparados, sacaron sus linternas y apuntaron hacia dentro del agujero. Vaya ahora si que se puede ver bien, y por lo que parece hay un gran botón. Los niños metieron el brazo dentro de este agujero pero no alcanzaron a apretar el botón, no sabían qué hacer, hasta que a sus pies vieron piedras que cabían a la perfección en el agujero. Eso es, lanzaremos las piedras y con estas presionaremos los botones. Uno a uno intentaron acertar, hasta que lo consiguieron y de repente se oyó un gran ruido, pum. De la nada apareció una puerta que lentamente se abría y por la que se colaban los rayos del sol. A lo lejos se veía una gran estructura, ¿qué era eso? ¿Una nueva prueba del bosque? No, no podía ser, era la casa de los sueños, habían llegado a su destino, ahora no pararían de jugar. El ruido de una cascada cercana era tan relajante que los niños no pudieron evitar acostarse en el césped tan cómodo. Cerraron todos los ojos y respiraron profundamente, relajando sus cuerpos y sus mentes. El piar de los pajaros no inmutó a los niños, y tampoco lo hicieron las plumas de los pájaros cantores rozaron sus caras. A pesar de estar eufóricos por jugar, los niños prefirieron compartir este momento de inmensa paz, en el que recordaban todos los obstáculos que tuvieron que enfrentar unidos para conseguir su objetivo, y es que juntos siempre llegamos más lejos.

Empezar a leer ↓Publicado el 14/04/2026

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En la soleada Escuela Pequeños Exploradores la clase de los perezosos planeaba una gran aventura. Querían llegar a la casita de los sueños, una casita de madera en el bosque que estaba llena de un montón de juguetes e ilusión.

Se pusieron las pesadas mochilas y empezaron a caminar hacia el bosque por el pequeño sendero para empezar su fantástica aventura.

El sol brillaba con gran intensidad, por lo que todos se protegieron los ojos con las manos.

El canto de los pájaros era muy bonito, y el grupo de compañeros no pudo evitar hacer un pequeño baile al son de la música. Movían los pies al ritmo del "pío pío", agitaban los brazos como alas al escuchar el "cu cú" del cuco, y daban saltitos al oír el "trino" del canario.

De repente un árbol caído apareció en medio del sendero. "Podemos utilizarlo como puente, pero hay que tener mucho cuidado debemos mantener el equilibrio para no caer rodando," dijo Tomás. Para evitar resbalar y mantener la concentración Lucía empezó a cantar una canción mientras extendía los brazos como si fuese un águila real, y sus compañeros la imitaron para poder superar de manera exitosa la prueba.

Camina, camina, com l’àguila va,

amb les ales obertes i sense caure, ja!

Pas a pas, pas a pas, pel tronc del camí,

si estem concentrats, arribem al destí!

Menudo alivio nadie había caído, pero la aventura no acababa, porque delante de sus ojos aparece un gran río. "Vaya, no hay ningún puente ¿ahora qué haremos?", preguntó Sofía. "Hay pequeñas rocas que atraviesan el río, podemos saltarlas para llegar a la otra parte. ¡Qué gran idea!", exclamó Mateo, "atémonos bien los cordones de las zapatillas y empecemos a saltar". Boing, boing, saltan más que las ranas, saltan taaan alto que podrían tocar el cielo, entre risas el grupo empieza a croar como si fueran una rana, hasta que…

Plof, de repente empiezan a desaparecer uno a uno. Se han caído al vacío formando una gran fila, pero han sido sujetados por unas lianas entrelazadas. Poco a poco empezaron a intentar levantarse, pero las lianas eran tan finas que les costaba mantener el equilibrio. No sabían cómo escapar hasta que uno de ellos, el que se encontraba en uno de los extremos vió un aro brillante, una voz misteriosa les dijo (PODEMOS PONERLA EN EL ALTAVOZ) “si queréis salir de este foso tendréis que pasaros el aro unos a otros sin romper la fila, para que la prueba se realice con éxito. El primero de la fila debe meter la cabeza por el aro, luego los brazos, después el tronco y las piernas. Cuando termine, le pasa el aro al siguiente niño de la fila. Todos deben hacer lo mismo, hasta que el último reciba el aro”. Los niños uno a uno empezaron a pasarse el aro siguiendo las normas de la misteriosa voz, cuando el último de todos recibió el aro, una escalera apareció y supuso el escape de los niños.

No tardaron mucho tiempo en encontrar su siguiente desafío. Al final del camino vieron una colina rocosa. Se quedaron pasmados, ya que intentaron escalarla pero las piedras eran muy grandes y resbaladizas, pero enseguida encontraron una solución. Empezó escalando uno, que antes de esto se quitó la mochila para que fuese más fácil, el otro compañero le empujaba desde abajo para ayudarle a escalar. Después subieron una a una las mochilas y al último compañero lo subieron tirando de sus manos. Al llegar a la última roca se dieron cuenta que era una cueva y que para poder seguir el camino hacia la casa tendrían que atravesarla. Intentaron acceder a esta, pero no pudieron, de repente sonó una voz que procedía de dentro de esta que les decía que para poder entrar cada uno tendría que crear su propia melodía y utilizar su propio cuerpo para hacerla, y así fue. El primero entró haciendo una melodía chascando dedos, el siguiente empezó a dar palmas, otros alternaron palmadas con silbidos, otros cantaron una melodía mientras daban pasos muy fuertes marcando el ritmo con estos, y así finalmente pudieron superar las prueba que les puso la montaña rocosa.

Mientras los niños seguían su marcha se encontraron con una gran muralla de piedra que bloqueaba el camino. No había manera de escalarla, su aventura había finalizado. "Oh esperad chicos," dijo Pablo, "en medio de la muralla había un pequeño agujero". Intentaron mirar dentro de este pero estaba demasiado oscuro, por suerte, los niños que venían muy bien preparados, sacaron sus linternas y apuntaron hacia dentro del agujero. "Vaya ahora si que se puede ver bien, y por lo que parece hay un gran botón". Los niños metieron el brazo dentro de este agujero pero no alcanzaron a apretar el botón, no sabían qué hacer, hasta que a sus pies vieron piedras que cabían a la perfección en el agujero. "Eso es, lanzaremos las piedras y con estas presionaremos los botones". Uno a uno intentaron acertar, hasta que lo consiguieron y de repente se oyó un gran ruido, pum. De la nada apareció una puerta que lentamente se abría y por la que se colaban los rayos del sol.

A lo lejos se veía una gran estructura, ¿qué era eso? ¿Una nueva prueba del bosque? No, no podía ser, era la casa de los sueños, habían llegado a su destino, ahora no pararían de jugar. El ruido de una cascada cercana era tan relajante que los niños no pudieron evitar acostarse en el césped tan cómodo. Cerraron todos los ojos y respiraron profundamente, relajando sus cuerpos y sus mentes. El piar de los pajaros no inmutó a los niños, y tampoco lo hicieron las plumas de los pájaros cantores rozaron sus caras. A pesar de estar eufóricos por jugar, los niños prefirieron compartir este momento de inmensa paz, en el que recordaban todos los obstáculos que tuvieron que enfrentar unidos para conseguir su objetivo, y es que juntos siempre llegamos más lejos.

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Publicado el 14/04/2026

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