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Gratis · elegí una vozEn el soleado jardín de Doña Hortensia, vivían muchos caracoles. Estaban Tito, el caracol más rápido (aunque ser rápido para un caracol era relativo), Lila, la más creativa, y Beto, el más fuerte y persistente. Cada año, Doña Hortensia organizaba la Gran Carrera de Caracoles. El premio era una jugosa hoja de lechuga recién cosechada, ¡la favorita de todos!
Este año, el recorrido era especialmente difícil. No solo debían llegar a la meta, un gran girasol al otro lado del jardín, sino que también debían superar un montón de piedritas resbaladizas, una pendiente empinada y un charco de agua bastante profundo.
Tito, con su entusiasmo habitual, salió disparado al principio. “¡Yo ganaré!”, gritó, dejando un rastro brillante a su paso. Pero al llegar a las piedritas, resbaló y cayó de espaldas. Intentó levantarse, pero las piedritas eran demasiado lisas.
Lila, que había observado la situación, tuvo una idea. “¡Necesitamos algo que nos dé tracción!”, exclamó. Rápidamente, buscó hojas secas y las pegó al camino con su propia baba, creando una especie de alfombra improvisada. Así, Tito pudo levantarse y continuar, aunque un poco más lento.
Luego, llegaron a la pendiente empinada. Era demasiado alta para que un solo caracol la subiera. Beto, mostrando su fuerza, intentó empujar a Tito, pero era inútil. La pendiente era resbaladiza y Tito se deslizaba hacia abajo cada vez que Beto intentaba empujarlo.
“¡Tenemos que unir fuerzas!”, dijo Lila, observando la situación. “Beto, tú empuja la base de la concha de Tito. Yo, con mi baba, crearé un pegamento temporal entre tu concha y la de Tito. Así, tendrás más agarre”.
Juntos, Beto y Lila trabajaron en equipo. Beto empujaba con fuerza y Lila aplicaba su baba pegajosa. Poco a poco, con mucho esfuerzo, lograron que Tito subiera la pendiente. Tito estaba muy agradecido. “¡Gracias, amigos! ¡No lo habría logrado sin ustedes!”.
Finalmente, llegaron al charco. Era ancho y profundo para un caracol. Tito, Lila y Beto se miraron con preocupación. ¿Cómo lo cruzarían?
Lila, siempre ingeniosa, tuvo otra idea. “¡Podemos construir una balsa!”, propuso. Buscaron palitos pequeños y hojas grandes que flotaran bien. Beto, con su fuerza, ayudó a juntarlos. Tito, con su “velocidad”, iba y venía trayendo los materiales más rápido que los otros dos.
Con mucho cuidado, construyeron una pequeña balsa. Beto la empujó al agua y Tito y Lila subieron a bordo. Beto nadó (a su manera de caracol) empujando la balsa hacia el otro lado del charco.
Fue un viaje lento y tembloroso, pero finalmente llegaron a la orilla. ¡Estaban a punto de llegar a la meta!
Juntos, los tres caracoles se acercaron al gran girasol. ¡Habían superado todos los obstáculos! Cruzaron la línea de meta al mismo tiempo. Doña Hortensia, sonriendo, los felicitó a los tres.
“¡Qué gran trabajo en equipo!”, exclamó Doña Hortensia. “Han demostrado que juntos, pueden lograr cualquier cosa. Por lo tanto, los tres compartirán la deliciosa hoja de lechuga”.
Tito, Lila y Beto se sintieron muy orgullosos. No solo habían ganado la carrera, sino que también habían aprendido una valiosa lección: el trabajo en equipo es la clave para superar cualquier desafío. Compartieron la hoja de lechuga, disfrutando de su sabor dulce y sabiendo que, juntos, eran invencibles.
Desde ese día, los tres caracoles siempre trabajaron juntos en el jardín de Doña Hortensia, ayudando con las tareas y superando cualquier obstáculo que se les presentara. ¡Y siempre recordaron la Gran Carrera de Caracoles Cooperativos, la carrera que les enseñó el poder del trabajo en equipo!
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