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Gratis · elegí una vozDon Bigotes era un gato siamés con un bigote tan largo que lo usaba como cuerda para saltar. Vivía en un pueblo donde, por alguna razón misteriosa, los animales podían hablar. Un día, Don Bigotes tuvo una idea fantástica: ¡organizar una fiesta! Pero no una fiesta cualquiera, ¡una fiesta para los animales y los veinte vecinos humanos del pueblo!
"¡Esto será grandioso!", exclamó Don Bigotes a su amigo, el perro salchicha llamado Salchichón. Salchichón, siempre escéptico, arqueó una ceja. "¿Los humanos? ¿En una fiesta animal? ¡Eso nunca funcionará! Son demasiado... humanos".
Pero Don Bigotes era persistente. Con la ayuda de Salchichón, empezaron a enviar invitaciones escritas con tinta de mora (que le encantaba a Salchichón) y decoradas con plumas de pavo real (cortesía de la pavita presumida, Doña Pavo Real). Las invitaciones decían:
*¡Gran Fiesta Animal!*
*Con la presencia especial de nuestros queridos vecinos humanos.*
*Música, baile, juegos y mucha diversión.*
*Lugar: El Gran Árbol Hueco*
*Hora: Al atardecer*
Los veinte vecinos, al principio, estaban un poco confundidos. ¿Una fiesta animal? ¿Organizada por un gato? Pero la curiosidad los venció, y uno a uno, confirmaron su asistencia.
El día de la fiesta, Don Bigotes y Salchichón estaban nerviosísimos. Doña Pavo Real, siempre lista para la acción, se encargó de la decoración. Había guirnaldas de flores silvestres, farolillos hechos con hojas de plátano y una pista de baile improvisada con tierra apisonada.
Cuando el sol empezó a ponerse, los animales empezaron a llegar. Primero, las ardillas correteando con nueces en las manos. Luego, los conejos saltando tímidamente. Después, los pájaros cantando melodías alegres. Incluso la vaca, Doña Vaca, se animó a venir, aunque tuvo que ser guiada por Salchichón para no pisar a nadie.
Y entonces, llegaron los humanos. Estaban un poco tímidos al principio, observando a los animales con asombro. Pero Don Bigotes, con su bigote en alto, los recibió con una gran reverencia. "¡Bienvenidos, queridos vecinos!", exclamó. "¡Pasen, pasen y diviértanse!".
La fiesta comenzó con un baile. Don Bigotes, con su agilidad felina, demostró ser un excelente bailarín. Doña Pavo Real, por supuesto, también se lució con sus elegantes movimientos. Los humanos, al principio, estaban un poco torpes, pero pronto se animaron y empezaron a bailar con los animales. ¡Incluso Doña Vaca se unió al baile, aunque sus pasos eran un poco… pesados!
Después del baile, hubo juegos. Las ardillas organizaron una carrera de nueces, los conejos un concurso de saltos y los pájaros un concurso de canto. Los humanos también participaron, aunque no siempre con mucho éxito. Uno de ellos, Don José, intentó imitar el canto de un gallo, pero solo logró hacer reír a todos.
La comida era deliciosa. Había pastel de zanahoria para los conejos, semillas de girasol para los pájaros, manzanas para los caballos y, por supuesto, mucha tinta de mora para Salchichón. Para los humanos, había sándwiches de queso, fruta fresca y limonada.
Pero el momento más divertido de la fiesta fue cuando Don Bigotes organizó un concurso de chistes. Los animales contaron chistes sobre sus propias especies, y los humanos contaron chistes sobre... bueno, sobre humanos. El chiste ganador fue el de una ardilla que decía: "¿Qué le dice una ardilla a otra ardilla? ¡No seamos nuez!".
La fiesta fue un éxito rotundo. Los animales y los humanos se divirtieron mucho juntos, y se dieron cuenta de que, a pesar de sus diferencias, tenían mucho en común. Al final de la noche, todos se despidieron con abrazos y promesas de organizar otra fiesta pronto.
Salchichón, mirando a Don Bigotes, movió la cola. "Tenías razón, Bigotes", dijo. "Los humanos no son tan malos después de todo".
Don Bigotes sonrió, moviendo su largo bigote. "¡Siempre lo supe, Salchichón! ¡Solo necesitaban un poco de diversión animal!"
Desde entonces, la Gran Fiesta Animal de Don Bigotes se convirtió en una tradición anual en el pueblo. Y todos, animales y humanos, esperaban con ansias el día en que podían reunirse de nuevo para bailar, jugar, comer y, sobre todo, ¡reírse juntos!
Don Bigotes aprendió que la amistad no tiene barreras, ni siquiera entre especies diferentes. Y los veinte vecinos aprendieron que la diversión puede encontrarse en los lugares más inesperados, ¡incluso en una fiesta organizada por un gato con un bigote muy largo!
La fiesta termino, y todos se fueron a sus casas muy contentos. Hasta la próxima fiesta!
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