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Gratis · elegí una vozSeis amigos inseparables, Sofía, Mateo, Isabella, Diego, Valentina y Lucas, vivían en una pequeña ciudad llamada Villa Esperanza. Tenían seis años y una imaginación desbordante. Una noche de luna llena, decidieron jugar al escondite en el parque central después de la cena. La abuela de Sofía, quien siempre les contaba historias de fantasmas, les había advertido sobre los susurros nocturnos de la ciudad, pero ellos, valientes como leones, no le hicieron mucho caso.
El juego comenzó. Diego contó hasta cien, tapándose los ojos contra el tronco de un viejo árbol. Sofía corrió a esconderse detrás de la estatua del fundador de la ciudad, Mateo se agazapó entre los arbustos de rosas, Isabella se ocultó debajo de un banco, Valentina se trepó a un pequeño árbol, y Lucas… Lucas desapareció de repente.
Cuando Diego terminó de contar, los llamó a gritos. Uno a uno, fueron saliendo de sus escondites, pero Lucas no aparecía. Empezaron a buscarlo, llamándolo por su nombre, pero solo el silencio les respondía. El parque, que antes les parecía un lugar seguro y divertido, de pronto se veía oscuro y amenazante.
“¡Lucas! ¡Lucas, dónde estás!” gritó Sofía, con la voz temblorosa.
De repente, escucharon un susurro. Era un sonido suave y misterioso, como si la ciudad misma estuviera hablando. “Aquí… estoy aquí…” decía el susurro.
Los amigos se miraron con miedo. El susurro parecía venir de todas partes y de ninguna a la vez. Mateo, el más valiente del grupo, propuso seguir el sonido. Se tomaron de las manos y, con pasos cautelosos, se adentraron en la parte más oscura del parque.
El susurro los guio hasta una vieja fuente de piedra, cubierta de musgo y enredaderas. Allí, en el fondo de la fuente, vieron a Lucas. Estaba sentado, con la mirada perdida, como si estuviera en trance.
“Lucas, ¿qué haces ahí?” preguntó Isabella, preocupada.
Lucas no respondió. Solo seguía mirando el agua, con una sonrisa extraña en el rostro. El susurro se hizo más fuerte, y los amigos sintieron un escalofrío recorrer sus espaldas.
Valentina, recordando las historias de su abuela, gritó: “¡La ciudad lo está llamando! ¡Tenemos que sacarlo de ahí!”
Trataron de sacar a Lucas de la fuente, pero él se resistía. Parecía tener una fuerza sobrenatural. Diego, con una idea brillante, recordó que a Lucas le encantaban las galletas de chocolate de su mamá.
“Lucas, mira, tengo galletas de chocolate!” exclamó Diego, mostrando una galleta que había guardado en su bolsillo.
Al escuchar la palabra "galletas", los ojos de Lucas se iluminaron. Dejó de resistirse y se dejó sacar de la fuente. Una vez fuera, abrazó a Diego y le arrebató la galleta. El susurro desapareció tan repentinamente como había aparecido.
Asustados y aliviados, los amigos decidieron regresar a casa. Caminaron juntos, tomados de las manos, sintiendo el frío de la noche y el miedo aún latente en sus corazones. Al llegar a la casa de Sofía, la abuela los esperaba en la puerta, con una sonrisa sabia.
“Ya veo que han escuchado los susurros de la ciudad,” dijo la abuela. “Es importante recordar que la ciudad tiene secretos, y que algunos de ellos es mejor dejarlos dormir.”
La abuela los invitó a pasar y les preparó chocolate caliente y galletas. Mientras bebían y comían, les contó historias de la ciudad, historias de fantasmas y leyendas que habían pasado de generación en generación. Los amigos escucharon atentamente, ahora con un respeto renovado por los misterios de Villa Esperanza.
Esa noche, durmieron todos juntos en la sala de Sofía. El miedo aún estaba presente, pero también la seguridad de estar juntos. Sabían que habían vivido una aventura aterradora, pero que también habían aprendido una valiosa lección: que la amistad es más fuerte que cualquier susurro, y que juntos podían enfrentar cualquier peligro.
Al día siguiente, la ciudad parecía otra vez un lugar normal y apacible. Pero los amigos nunca olvidaron la noche en que la ciudad susurró, la noche en que descubrieron que incluso los lugares más familiares pueden esconder secretos oscuros y misteriosos. Y, sobre todo, nunca olvidaron el poder de la amistad para superar el miedo y la adversidad.
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