Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un vecindario lleno de casas coloridas y árboles altos, dos amigos inseparables llamados Sofía y Tomás. A Sofía le encantaba reír y saltar, y a Tomás le gustaba contar historias y dibujar. ¡Eran el equipo perfecto para cualquier aventura!
Un día soleado, Sofía y Tomás decidieron jugar en el jardín de Sofía. Tenían una pelota nueva, una pelota grande, roja y con lunares blancos. ¡Era la pelota más bonita que habían visto jamás! La pelota rebotaba alto, muy alto, haciendo reír a Sofía a carcajadas. Tomás la lanzaba con fuerza, imaginando que la pelota era un cohete espacial que viajaba a la luna.
"¡Voy a lanzarla hasta la nube más alta!" gritó Tomás, con los ojos brillantes de emoción. Lanzó la pelota con todas sus fuerzas, pero… ¡oh, no! La pelota salió disparada por encima de la cerca del jardín y rodó, rodó, rodó hasta llegar a la calle.
Sofía y Tomás corrieron hasta la cerca. Vieron la pelota, justo en medio de la calle. "¡Cuidado!" gritó Sofía, pero era demasiado tarde. Un carro, grande y ruidoso, pasó justo por encima de la pelota. Se escuchó un "¡PUM!" y la pelota, la preciosa pelota roja con lunares blancos, quedó destrozada en el suelo.
Los ojos de Sofía se llenaron de lágrimas. "¡Mi pelota!" sollozó. "¡Se ha roto!" Tomás la abrazó, sintiéndose muy triste también. Sabía cuánto le gustaba esa pelota a Sofía. Era su favorita. Se sentaron en el bordillo de la acera, con la cabeza gacha, mirando los restos de la pelota.
De repente, escucharon una voz suave. "¿Qué pasa, mis pequeños?" Era la mamá de Sofía, que había salido al jardín a ver por qué estaban tan callados. Sofía, con la voz temblorosa, le contó lo que había pasado. Le explicó cómo la pelota había salido rodando a la calle y cómo el carro la había roto.
La mamá de Sofía la abrazó con fuerza. "Oh, cariño, lo siento mucho," dijo. "Pero no te preocupes, tengo una idea. ¿Qué tal si vamos a la tienda y buscamos una nueva pelota?"
Los ojos de Sofía se iluminaron. "¿De verdad?" preguntó, con una sonrisa que comenzaba a asomarse entre sus lágrimas.
"¡Claro que sí!" respondió la mamá de Sofía. "Vamos, Tomás, tú también puedes venir." Y así, los tres se fueron caminando hasta la tienda de juguetes del vecindario.
La tienda de juguetes era un lugar mágico. Había estantes llenos de muñecas, coches, juegos de mesa y, por supuesto, ¡pelotas! Pelotas de todos los tamaños, colores y formas imaginables. Sofía y Tomás corrieron hacia la sección de pelotas, con los ojos bien abiertos.
"¡Mira esta!" exclamó Tomás, señalando una pelota azul con estrellas brillantes. "¡Es como el cielo nocturno!"
"¡Y mira esta!" dijo Sofía, mostrando una pelota amarilla con caras sonrientes. "¡Es tan alegre!"
Pero entonces, Sofía vio algo que le llamó la atención. Era una pelota exactamente igual a la que se había roto: grande, roja y con lunares blancos. ¡Era perfecta! La tomó en sus manos y la abrazó con fuerza.
"¡Es ella!" gritó Sofía, con una gran sonrisa. "¡Es igual a la que teníamos!"
La mamá de Sofía le compró la pelota, y Sofía no podía dejar de sonreír. Cuando regresaron al jardín, Sofía y Tomás empezaron a jugar de nuevo. Esta vez, fueron más cuidadosos y se aseguraron de que la pelota no saliera del jardín. Se turnaron para lanzarla, rebotarla y patearla. Reían y gritaban de alegría, olvidándose por completo del incidente anterior.
De repente, Sofía tuvo una idea. "¡Vamos a ponerle un nombre a la pelota!" exclamó.
"¡Sí! ¡Buena idea!" respondió Tomás. "¿Cómo la llamamos?"
Pensaron y pensaron, hasta que finalmente se decidieron. "¡La llamaremos Saltarína!" dijo Sofía.
"¡Sí! ¡Me gusta!" dijo Tomás. "¡Saltarína la Pelota!"
Y así, Sofía y Tomás siguieron jugando con Saltarína la Pelota, divirtiéndose como nunca antes. Aprendieron que a veces las cosas se rompen y se pierden, pero que siempre hay nuevas oportunidades para ser felices. Y sobre todo, aprendieron que la amistad es el tesoro más valioso de todos.
Esa noche, antes de dormir, Sofía abrazó a Saltarína la Pelota con fuerza. Le susurró al oído: "Gracias por ser mi amiga, Saltarína. Prometo cuidarte siempre." Y luego, cerró los ojos y soñó con todas las aventuras que vivirían juntos, Sofía, Tomás y Saltarína la Pelota.
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