Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozEn un sueño, volví a ser aquel niño de pantalones cortos y rodillas raspadas. Recordé a Pinta, mi burrita café. Era un café suave, como el de la leche con chocolate, y tenía una línea negra muy curiosa que le cruzaba las patas delanteras, ¡como si llevara brazaletes! Pinta era traviesa, muy lista, y experta en fugas. Era más escurridiza que una anguila en un cubo de jabón.
Vivíamos cerca de un río, y a Pinta le encantaba ir a explorarlo, aunque se suponía que debía quedarse pastando en el prado. Un día, ¡zas!, desapareció. La busqué por todas partes: detrás del granero, debajo del árbol de manzanas, incluso dentro de la casita del perro (que, por supuesto, estaba vacía, porque ningún perro sensato se metería con Pinta). Finalmente, la encontré cerca del río, disfrutando de un festín de hojas de una planta que le encantaba, una que mi papá decía que se llamaba "hierba dulce".
"¡Pinta!", exclamé, intentando no asustarla. Sabía que si corría hacia ella, saldría disparada como un cohete. Así que, con mucho cuidado, me acerqué, ofreciéndole un puñado de hierba dulce. Pinta, con sus grandes ojos marrones, me miró con curiosidad. Parecía decir: "¿En serio vas a compartir tu hierba dulce conmigo?".
Mientras comía, lentamente, muy lentamente, me acerqué a la cuerda que colgaba de su cuello. Estaba a punto de agarrarla, ¡casi la tenía en mis manos!, cuando de repente… ¡PIIIIIIIIII! Un silbido ensordecedor resonó en el aire. Era el tren, que pasaba muy cerca de nuestra casa.
Pinta y yo nos asustamos tanto que dimos un brinco. Ella salió corriendo en una dirección, y yo en la otra. El silbido del tren, el ruido de las ruedas sobre los rieles, todo era muy confuso. Cuando finalmente me recuperé del susto, mi corazón latía como un tambor.
"¡Pinta!", grité de nuevo, con la voz temblorosa. La busqué desesperadamente. La imaginé perdida, asustada, tal vez incluso atrapada en algún lugar. El sol comenzaba a esconderse detrás de las montañas, y la sombra de la noche se hacía cada vez más larga. El miedo me atenazaba el estómago.
La busqué cerca del río, entre los arbustos, detrás de las rocas… ¡Nada! Estaba a punto de darme por vencido, cuando divisé algo café entre la fila de cedros que bordeaba el prado. Me acerqué con cautela, temiendo lo peor. Y entonces… ¡ahí estaba!
La cuerda que colgaba de su cuello se había enredado entre las raíces de un cedro. Pinta estaba atrapada, pero parecía más sorprendida que asustada. Me miró con sus grandes ojos marrones, y creo, ¡creo que la vi sonreír! Era una sonrisa de burrita traviesa, una sonrisa que decía: "¡Vaya, menudo lío en el que me he metido!".
Con cuidado, desenredé la cuerda de las raíces. Pinta se quedó quieta, dejándome hacer. Cuando finalmente estuvo libre, me dio un suave empujón con su cabeza, como dándome las gracias. Me reí a carcajadas, y creo que ella también se rió conmigo. Era una risa compartida, una risa de alivio y de complicidad.
Esa noche, dormí con Pinta en el granero. La abracé fuerte, sintiendo su calor y su suave pelaje. Sabía que nuestra aventura había terminado bien, pero también sabía que Pinta era una burrita muy especial.
Unas semanas después, mi papá me dijo que Pinta tenía que irse. La iban a llevar a un pueblo cercano, donde la necesitaban para ayudar a transportar mercancías. Me puse muy triste, pero también entendí que Pinta podía hacer mucho bien en otro lugar.
Me despedí de ella con un abrazo y un beso en su suave hocico. Le prometí que nunca olvidaría nuestras aventuras, y ella me miró con sus grandes ojos marrones, como diciéndome que ella tampoco me olvidaría.
Después de esa situación, se la llevaron a un pueblo cercano donde creció y se convirtió en una diligente trabajadora. Tiraba de carros llenos de frutas y verduras, ayudaba a los campesinos a transportar sus cosechas, y siempre, siempre, llevaba una sonrisa en su cara. Y yo, cada vez que escuchaba el silbido de un tren, recordaba a Pinta, mi burrita café, y sonreía, sabiendo que ella también estaba sonriendo, en algún lugar lejano.
¿Te gustó el cuento?
Compártelo con otra familia o con tu clase, o descárgalo para imprimir.
El cuento de la semana
Un cuento gratis cada semana. Sin spam, te das de baja con un clic.
Herramientas del Cuento
Tu hijo es el héroe
Reescribir con el nombre de tu hijo como protagonista
Descargar como PDF
Cuento completo con ilustraciones listo para imprimir
Gratis
Diploma de lectura
Un diploma para imprimir con el nombre de tu peque. También para toda la clase.
Gratis
Regalar este cuento
Envíaselo a la abuela, a un tío o a quien quieras, con una dedicatoria.
Gratis
Insertar en tu blog o aula virtual
Copia un código y muestra este cuento en tu blog, Moodle o Google Sites.
Gratis
Agregar preguntas de comprensión
Literal, inferencial, crítico, creativo y vocabulario
Crear quiz de comprensión lectora
Preguntas de opción múltiple sobre este cuento
Crear página para colorear e imprimir
Dibujo en blanco y negro listo para el aula
Traducir cuento
Traducir a otro idioma preservando el estilo
Editar cuento
Modificar la historia con instrucciones específicas
Reescribir para niños más pequeños
Vocabulario más simple, oraciones más cortas
Reescribir para niños más grandes
Vocabulario más rico, mayor complejidad
Regenerar ilustraciones
Mantener el texto, generar nuevas imágenes
Crear mi Cuentito
¿Te inspiraste? ¡Crea tu propio Cuentito!
Usa IA para escribir un cuento personalizado en segundos.
Crear mi CuentitoCuentitos que también podrían gustarte

El jardín de las emociones
En el pequeño pueblo de Martín, Sofía y Lucas, descubren un jardín mágico lleno de plantas que representan diferentes emociones. Aprenden a cuidar sus propias emociones y ayudar a los demás a hacerlo también.

Héroes de la Naturaleza
Tres hermanos aprenden la importancia de cuidar el medio ambiente al salvar a un pájaro y un zorro, convirtiéndose en héroes locales.

Los programadores curiosos
Tres amigos curiosos descubren el fascinante mundo del software de computadoras, aprendiendo y creando juntos sus propios programas.

Naiara y la potranca salvaje
Naiara descubre clases de equitación y se convierte en una experta jinete, rescatando a una potranca perdida en el proceso.

El rescate del Titanic Robot
En un país lejano, el sargento Martín y sus valientes soldados son ayudados por Titanic Robot para salvar vidas y proteger su nación.

El cardenal valiente en La Arboleda
En el bosque de La Arboleda, Copete Rojo, un cardenal valiente, recibe ayuda del sabio búho para escapar de peligro.

El hogar sagrado de Tenoshtitlan
En "El sueño sagrado de Tenosh", un valiente sacerdote azteca tiene un sueño que cambiará el destino de su pueblo. Guiado por los dioses, Tenosh lidera la construcción de una ciudad sagrada en medio del lago Texcoco. Pero cuando descubren una serpiente gigante en las aguas cercanas, los aztecas comprenden que es un recordatorio divino de su origen. Con respeto y devoción, los aztecas prosperan en la ciudad de Tenoshtitlan, demostrando el poder de seguir los mensajes divinos y encontrar el hogar sagrado. Una historia inspiradora sobre la conexión entre el hombre y lo divino.

El perrito perdido de Sofía
Sofía, una niña curiosa, encuentra a un perrito perdido en el parque y lo cuida hasta encontrarle un hogar amoroso.

El avión de chocolate de Dieguito
Dieguito, un niño con gran imaginación y amor por el chocolate, ayuda a un hombre necesitado vendiendo chocolates caseros y luego construye su propio avión de chocolate para cumplir su sueño de cabalgar las nubes.
Explora libros y crea historias
Puedes crear historias en libros existentes, crear tus propios libros con personajes o escribir historias independientes.



