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Gratis · elegí una vozPepito era un niño muy curioso, le encantaba jugar en el parque, construir castillos de arena y explorar el jardín de su abuela. ¡Le gustaba tocarlo todo! Un día, después de una intensa sesión de excavación buscando tesoros en el jardín, su abuela, Doña Elena, lo llamó a comer. Pepito corrió emocionado, listo para devorar su plato favorito: ¡macarrones con queso!
"¡Pepito, Pepito!" gritó Doña Elena con una sonrisa. "Antes de comer, ¡hay que lavarse las manos!"
Pepito hizo una mueca. Lavarse las manos le parecía aburrido. "Pero abuela, tengo mucha hambre. ¡Los macarrones me están llamando!"
Doña Elena se acercó a Pepito y le susurró al oído: "¿Sabes, Pepito? En tus manos, aunque no las veas, viven unas pequeñas criaturas."
Pepito abrió los ojos sorprendido. "¿Criaturas? ¿Qué clase de criaturas?"
"Algunas son buenas, nos ayudan a estar sanos y fuertes. Pero otras, como la Bacteria Maloliente, son traviesas y pueden enfermarnos si entran en nuestro cuerpo," explicó Doña Elena con paciencia. "La Bacteria Maloliente adora esconderse en la tierra, en los juguetes y en todo lo que tocas. Y si no te lavas las manos, ¡se colará en tu comida!"
Pepito se imaginó una bacteria verde y pegajosa, con una nariz enorme y arrugada, dispuesta a arruinar sus macarrones. ¡Qué asco! "¿Y cómo me deshago de la Bacteria Maloliente?" preguntó con preocupación.
"¡Con agua y jabón!" respondió Doña Elena con entusiasmo. "Lavarse las manos es como darles un chapuzón que las espanta para siempre."
Doña Elena llevó a Pepito al baño. Le explicó que no bastaba con pasar las manos rápidamente bajo el agua. "¡No, no, Pepito! Lavarse las manos es como una pequeña canción," dijo Doña Elena.
Primero, abrieron el grifo y se mojaron las manos con agua tibia. Luego, Doña Elena puso una buena cantidad de jabón en las manos de Pepito. "Ahora, frota las palmas de las manos," indicó. Pepito obedeció, haciendo espuma blanca y burbujeante.
"¡Ahora, frota entre los dedos!" Doña Elena le enseñó a entrelazar los dedos de ambas manos y a frotar con energía. Pepito imitó sus movimientos, sintiendo el jabón cosquillear entre sus dedos.
"No te olvides de los pulgares," recordó Doña Elena. Pepito rodeó cada pulgar con la palma de la otra mano y frotó con cuidado.
"¡Y las uñas!" exclamó Doña Elena. Pepito hizo puños con los dedos y los frotó contra las palmas de las manos para limpiar bien debajo de las uñas.
Mientras Pepito frotaba, Doña Elena cantaba una pequeña canción:
"Lava, lava las manitas,
Entre los dedos, ¡sin prisitas!
Pulgares y uñitas,
¡Adiós Bacteria Maloliente, chiquitita!"
Pepito se unió a la canción, riendo mientras frotaba sus manos. Después de cantar la canción dos veces, Doña Elena le dijo: "¡Ahora, a enjuagar!"
Pepito abrió el grifo y enjuagó sus manos con agua tibia, observando cómo la espuma blanca desaparecía, llevándose consigo a la Bacteria Maloliente (al menos, en su imaginación).
Finalmente, Doña Elena le dio una toalla limpia para secarse las manos. "¡Seca, seca bien las manitas!" le dijo. Pepito se secó las manos con cuidado, prestando atención a cada dedo.
"¡Listo!" exclamó Pepito, mostrando sus manos limpias y brillantes. "¡Ya no tengo ninguna Bacteria Maloliente!"
Doña Elena sonrió. "¡Exacto! Ahora puedes disfrutar de tus macarrones con queso sin preocupaciones."
Pepito corrió a la mesa y devoró sus macarrones con queso. ¡Nunca antes le habían sabido tan deliciosos! A partir de ese día, Pepito nunca más olvidó lavarse las manos antes de comer, después de jugar en el parque o de tocar cualquier cosa que pudiera albergar a la traviesa Bacteria Maloliente. Ahora sabía que lavarse las manos no era aburrido, ¡era una aventura jabonosa que lo mantenía sano y feliz!
Un día, mientras jugaba con su amigo Tomás en el parque, Pepito vio que Tomás se iba a comer una galleta sin lavarse las manos. Pepito recordó a la Bacteria Maloliente y corrió hacia Tomás.
"¡Tomás, espera!" gritó Pepito. "¡Tienes que lavarte las manos antes de comer!"
Tomás lo miró confundido. "¿Por qué? Tengo mucha hambre."
Pepito le explicó sobre la Bacteria Maloliente y cómo lavarse las manos era como una canción que las espantaba. Tomás escuchó atentamente y, juntos, fueron al baño del parque a lavarse las manos.
Desde ese día, Pepito y Tomás se convirtieron en los "Guardianes de las Manos Limpias", enseñando a todos sus amigos la importancia de lavarse las manos para mantenerse sanos y felices. ¡Y la Bacteria Maloliente nunca más tuvo la oportunidad de arruinar sus comidas! La aventura jabonosa de Pepito se había convertido en una misión para todos.
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