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Gratis · elegí una vozLiza era una niña con un corazón tan grande como el cielo nocturno. Pero, a diferencia del cielo, ella no conocía la luna. Su mejor amigo era Brisa, un conejo blanco de orejas largas y un pelaje suave como el algodón. Brisa tampoco había visitado la luna, y ambos compartían un sueño secreto: sentir la suave luz lunar en sus bigotes y dedos de los pies.
"¡Tenemos que ir a la luna, Brisa!" exclamó Liza una tarde, sentada en el jardín bajo la sombra de un manzano. Brisa movió sus orejas, emocionado. "Pero, ¿cómo? No tenemos una escalera lo suficientemente larga."
Liza frunció el ceño, pensando. De repente, sus ojos se iluminaron. "¡Un cohete! Podemos construir un cohete, Brisa! ¡Un cohete de zanahorias!"
Brisa saltó de alegría. ¡Zanahorias! Su comida favorita. La idea era tan loca como emocionante. Recolectaron todas las zanahorias del huerto de la abuela, grandes, pequeñas, gordas y flacas. La abuela, al principio confundida por la repentina demanda de zanahorias, sonrió al ver la determinación en los ojos de Liza. Les dio una cesta llena de zanahorias extra, guiñándoles un ojo.
Con la ayuda de algunos tablones viejos, clavos oxidados y mucha imaginación, comenzaron a construir su cohete. Liza martillaba y Brisa sostenía las zanahorias, asegurándose de que estuvieran bien colocadas. El cohete, aunque un poco tambaleante, tenía una forma impresionante, adornado con zanahorias de todos los tamaños. Lo pintaron de un brillante color naranja, con estrellas amarillas dibujadas con pintura brillante.
"¡Necesitamos combustible!" dijo Liza, mirando el cohete terminado. Brisa olfateó el aire. "¡Jugo de zanahoria!" exclamó, recordando el delicioso jugo que preparaba la abuela.
Así que, con la ayuda de la abuela, llenaron un gran tanque con jugo de zanahoria recién exprimido. El cohete ahora estaba listo. Colocaron una rampa improvisada hecha con una manta vieja y se prepararon para el despegue. Era una noche clara, con la luna llena brillando en el cielo.
"¡Cuenta regresiva!" gritó Liza, subiéndose al cohete. Brisa se acurrucó a su lado, temblando un poco de emoción. "¡Cinco, cuatro, tres, dos, uno... DESPEGUE!"
Liza apretó un botón que había encontrado en el garaje de su abuelo (¡esperaba que fuera el correcto!). El cohete tembló, hizo un ruido extraño y luego... ¡nada!
Liza y Brisa se miraron, decepcionados. El cohete no se movió ni un centímetro. "Tal vez... necesita más jugo de zanahoria?" sugirió Brisa.
Así que llenaron el tanque aún más, hasta el borde. Liza volvió a apretar el botón. Esta vez, el cohete vibró con más fuerza, las zanahorias crujieron y... ¡de repente, salió disparado un gran chorro de jugo de zanahoria por la parte trasera! El cohete se movió un poco, pero aún no despegó.
Liza suspiró. Estaban a punto de rendirse cuando escucharon una risa suave. Era la abuela, parada en la puerta de la casa, con una linterna en la mano.
"Mis queridos," dijo la abuela, acercándose al cohete. "La luna no se alcanza con cohetes de zanahorias, sino con la imaginación y el corazón."
La abuela los invitó a entrar a la casa. Preparó chocolate caliente con malvaviscos y les contó historias sobre la luna, sobre sus cráteres y sus fases. Les habló de los sueños que la luna inspiraba y de la importancia de creer en lo imposible.
Después de las historias, la abuela los llevó de vuelta al jardín. Extendió una manta en el césped y los tres se acostaron a mirar la luna. Liza sintió el brazo suave de Brisa a su lado. La luna parecía más brillante y cercana que nunca.
"¿Ves, Liza?" susurró la abuela. "Ya estás en la luna. Está aquí, en tu corazón."
Liza sonrió. La abuela tenía razón. No necesitaban un cohete de zanahorias. La luna estaba allí, brillando para ellos, llena de misterio y magia. Cerró los ojos y se imaginó caminando sobre la superficie lunar, saltando entre los cráteres con Brisa a su lado.
Esa noche, Liza soñó que volaba a la luna en un cohete hecho de sueños, con Brisa como copiloto. El cohete estaba propulsado por risas y la luna los recibió con los brazos abiertos. Al despertar, Liza supo que, aunque no había llegado a la luna en un cohete de zanahorias, había aprendido algo mucho más importante: que la mayor aventura está dentro de nosotros mismos.
Al día siguiente, Liza y Brisa decidieron usar las zanahorias restantes para hacer una gran tarta de zanahoria para la abuela. Fue la mejor tarta de zanahoria que jamás habían probado, llena de amor, imaginación y un poquito de polvo de estrellas lunar.
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