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Gratis · elegí una vozTito era un pequeño lobo con un pelaje suave como el algodón y unos ojos grandes y brillantes. Vivía con su familia en una acogedora madriguera al borde del Bosque Susurrante. Cada año, esperaba con ansias la noche de Halloween. ¡Le encantaban los disfraces, las decoraciones espeluznantes y, sobre todo, los caramelos! Pero este año, Tito sentía un nudo en el estómago. Tenía miedo.
"¿Qué pasa, mi pequeño lobito?", preguntó Mamá Loba, notando la cara preocupada de Tito.
Tito arrugó la nariz. "Tengo miedo de ir a pedir dulces, Mamá. ¿Y si hay monstruos de verdad? ¿Y si las casas son demasiado oscuras? ¿Y si me caigo y rompo mi disfraz?"
Mamá Loba sonrió y abrazó a Tito con suavidad. "Tito, cariño, Halloween es solo una noche de diversión. Los monstruos son disfraces, las casas están decoradas para asustar un poquito, ¡pero todo es juego! Y si te caes, te levantas, ¡eso es lo que hacen los lobos valientes!"
Aun así, Tito no estaba convencido. Su hermano mayor, Bruno, se rió. "¡Ay, Tito! ¡Eres el lobo más miedoso que conozco! ¡Yo voy a conseguir el doble de caramelos que tú!"
Bruno salió corriendo hacia la puerta, vestido de fantasma con un agujero en la sábana. Tito suspiró. Él también quería ir, quería disfrutar de la noche, pero el miedo lo paralizaba. Su disfraz de calabaza, cuidadosamente confeccionado por su abuela, colgaba en la pared, esperándolo.
Mamá Loba lo animó: "¿Por qué no vas con tu amigo Ramiro? Él también es un poco tímido, quizás juntos se sientan más seguros."
Ramiro era un conejito muy dulce que vivía en una madriguera cercana. Tito asintió, era una buena idea. Fue corriendo a casa de Ramiro y lo encontró vestido de murciélago, con unas alitas de cartón que se movían al caminar.
"¡Hola, Tito!", exclamó Ramiro. "¿Vas a pedir dulces? ¡Tengo un poco de miedo!"
Tito sintió un poco de alivio al saber que no era el único que tenía miedo. "Yo también tengo miedo, Ramiro. Pero mi mamá dijo que todo es divertido."
Juntos, Tito y Ramiro, con sus disfraces adorables, se aventuraron en el bosque. Al principio, cada ruido los asustaba: una rama que crujía, el ulular de un búho, la sombra de un árbol. Pero poco a poco, al verse juntos, su miedo disminuyó.
Llegaron a la primera casa. Era una casa grande con una calabaza gigante iluminada en el porche. Tito y Ramiro se tomaron de la mano y se acercaron temblorosamente. Tito tocó el timbre.
La puerta se abrió y una bruja sonriente les dio la bienvenida. "¡Qué disfraces tan bonitos!", dijo la bruja, y les ofreció un puñado de caramelos deliciosos.
Tito y Ramiro agradecieron y siguieron adelante. En la siguiente casa, un pirata les dio chocolatinas. En la siguiente, un hada les regaló gomitas de frutas. Cada vez se sentían más seguros y más emocionados.
Incluso se encontraron con Bruno, quien, a pesar de su agujero en la sábana, parecía estar disfrutando mucho. "¡Hola, miedosos!", gritó Bruno, con la boca llena de caramelos. Tito le sonrió. Ya no le importaba lo que Bruno pensara.
Cuando el cielo comenzó a ponerse morado, Tito y Ramiro decidieron que era hora de volver a casa. Sus bolsillos estaban llenos de caramelos y sus corazones llenos de alegría.
Al llegar a casa, Tito corrió a abrazar a su mamá. "¡Mamá, me divertí mucho! Ya no tenía tanto miedo, ¡Ramiro y yo fuimos muy valientes!"
Mamá Loba sonrió y le dio un beso en la frente. "Sabía que lo harías bien, mi pequeño lobito valiente."
Tito y Ramiro se despidieron y prometieron ir juntos el próximo año. Tito se acostó en su cama, con su disfraz de calabaza a su lado y un puñado de caramelos debajo de la almohada. Esa noche, soñó con brujas amigables, piratas generosos y un bosque lleno de dulces y risas. Y supo que, aunque a veces tener miedo es normal, la amistad y la valentía siempre pueden vencerlo. La noche del caramelo escondido, como él la llamaría ahora, había sido la mejor noche de Halloween de su vida.
Al día siguiente, Tito compartió sus caramelos con Bruno, y Bruno admitió que el disfraz de calabaza de Tito era el más genial de todo el bosque. Desde ese día, Tito supo que incluso los lobos pequeños y miedosos pueden ser valientes, especialmente si tienen un amigo a su lado.
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