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Gratis · elegí una vozLuna era una ovejita diferente. Mientras las demás ovejitas del rebaño pastaban tranquilamente en el valle verde, mordisqueando la hierba jugosa y balando contentas, Luna miraba al cielo. No le interesaba la hierba. Le interesaban las nubes, esponjosas y blancas, que parecían algodones gigantes flotando en el azul. Luna soñaba con volar.
"¡Qué aburrido es solo comer hierba!", pensaba Luna. "¡Si tan solo tuviera alas!". Intentó saltar muy alto, agitando sus patitas cortas, pero solo conseguía dar pequeños brinquitos, que hacían reír a las otras ovejitas.
"¡Mira a Luna, la ovejita voladora!", se burlaba Berta, la ovejita más grande y fuerte del rebaño. Las demás ovejitas se unían a las risas, y Luna se sentía muy triste y sola.
Un día, mientras Luna observaba una bandada de pájaros volar hacia el sur, un viejo búho sabio se posó en la rama de un árbol cercano. El búho, llamado Profesor Plumas, había visto a Luna intentar volar muchas veces.
"¿Por qué estás tan triste, pequeña ovejita?", preguntó Profesor Plumas con su voz grave y sabia.
Luna, con los ojos llenos de lágrimas, le contó su sueño de volar. "Las otras ovejitas se burlan de mí. Dicen que es imposible que una oveja vuele".
Profesor Plumas sonrió. "Nada es imposible, pequeña Luna, si lo deseas con todo tu corazón. Pero volar no siempre significa tener alas. Volar también puede significar alcanzar tus sueños, aunque sean diferentes a los de los demás".
Luna no entendía muy bien lo que quería decir el búho.
"Ven conmigo", dijo Profesor Plumas. El búho extendió sus alas y voló hacia la cima de la montaña más alta del valle. Luna lo siguió corriendo con todas sus fuerzas.
Cuando llegaron a la cima, Luna se quedó sin aliento. La vista era espectacular. Podía ver todo el valle, el rebaño de ovejitas pastando, el río serpenteando entre los árboles y las nubes, ahora más cerca que nunca.
"Mira, Luna", dijo Profesor Plumas, señalando un grupo de niños que jugaban con una cometa colorida. "¿Ves esa cometa? No tiene alas, pero vuela gracias al viento y al deseo de los niños de verla elevarse".
Luna observó la cometa danzar en el cielo, moviéndose al ritmo del viento. De repente, entendió lo que Profesor Plumas quería decirle. No necesitaba alas para volar. Necesitaba encontrar su propia forma de elevarse.
Esa noche, Luna tuvo una idea brillante. Le pidió ayuda a Profesor Plumas y juntos recolectaron lana de oveja que las otras ovejitas habían dejado en los arbustos. Con la lana, Luna tejió una gran manta suave y esponjosa.
Al día siguiente, Luna invitó a todas las ovejitas del rebaño a la cima de la montaña. Al principio, las ovejitas estaban confundidas. ¿Qué iba a hacer Luna con esa manta gigante?
Luna extendió la manta sobre la hierba. "¡Subid todos!", gritó Luna con entusiasmo. Las ovejitas, intrigadas, subieron a la manta.
Entonces, Luna empezó a contar una historia maravillosa. Les habló de lugares lejanos, de bosques encantados, de ríos llenos de peces brillantes y de montañas cubiertas de nieve. Les contó historias tan emocionantes que las ovejitas se olvidaron de que estaban en la cima de una montaña. Empezaron a imaginar que estaban volando sobre esos lugares mágicos, sintiendo el viento en sus caras y la emoción de la aventura.
Las ovejitas reían, soñaban y se emocionaban con las historias de Luna. Por primera vez, entendieron por qué a Luna le gustaba tanto mirar al cielo. Ella no necesitaba alas para volar. Tenía su imaginación y su capacidad de contar historias, y con eso, podía llevar a todos con ella en un viaje increíble.
Desde ese día, Luna se convirtió en la contadora de historias del rebaño. Las ovejitas ya no se burlaban de ella. Ahora, la admiraban y esperaban con ansias sus cuentos. Luna había encontrado su propia forma de volar, y con ella, había enseñado a las demás ovejitas que la verdadera aventura está en la imaginación y en la capacidad de compartir nuestros sueños. Y Berta, la ovejita más grande, se convirtió en la mejor amiga de Luna, escuchando con atención cada una de sus historias y soñando con volar a su lado. Luna, la ovejita soñadora, había demostrado que hasta la oveja más pequeña puede alcanzar las estrellas.
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