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Gratis · elegí una vozMartín era un niño muy especial. Le decían "Niño Luna" porque le encantaba la noche y tenía unos ojos grandes y brillantes como la luna llena. Todas las noches, antes de dormir, Martín miraba por la ventana y hablaba con la luna. Le contaba sus sueños, sus miedos y sus aventuras del día.
Una noche, la luna le susurró un secreto: "Martín, busca el Árbol de los Martes Rojos. Allí encontrarás algo que has perdido".
Martín, emocionado, no durmió en toda la noche. Cuando salió el sol, se vistió rápidamente y salió en busca del misterioso árbol. Caminó por el bosque, preguntando a los pájaros y a las ardillas si conocían el Árbol de los Martes Rojos, pero nadie parecía saber nada.
Finalmente, llegó a un claro del bosque donde nunca antes había estado. En el centro del claro, se alzaba un árbol muy alto y diferente a todos los demás. Sus hojas no eran verdes, sino de un rojo intenso, como el color del atardecer. ¡Era el Árbol de los Martes Rojos!
Martín se acercó al árbol con cautela. Observó que en sus ramas colgaban pequeños frutos redondos, también de color rojo. Sintió una extraña energía emanando del árbol, una energía cálida y acogedora.
De repente, escuchó una voz suave que venía de entre las ramas: "Hola, Niño Luna. Te estábamos esperando".
Martín levantó la vista y vio una pequeña hada sentada en una rama. Tenía alas brillantes y un vestido hecho de hojas rojas. "¿Quién eres?", preguntó Martín.
"Soy el hada del Árbol de los Martes Rojos", respondió el hada. "Este árbol es mágico. Aparece solo los martes y ayuda a las personas a encontrar lo que han perdido".
"La luna me dijo que aquí encontraría algo que he perdido", dijo Martín. "Pero no sé qué es".
El hada sonrió. "A veces, lo que perdemos no es algo material, sino algo que está dentro de nosotros. Cierra los ojos y escucha a tu corazón. El árbol te mostrará el camino".
Martín cerró los ojos y respiró profundamente. Sintió el calor del sol en su rostro y el suave murmullo del viento entre las hojas del árbol. De repente, una imagen apareció en su mente: él, jugando con sus amigos en el parque. Recordó cómo reía y se divertía. Pero también recordó que últimamente se había sentido triste y solo, porque sus amigos se habían mudado a otra ciudad.
Cuando abrió los ojos, Martín entendió. Había perdido la alegría de jugar con sus amigos. El hada asintió. "El Árbol de los Martes Rojos puede ayudarte a recuperar esa alegría", dijo.
El hada le ofreció a Martín una de las frutas rojas del árbol. "Come esta fruta", le dijo. "Te recordará la importancia de la amistad y te dará la fuerza para hacer nuevos amigos".
Martín tomó la fruta y le dio un mordisco. Era dulce y jugosa, con un sabor a fresa y a sol. Al instante, sintió una oleada de energía y alegría recorriendo su cuerpo.
"Gracias", dijo Martín al hada. "Ahora sé lo que tengo que hacer".
Martín regresó a su casa sintiéndose mucho mejor. Decidió que al día siguiente iría al parque y trataría de hacer nuevos amigos. Sabía que no sería fácil, pero se sentía con la fuerza y la confianza necesarias para lograrlo.
Al día siguiente, martes, Martín fue al parque. Al principio, se sentía un poco tímido, pero recordó la fruta del Árbol de los Martes Rojos y la alegría que había sentido. Se acercó a un grupo de niños que estaban jugando al fútbol y les preguntó si podía jugar con ellos.
Los niños lo aceptaron de inmediato y Martín se unió al juego. Corrió, saltó, rió y se divirtió como no lo hacía desde hacía mucho tiempo. Hizo nuevos amigos y se olvidó de la tristeza que había sentido.
Desde ese día, Martín siguió visitando el Árbol de los Martes Rojos cada martes. No siempre necesitaba la fruta mágica, pero le gustaba sentarse bajo sus ramas y recordar la lección que había aprendido: que la amistad es un tesoro valioso y que siempre hay esperanza para encontrar la alegría, incluso cuando pensamos que la hemos perdido. El Niño Luna aprendió que incluso un martes rojo puede traer la felicidad y la amistad de vuelta a su vida.
Y así, Martín, el Niño Luna, siguió brillando con la misma intensidad que la luna llena, iluminando el mundo con su alegría y su amistad.
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