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Gratis · elegí una vozComenzaba un nuevo día para Max. Se despertó muy contento porque por fin regresarían las clases. ¡Estaba listo para ser uno de los chicos grandes de tercer año! Se alistó rápidamente, desayunó y salió rumbo a la escuela con una sonrisa en el rostro.
Al llegar al salón, saludó a sus compañeros y se sentó en su lugar. Poco después, la maestra entró y pidió silencio.
—Buenos días, niños. Hoy tenemos un nuevo compañero —anunció con una sonrisa—. Él se llama Nick, y espero que todos lo hagan sentir bienvenido.
Nick era un niño delgado, de mirada seria. Max se emocionó mucho cuando la maestra dijo que Nick se sentaría a su lado. A Max le encantaba hacer nuevos amigos.
Sin embargo, con el paso de los días, Max empezó a notar que Nick era diferente. Se movía mucho, sobre todo con las manos, y se ponía muy nervioso si había mucho ruido. A veces incluso se asustaba tanto que comenzaba a gritar o llorar. También se notaba que le gustaba mucho el orden: siempre acomodaba sus cosas con mucho cuidado.
Pero lo que le dolía a Max era que Nick no le respondía cuando le hablaba, ni lo miraba a los ojos. Incluso cuando Max le decía “hola”, Nick parecía ignorarlo.
Un día, durante el recreo, Max vio a Nick sentado solo, como siempre. Se acercó a la maestra con los ojos tristes.
—¿Por qué Nick no quiere ser mi amigo? ¿No le agrado? —preguntó.
La maestra se agachó hasta quedar a su altura y le respondió con cariño:
—Claro que le agradas, Max. Eres un niño increíble. Lo que pasa es que Nick necesita un poco más de ayuda para poder jugar con los demás. Pero no te desanimes, con paciencia y cariño, ¡verás que pueden ser grandes amigos!
Esas palabras animaron mucho a Max. Desde ese momento, se prometió a sí mismo que encontraría la forma de acercarse a Nick.
De vuelta en el salón, Max comenzó a observar más atentamente. Se dio cuenta de que a Nick le encantaban los autos, sobre todo los de carreras. Cada vez que veía uno en un libro o dibujo, se le iluminaban los ojos.
—¡A mí también me gustan los autos! —pensó Max, emocionado—. Tal vez por ahí puedo empezar.
Al día siguiente, llevó uno de sus carritos de juguete a la escuela y, en un descanso, se acercó a Nick con una sonrisa.
—¡Mira, traje mi carrito favorito! —dijo—. ¿Sabías que me llamo igual que un piloto famoso? ¡Se llama Max Verstappen! Bueno, yo no soy Verstappen… ¡pero sí soy Max! —añadió riéndose.
Nick no respondió al principio, pero sí miró el carrito con atención. Al otro día, Max volvió con otro auto y le contó más sobre las carreras. Poco a poco, Nick comenzó a decir algunas palabras, luego frases, y al poco tiempo ya hablaban de todo: de los autos, de sus pilotos favoritos, de lo que desayunaron y hasta de los sueños que habían tenido la noche anterior.
Con el tiempo, se hicieron muy buenos amigos. Max aprendió que a veces, los amigos no siempre se comunican igual, pero eso no significa que no quieran tener un amigo como Nick.
Pasaron las semanas y otros compañeros empezaron a notar lo divertido que era Nick cuando hablaba de autos o cuando compartía cosas interesantes. Pero había un niño que aún no se sentía cómodo con él: Jeremy.
—Ese niño es muy raro —decía al principio—. No habla con nadie y hace cosas extrañas.
Un día, durante el recreo, Jeremy vio cómo Max y otros niños se reían junto a Nick mientras jugaban con carritos de carreras. Se acercó con curiosidad y, sin decir mucho, se sentó cerca.
—¿Puedo ver uno de tus carritos? —preguntó, un poco tímido.
Nick le pasó uno sin decir palabra. Jeremy sonrió.
—¡Este es de Fórmula 1! ¿Sabías que hay carreras en Mónaco? —comentó.
Para su sorpresa, Nick levantó la vista, lo miró y respondió:
—Sí. Esa pista es muy difícil por sus curvas. Mi piloto favorito ganó ahí tres veces.
Desde ese momento, Jeremy cambió de opinión. Descubrió que Nick era un niño increíble, con muchas cosas interesantes para compartir. Se alegró de haberle dado una oportunidad.
Y así, poco a poco, más y más niños comenzaron a acercarse a Nick. Gracias a la paciencia de Max y la curiosidad de Jeremy, el salón se volvió un lugar más alegre, donde todos aprendieron que cada persona es especial a su manera… y que siempre vale la pena hacer un nuevo amigo.
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