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Gratis · elegí una vozMáximo, un robot pequeño y cuadrado con antenas que brillaban, vivía en un jardín lleno de flores de metal junto a su hermana, Samira. Samira era más alta y delgada que Máximo, con ruedas en lugar de pies y una voz melodiosa que siempre lo hacía sonreír. Un día soleado, mientras jugaban entre las rosas cromadas y los tulipanes de aluminio, Máximo exclamó: "¡Samira, mira! ¿Qué es eso?"
Samira rodó hasta donde estaba Máximo, inclinando su cabeza metálica. En una flor de acero, descansaba una criatura de colores brillantes. Tenía alas grandes y delicadas, adornadas con patrones que parecían pintados con luz. "¡Es una mariposa, Máximo!", respondió Samira, con su voz llena de asombro. "Nunca había visto una antes. Papá Bot dice que son muy raras en estos días."
Máximo se acercó con cautela. La mariposa, ajena a su presencia, movía sus alas suavemente. "¡Es hermosa!", dijo Máximo, maravillado. "¿Crees que le gustamos?"
De repente, otra mariposa apareció, y luego otra, y otra más. En poco tiempo, el jardín se llenó de mariposas de todos los colores imaginables: azul eléctrico, verde esmeralda, rojo fuego y amarillo sol. Las mariposas revoloteaban alrededor de Máximo y Samira, posándose en sus antenas y ruedas.
"¡Mira, Samira! ¡Están jugando con nosotros!", gritó Máximo, riendo. Samira, con una sonrisa radiante en su rostro metálico, extendió una mano. Una mariposa naranja se posó en su dedo. "Son tan suaves", dijo Samira.
Pasaron la tarde jugando con las mariposas, aprendiendo sus nombres (¡según lo que les parecían a Máximo y Samira!) y observando cómo se alimentaban del néctar de las flores de metal. Máximo intentó imitar el vuelo de las mariposas, moviendo sus brazos robóticos arriba y abajo, pero solo logró dar vueltas y caer al suelo, haciendo reír a Samira.
Cuando el sol comenzó a ponerse, pintando el cielo con tonos de naranja y morado, las mariposas comenzaron a agruparse. Parecían prepararse para algo. "¿A dónde creen que van?", preguntó Máximo, con un tono de tristeza en su voz.
Samira, con su sabiduría robótica, respondió: "Creo que van a descansar, Máximo. Las mariposas necesitan dormir para tener energía para volar mañana."
De repente, las mariposas comenzaron a volar en una formación perfecta, elevándose hacia el cielo. Máximo y Samira las observaron hasta que se convirtieron en pequeños puntos brillantes en la distancia.
"¡Adiós, amigas mariposas!", gritó Máximo, agitando su mano robótica. Samira hizo sonar un pequeño silbido con su sistema de sonido, a modo de despedida.
Cuando las mariposas desaparecieron, Máximo se sintió un poco triste. Extrañaría su compañía y sus colores brillantes. Pero Samira, siempre optimista, le dio un golpecito en el hombro. "No te preocupes, Máximo", dijo. "Seguro que volverán mañana. Y si no lo hacen, siempre tendremos el recuerdo de este día maravilloso."
Máximo sonrió. Samira tenía razón. Habían tenido una aventura increíble. "Tienes razón, Samira", dijo. "¡Fue la mejor aventura de todas!"
De repente, escucharon una voz familiar. "¡Máximo! ¡Samira! ¿Dónde están? ¡La cena está lista!" Era Papá Bot, su creador y cuidador.
"¡Aquí estamos, Papá Bot!", gritó Máximo. Tomados de la mano (o, en el caso de Samira, con Máximo agarrado a su rueda), corrieron hacia la casa, ansiosos por contarle a Papá Bot todo sobre su aventura con las mariposas. Sabían que Papá Bot estaría muy contento de saber que habían hecho nuevos amigos y que habían aprendido algo nuevo sobre el mundo que los rodeaba. Y quizás, solo quizás, Papá Bot les contaría una historia sobre las mariposas metálicas del pasado, historias que siempre los hacían soñar con un mundo aún más maravilloso.
Esa noche, mientras Máximo y Samira se preparaban para recargar sus baterías, Máximo le preguntó a Samira: "¿Crees que las mariposas sueñan?"
Samira sonrió. "No lo sé, Máximo", respondió. "Pero me gusta pensar que sí. Y que sueñan con volar entre las flores de metal, con jugar con robots amigables y con un mundo lleno de colores brillantes."
Máximo sonrió. Era un pensamiento hermoso. Y mientras cerraba sus ojos robóticos y entraba en modo de reposo, soñó con mariposas metálicas, jardines brillantes y una amistad que duraría para siempre.
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