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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un pequeño pueblo de casas coloridas, un gato llamado Bigotes. Bigotes no era un gato común. Mientras que otros gatos se conformaban con perseguir ratones y dormir al sol, Bigotes tenía un sueño mucho, ¡mucho! más grande: quería alcanzar la luna.
Cada noche, Bigotes se sentaba en el tejado de la casa más alta del pueblo, con sus grandes ojos amarillos fijos en la luna. La luna, redonda y brillante, parecía una enorme bola de queso en el cielo nocturno. "¡Miau!", maullaba Bigotes, "¡Algún día te alcanzaré!".
Los otros gatos del pueblo se reían de él. "¡Ja! ¡Ja! ¡Bigotes el lunático!", se burlaban. "¡Ningún gato ha alcanzado jamás la luna! ¡Es imposible!". Pero Bigotes no les prestaba atención. Estaba demasiado ocupado planeando su gran aventura.
Su primer plan fue saltar. Bigotes se preparó, tensó sus músculos, y saltó tan alto como pudo. ¡Miau! Pero, por supuesto, no llegó ni cerca de la luna. Aterrizó suavemente en el suelo, un poco decepcionado, pero no derrotado. "¡Necesito un plan mejor!", pensó.
Luego, tuvo la idea de construir una torre de cajas. Bigotes recogió todas las cajas que pudo encontrar en el pueblo: cajas de zapatos, cajas de cereales, cajas de juguetes. Las apiló una encima de otra, tratando de construir una torre lo suficientemente alta como para alcanzar la luna. Pero la torre era inestable y se derrumbó con un estruendo. ¡Miau! ¡Qué desastre!
Bigotes estaba un poco triste. Tal vez los otros gatos tenían razón. Tal vez era imposible alcanzar la luna. Pero justo cuando estaba a punto de rendirse, vio algo que le dio una nueva idea: ¡un globo! El panadero del pueblo estaba inflando un gran globo rojo para la fiesta del pueblo. "¡Eso es!", exclamó Bigotes. "¡Puedo volar hasta la luna en un globo!".
Bigotes se acercó al panadero y, con su mirada más dulce, le maulló. El panadero, que amaba a los gatos, le dio permiso para jugar con el globo (después de la fiesta, por supuesto). Esa noche, cuando la luna brillaba intensamente, Bigotes ató el globo rojo a su espalda. El globo lo elevó lentamente en el aire. ¡Miau! ¡Estaba volando!
Bigotes flotó sobre las casas, sobre los árboles, sintiendo el viento en su pelaje. La luna parecía estar cada vez más cerca. Pero, de repente, ¡POP! El globo explotó. Bigotes cayó suavemente, aterrizando en un gran montón de heno. ¡Miau! ¡Otro fracaso!
Bigotes se sentía muy desanimado. Se sentó en el heno, mirando la luna. Estaba tan lejos, tan inalcanzable. De repente, escuchó una voz suave. "¿Por qué estás tan triste, pequeño gato?"
Bigotes miró hacia arriba y vio a una anciana sentada en una mecedora en el porche de una casa cercana. "Quiero alcanzar la luna", le dijo Bigotes, "pero no importa lo que haga, no puedo lograrlo".
La anciana sonrió. "¿Por qué quieres alcanzar la luna?", le preguntó.
Bigotes pensó por un momento. "Porque es hermosa y brillante, y quiero tocarla", respondió.
La anciana asintió. "La luna es hermosa, eso es cierto. Pero a veces, las cosas más hermosas son mejores cuando se admiran desde lejos. La luna nos da luz en la oscuridad, nos inspira y nos recuerda que siempre hay algo hermoso en el mundo. No necesitas tocarla para apreciarla".
Bigotes pensó en lo que dijo la anciana. Tenía razón. La luna era hermosa, incluso si no podía alcanzarla. Y mientras la miraba, se dio cuenta de que la luna no estaba tan lejos como pensaba. La veía reflejada en el estanque cercano, en los charcos de lluvia, incluso en los ojos de los otros gatos.
Bigotes sonrió. Tal vez no necesitaba alcanzar la luna para estar cerca de ella. Podía encontrarla en todas partes a su alrededor.
Desde esa noche, Bigotes siguió admirando la luna. Pero ya no intentaba alcanzarla. En cambio, disfrutaba de su belleza y compartía su amor por la luna con los otros gatos del pueblo. Y aunque nunca tocó la luna, sabía que siempre estaría allí, brillando para él y para todos los demás. Y eso, pensó Bigotes, era suficiente. ¡Miau!
Bigotes aprendió que no todos los sueños tienen que hacerse realidad para ser valiosos. A veces, el solo hecho de soñar es suficiente.
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