Escuchá este cuento
Gratis · elegí una voz
Neitan Drake, ¡ay, qué hombre! Con esos músculos que parecían montañas y una cabeza que le daba ideas como arroz en aguapanela, era el aventurero más berraco de toda Colombia. Y ahora, tenía una misión que lo hacía bailar de la emoción: encontrar un tesoro, ¡pero no cualquier tesoro! Uno que valía un quintillón de dólares, ¡más que todas las chucherías juntas de Barranquilla!
Pero, ¡ojo al piojo!, no estaba solo en esta vuelta. Un viejo enemigo, Reif, un tipo más amargado que un limón sin azúcar y con un genio peor que el de un burro amarrado, le iba a poner la cosa más dura que panelita vieja. Reif, con su cara de pocos amigos y sus malas mañas, quería el tesoro para él solito.
El primer paso de Neitan era llegar a la Cueva Cascada. Se montó en su jeep, un cacharro viejo pero fiel al que llamaba "La Chiva", y arrancó a toda velocidad por las trochas de la selva. El sol pegaba duro, pero Neitan, con su sombrero de explorador y su machete al cinto, no se dejaba amilanar. Cantaba a grito herido canciones de Carlos Vives para darse ánimo.
Llegó a la entrada de la cueva, un hueco oscuro y misterioso detrás de una cascada que rugía como un león. "¡Aquí es!", pensó Neitan, sintiendo un cosquilleo en la barriga, esa mezcla de miedo y emoción que solo sentía cuando estaba a punto de vivir una aventura de las buenas. Se ajustó la mochila, sacó su linterna y se adentró en la oscuridad.
La cueva era fría y húmeda, con estalactitas que colgaban del techo como dientes de vampiro. El agua goteaba sin cesar, haciendo un ruido constante que ponía los pelos de punta. Neitan avanzaba con cuidado, alumbrando cada rincón con su linterna. De repente, ¡zas!, escuchó un ruido detrás de él. Se volteó de inmediato, listo para lo que viniera.
¡Era una emboscada! Un grupo de hombres, todos con caras de pocos amigos y armados hasta los dientes, lo estaban esperando. Eran los secuaces de Reif, listos para amargarle el paseo. "¡Pero miren a quién tenemos aquí!", dijo uno de los hombres con voz burlona. "Parece que el valiente Neitan Drake se perdió en el camino".
Neitan sonrió. "Perdido, yo? ¡Jamás! Solo estaba calentando motores. Ustedes son los que están en el lugar equivocado". Y sin darle tiempo a responder, Neitan Drake se lanzó al ataque. Era más rápido que un rayo y más fuerte que un toro. Con sus puños y sus patadas, derribó a los hombres uno por uno. Los hacía volar por el aire como muñecos de trapo.
Pero Reif no iba a dejar que Neitan se saliera con la suya tan fácilmente. Desde las sombras, Reif apareció con una sonrisa malévola en la cara. "¡Pensaste que te librarías de mí, Neitan? ¡Estás muy equivocado!". Reif sacó una pistola y apuntó a Neitan.
Neitan se agachó justo a tiempo para evitar la bala. La bala golpeó una estalactita, haciéndola caer al suelo con un estruendo. Neitan aprovechó la distracción para lanzarse sobre Reif. Lo agarró por el cuello y lo levantó en el aire como si fuera un muñeco de paja.
"¡Este tesoro es mío, Reif!", gritó Neitan. "Y no voy a dejar que me lo quites". Pero Reif, astuto como una serpiente, le dio un cabezazo a Neitan. Neitan lo soltó y Reif aprovechó para escapar corriendo por la cueva.
Neitan, aunque un poco aturdido, no se rindió. Sabía que Reif no iba a irse sin pelear. Lo persiguió por los laberintos de la cueva, esquivando trampas y evitando caer en precipicios. La cueva era un verdadero desafío, pero Neitan estaba decidido a superarlo.
Finalmente, Neitan llegó a una gran sala. En el centro de la sala, sobre un pedestal de piedra, estaba el tesoro: un cofre lleno de joyas, oro y diamantes que brillaban como estrellas. ¡Era más valioso de lo que jamás había imaginado!
Pero, ¡oh sorpresa!, Reif estaba allí, esperándolo. Tenía una bomba en la mano, lista para detonarla. "Si no puedo tener el tesoro, ¡nadie lo tendrá!", gritó Reif con una mirada de locura en los ojos.
Neitan sabía que tenía que actuar rápido. Se lanzó sobre Reif y lo derribó al suelo. Lucharon cuerpo a cuerpo, forcejeando por el control de la bomba. La bomba estaba a punto de explotar.
Con un último esfuerzo, Neitan le arrebató la bomba a Reif y la lanzó lejos, muy lejos, hacia un lago subterráneo. La bomba explotó en el agua, haciendo un ruido ensordecedor.
Reif, derrotado y furioso, huyó de la cueva. Neitan, exhausto pero victorioso, se quedó solo con el tesoro. Lo había logrado. Había superado todos los obstáculos y había vencido a su enemigo.
Neitan Drake regresó a su pueblo como un héroe. Compartió el tesoro con la gente que lo necesitaba y vivió muchas más aventuras emocionantes. Y Reif… bueno, Reif aprendió que no es bueno meterse con Neitan Drake. ¡Jamás! Porque Neitan Drake es más berraco que un verraco en un charco. Y así termina esta historia, ¡colorín colorado, este cuento se ha acabado! Y el que no se levante, ¡se queda pegado!
¿Te gustó el cuento?
Compártelo con otra familia o con tu clase, o descárgalo para imprimir.
El cuento de la semana
Un cuento gratis cada semana. Sin spam, te das de baja con un clic.
Herramientas del Cuento
Tu hijo es el héroe
Reescribir con el nombre de tu hijo como protagonista
Descargar como PDF
Cuento completo con ilustraciones listo para imprimir
Gratis
Diploma de lectura
Un diploma para imprimir con el nombre de tu peque. También para toda la clase.
Gratis
Regalar este cuento
Envíaselo a la abuela, a un tío o a quien quieras, con una dedicatoria.
Gratis
Insertar en tu blog o aula virtual
Copia un código y muestra este cuento en tu blog, Moodle o Google Sites.
Gratis
Agregar preguntas de comprensión
Literal, inferencial, crítico, creativo y vocabulario
Crear quiz de comprensión lectora
Preguntas de opción múltiple sobre este cuento
Crear página para colorear e imprimir
Dibujo en blanco y negro listo para el aula
Traducir cuento
Traducir a otro idioma preservando el estilo
Editar cuento
Modificar la historia con instrucciones específicas
Reescribir para niños más pequeños
Vocabulario más simple, oraciones más cortas
Reescribir para niños más grandes
Vocabulario más rico, mayor complejidad
Regenerar ilustraciones
Mantener el texto, generar nuevas imágenes
Crear mi Cuentito
¿Te inspiraste? ¡Crea tu propio Cuentito!
Usa IA para escribir un cuento personalizado en segundos.
Crear mi CuentitoCuentitos que también podrían gustarte

El jardín de las emociones
En el pequeño pueblo de Martín, Sofía y Lucas, descubren un jardín mágico lleno de plantas que representan diferentes emociones. Aprenden a cuidar sus propias emociones y ayudar a los demás a hacerlo también.

Héroes de la Naturaleza
Tres hermanos aprenden la importancia de cuidar el medio ambiente al salvar a un pájaro y un zorro, convirtiéndose en héroes locales.

El misterio del tiempo perdido
Lucía y su perro Pongo se pierden en una casa abandonada, donde descubren relojes antiguos que los llevan a explorar distintas habitaciones y encontrar la salida.

Manu y el desafío de Godzilla
Un niño valiente llamado Manu enfrenta a Godzilla para proteger su ciudad, demostrando que el coraje supera cualquier desafío.

Los programadores curiosos
Tres amigos curiosos descubren el fascinante mundo del software de computadoras, aprendiendo y creando juntos sus propios programas.

El Duende del Bosque Encantado
Tres estudiantes descubren a un solitario duende en el bosque encantado y prometen visitarlo todas las semanas, pero pronto deberán luchar contra un malvado troll para salvarlo.

El reloj mágico
Tomás, un joven solitario, viaja en el tiempo a través de un reloj mágico y aprende valiosas lecciones sobre la vida mientras hace amistad con una niña llamada Ana.

Naiara y la potranca salvaje
Naiara descubre clases de equitación y se convierte en una experta jinete, rescatando a una potranca perdida en el proceso.

Cristales Brillantes en el Bosque
Cuatro primos exploran el bosque y se enfrentan a un zorro hambriento, pero gracias a la astucia de Margarita, encuentran una cueva llena de cristales brillantes y aprenden sobre la importancia del trabajo en equipo y cuidado del medio ambiente.
Explora libros y crea historias
Puedes crear historias en libros existentes, crear tus propios libros con personajes o escribir historias independientes.



