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Gratis · elegí una vozHabía una vez un niño que se llamaba Román y vivía en un campo de Colonia Milessi. No era un campo cualquiera; era un campo vasto, verde y salpicado de pequeños riachuelos que cantaban melodías secretas al sol. Román conocía cada rincón, cada árbol y cada piedra de ese campo como la palma de su mano. Pero, sobre todo, amaba las noches. Las noches en Colonia Milessi eran especiales, el cielo se llenaba de tantas estrellas que parecía un campo de diamantes brillantes.
Román pasaba horas mirando las estrellas, imaginando historias sobre cada una de ellas. Creía que cada estrella era un pequeño ojo que lo observaba, lleno de sabiduría y secretos. Un día, mientras observaba el cielo nocturno, notó algo inusual. Una estrella, la más brillante de todas, parpadeaba de una manera extraña, como si estuviera intentando comunicarse con él.
Intrigado, Román decidió investigar. Al día siguiente, se levantó con el sol y se dirigió al punto del campo que, según sus cálculos, estaba directamente debajo de la estrella parpadeante. Caminó entre la hierba alta, sorteando las vacas lecheras que pastaban tranquilamente, hasta que llegó a un viejo roble. El roble era enorme, con raíces gruesas y retorcidas que parecían abrazar la tierra.
Al pie del roble, Román encontró una pequeña piedra brillante, la cual jamás había visto antes. La piedra emitía una luz suave y cálida, casi idéntica a la de la estrella que había visto parpadear la noche anterior. Román la tomó en su mano y sintió una extraña conexión con ella. De repente, escuchó una voz suave y melodiosa que parecía venir del interior de la piedra.
"Román… Román…", susurró la voz.
Román se asustó al principio, pero luego sintió una inmensa curiosidad. "¿Quién eres?", preguntó tímidamente.
"Soy Estela, la guardiana de este campo de estrellas", respondió la voz. "La estrella que viste parpadear soy yo. Necesito tu ayuda".
Román, valiente y aventurero, no dudó ni un segundo. "¿Qué puedo hacer para ayudarte, Estela?"
Estela le explicó que una sombra oscura amenazaba con cubrir el campo de estrellas. Una nube de tristeza y olvido se estaba extendiendo por el universo, apagando las estrellas una por una. La única forma de detenerla era encontrar tres objetos mágicos escondidos en el campo de Colonia Milessi: una pluma de colibrí arcoíris, una lágrima de luna y un susurro del viento.
Román aceptó la misión con entusiasmo. Sabía que no sería fácil, pero estaba dispuesto a hacer todo lo posible para salvar el campo de estrellas. Comenzó su búsqueda de inmediato. Primero, buscó la pluma de colibrí arcoíris. Sabía que los colibríes eran criaturas veloces y escurridizas, así que tuvo que ser muy paciente y observador. Después de horas de búsqueda, finalmente vio un colibrí con plumas de todos los colores del arcoíris revoloteando alrededor de una flor. Con cuidado, Román se acercó al colibrí y le habló con dulzura. El colibrí, sintiendo la bondad en el corazón de Román, dejó caer una de sus plumas.
Luego, Román buscó la lágrima de luna. Sabía que las lágrimas de luna solo caen en las noches de luna llena, en lugares donde la luz de la luna es más fuerte. Esa noche, Román se dirigió al lago más grande del campo. Se sentó a la orilla y esperó pacientemente. Cuando la luna llena alcanzó su punto más alto, Román vio una pequeña lágrima brillante caer en el agua. Con cuidado, la recogió con una hoja de nenúfar.
Finalmente, Román buscó el susurro del viento. Sabía que el viento hablaba en secreto a través de los árboles, pero tenía que encontrar la manera de escucharlo. Se dirigió al bosque más antiguo del campo y se sentó al pie del árbol más alto. Cerró los ojos y se concentró en el sonido del viento. Al principio, solo escuchó el silbido de las hojas, pero poco a poco, comenzó a distinguir una voz suave y lejana. El viento le susurraba secretos del universo, historias de amor y aventura. Román escuchó atentamente y guardó el susurro del viento en su corazón.
Con los tres objetos mágicos en su poder, Román regresó al roble donde había encontrado la piedra brillante. Allí, Estela lo estaba esperando. Román le entregó la pluma de colibrí arcoíris, la lágrima de luna y el susurro del viento. Estela tomó los objetos y los combinó, creando una luz brillante que se elevó hacia el cielo, disipando la nube de tristeza y olvido.
El campo de estrellas volvió a brillar con toda su fuerza. Estela agradeció a Román por su valentía y bondad. Le dijo que siempre sería el guardián del campo de estrellas, el niño que salvó el universo con su corazón puro. Desde ese día, Román siguió viviendo en el campo de Colonia Milessi, cuidando de las estrellas y recordando siempre el secreto que le había sido confiado.
Y cada noche, al mirar al cielo, Román sabía que Estela, la guardiana del campo de estrellas, lo estaba observando con gratitud y cariño.
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