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Gratis · elegí una vozSal era un granito de sal muy especial. No vivía en un salero aburrido, ¡no! Vivía en el Océano Brillante, un lugar donde las olas reían y los peces bailaban salsa. Sal tenía muchos amigos: la estrella de mar Estrella, el caballito de mar Caracolito y la alga Alguita. Todos los días, jugaban a las escondidas entre los corales y exploraban barcos hundidos llenos de tesoros brillantes.
Un día, Sal se despertó y notó algo extraño. El Océano Brillante no brillaba tanto como siempre. Es más, ¡estaba desapareciendo! El agua se había ido retirando, dejando al descubierto la arena y las rocas. Estrella, Caracolito y Alguita estaban muy preocupados.
"¿Dónde se fue toda el agua?" preguntó Estrella, con sus bracitos temblando.
"¡No lo sé! ¡Pero tenemos que encontrarla!" exclamó Caracolito, dando un brinco.
Sal, siendo el granito de sal más valiente del Océano Brillante, decidió tomar la iniciativa. "¡Vamos! Tenemos que averiguar qué está pasando."
Así, los cuatro amigos emprendieron un viaje para encontrar el agua perdida. Primero, visitaron al viejo Cangrejo Sabio, que vivía en una cueva profunda.
"Cangrejo Sabio, ¿sabes por qué el océano se está secando?" preguntó Sal.
El Cangrejo Sabio, con sus grandes pinzas, se rascó la cabeza. "Hmm, hmm... He escuchado rumores de un Gigante Sediento que vive en la Montaña Nublada. Dicen que bebe toda el agua para refrescarse."
"¡Un Gigante Sediento!" exclamaron los amigos al unísono.
"Sí, pero tengan cuidado. El camino a la Montaña Nublada es largo y peligroso," advirtió el Cangrejo Sabio.
Sin dudarlo, Sal, Estrella, Caracolito y Alguita se dirigieron a la Montaña Nublada. El camino fue difícil. Tuvieron que escalar rocas resbaladizas, cruzar desiertos de arena caliente y evitar a las medusas pinchonas. Pero su amistad y su determinación los mantuvieron adelante.
Finalmente, llegaron a la base de la Montaña Nublada. Era una montaña enorme, cubierta de nubes grises y amenazantes. En la cima, vieron una figura gigantesca: ¡el Gigante Sediento! Estaba bebiendo agua de un río que fluía desde la montaña.
"¡Ese es él!" susurró Estrella.
"¿Qué vamos a hacer? Es demasiado grande para nosotros," dijo Caracolito, temblando.
Sal pensó rápidamente. "Tengo una idea. Necesitamos distraerlo."
Sal le explicó su plan a sus amigos. Alguita, con su largo cuerpo, se enredaría en los pies del gigante. Estrella, con su brillo, cegaría sus ojos. Y Caracolito, con su voz aguda, lo molestaría con preguntas sin fin. Mientras tanto, Sal se acercaría al río y lo haría más salado, ¡tan salado que el Gigante Sediento no querría beberlo más!
El plan fue arriesgado, pero no tenían otra opción. Alguita se enredó en los pies del gigante, haciendo que tropezara. Estrella brilló con todas sus fuerzas, deslumbrando al gigante. Y Caracolito, con su voz chillona, comenzó a hacer preguntas sin parar: "¿Por qué bebes tanta agua? ¿No te duele la barriga? ¿De qué color son tus calcetines?"
El Gigante Sediento estaba confundido y molesto. "¡Dejen de molestarme!" gritó.
Mientras el gigante estaba distraído, Sal se acercó al río y se lanzó al agua. Se disolvió rápidamente, haciendo que el agua se volviera cada vez más salada. El Gigante Sediento tomó un gran sorbo y, de repente, hizo una mueca de asco.
"¡Ugh! ¡Qué asco! ¡Esta agua está horrible!" escupió el Gigante Sediento. "¡Nunca más beberé de este río!"
El Gigante Sediento, disgustado, se marchó de la Montaña Nublada en busca de otra fuente de agua. El agua del río, aunque salada, comenzó a fluir nuevamente hacia el Océano Brillante. Poco a poco, el océano comenzó a llenarse de nuevo.
Sal, Estrella, Caracolito y Alguita regresaron al Océano Brillante, donde fueron recibidos como héroes. El Océano Brillante volvió a brillar, los peces volvieron a bailar salsa y las olas volvieron a reír. Sal, el granito de sal valiente, aprendió que incluso el más pequeño puede hacer una gran diferencia, especialmente cuando tiene amigos a su lado.
Desde ese día, Sal se hizo aún más famoso. Los otros granitos de sal lo admiraban y querían ser tan valientes como él. Y el Océano Brillante, gracias a Sal y sus amigos, nunca volvió a estar en peligro de desaparecer.
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