Cuento corto para niños

¡Tábata y la Aventura Dulce de la Luneta Voladora!

Tábata, aburrida de la tarea, descubre una luneta mágica que la lleva a volar por el parque. Después de una divertida aventura y un pequeño susto, regresa a casa sana y salva, guardando el secreto de su luneta voladora.

A partir de: Luneta voladora Por Alejandra Gallardo A Tábata no le gusta hacer tareas. Desde que comenzó la pandemia y dejó de ir a la escuela, todo le parece aburrido. ¡Tábata es hora de hacer la tarea! ­dice su mamá. -¡No quiero!, ¡No me gusta! Además, no sé qué me dejó la maestra. -Solo tienes que hacer un cuento, tienes que imaginarte una historia. -¡No, no, yo no sé imaginar!, ¡ya no quiero imaginar! Y diciendo esto, corrió a su cuarto, cerró la puerta de un solo golpe. Se sentó en una silla junto a una mesa pequeña, sobre ésta había algunos dulces; tomó una bolsa de lunetas, las comería para quitarse el enojo. Al abrir el paquete, las lunetas saltaron por la mesa y se esparcieron por el piso. Dispuesta a recogerlas, comió algunas de las que quedaron sobe la mesa, pero al agacharse para levantar las que estaban en el suelo, se llevó una gran sorpresa; una de ellas…¡había crecido! Tábata abrió aún más sus almendrados ojos negros y, de inmediato subió sobre aquella luneta de cubierta sabor chocolate, su favorita. Levantó los brazos de felicidad y al instante la luneta se elevó, bajó los brazos y la luneta volvió al piso. Se le ocurrió estirarlos hacia enfrente y la luneta salió por la ventana con la feliz niña sobre ella. La piloto dirigía la luneta con solo mover los brazos, era muy divertido. La pequeña Tábata de tan solo cinco años de edad, decidió ir al parque que se encontraba a unos cinco kilómetros de su casa, era un lugar extenso y boscoso con árboles y arbustos de diversos tamaños, algunos eran muy altos. Con gran habilidad movía los brazos para subir en su luneta hasta la copa de los árboles más altos, para luego bajar y moverse entre ellos en zigzag. Se estaba divirtiendo mucho, sin embargo, tenía hambre y sed. También sus brazos se habían cansado y los sentía pesados. Pensó en que debía regresar a casa, No obstante, había dado tantas vueltas que no sabía por dónde salir. De pronto, al pasar cerca de una rama, se atoró del suéter. La luneta se desplomó y ella quedó colgada de una manga. ­¡Mamáaaaa! ­ Gritó al sentirse jalada por el árbol. Comenzó a llorar cerrando los ojos por el miedo a caer. No se había dado cuenta de que se había atorado en un arbusto y, que se encontraba a poca distancia del suelo. El grito lo escucharon un hombre y una mujer que paseaban juntos por el parque. De inmediato se acercaron y le ayudaron a bajar. ­ ¿Y tus padres? ­Vivo en la calle trece número trescientos uno, colonia Pro Hogar­ contestó con voz llorosa y tallándose los ojos. Aquellos paseantes la acompañaron a su casa. -¿Dónde estabas? -preguntó la madre. Tábata le contó de la luneta, pero creyó que era la historia para la tarea, le sonrió y le pidió que se alistara para comer. La niña estaba muy cansada y antes quería dormir, fue a su recámara y, ahí estaba de nuevo la luneta. Ahora, haciéndose grande y pequeña, parecía invitarla a jugar. Tábata la miró serenamente, sonrió, esperó a que se hiciera pequeña …la tomó y se la comió.

Empezar a leerPublicado el 14/04/2026

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A Tábata no le gusta hacer tareas. Desde que comenzó la pandemia y dejó de ir a la escuela, todo le parece aburrido.

¡Tábata es hora de hacer la tarea! ­dice su mamá.

-¡No quiero!, ¡No me gusta! Además, no sé qué me dejó la maestra.

-Solo tienes que hacer un cuento, tienes que imaginarte una historia.

-¡No, no, yo no sé imaginar!, ¡ya no quiero imaginar!

Y diciendo esto, corrió a su cuarto, cerró la puerta de un solo golpe. Se sentó en una silla junto a una mesa pequeña, sobre ésta había algunos dulces; tomó una bolsa de lunetas, las comería para quitarse el enojo. Al abrir el paquete, las lunetas saltaron por la mesa y se esparcieron por el piso. Dispuesta a recogerlas, comió algunas de las que quedaron sobre la mesa, pero al agacharse para levantar las que estaban en el suelo, se llevó una gran sorpresa; una de ellas…¡había crecido! Tábata abrió aún más sus almendrados ojos negros y, de inmediato subió sobre aquella luneta de cubierta sabor chocolate, su favorita.

Levantó los brazos de felicidad y al instante la luneta se elevó, bajó los brazos y la luneta volvió al piso. Se le ocurrió estirarlos hacia enfrente y la luneta salió por la ventana con la feliz niña sobre ella.

La piloto dirigía la luneta con solo mover los brazos, era muy divertido. La pequeña Tábata de tan solo cinco años de edad, decidió ir al parque que se encontraba a unos cinco kilómetros de su casa, era un lugar extenso y boscoso con árboles y arbustos de diversos tamaños, algunos eran muy altos.

Con gran habilidad movía los brazos para subir en su luneta hasta la copa de los árboles más altos, para luego bajar y moverse entre ellos en zigzag. Se estaba divirtiendo mucho, sin embargo, tenía hambre y sed. También sus brazos se habían cansado y los sentía pesados. Pensó en que debía regresar a casa, No obstante, había dado tantas vueltas que no sabía por dónde salir. De pronto, al pasar cerca de una rama, se atoró del suéter. La luneta se desplomó y ella quedó colgada de una manga.

¡Mamáaaaa! ­ Gritó al sentirse jalada por el árbol. Comenzó a llorar cerrando los ojos por el miedo a caer. No se había dado cuenta de que se había atorado en un arbusto y, que se encontraba a poca distancia del suelo.

El grito lo escucharon un hombre y una mujer que paseaban juntos por el parque. De inmediato se acercaron y le ayudaron a bajar.

¿Y tus padres?

Vivo en la calle trece número trescientos uno, colonia Pro Hogar­ contestó con voz llorosa y tallándose los ojos.

Aquellos paseantes la acompañaron a su casa.

-¿Dónde estabas? -preguntó la madre.

Tábata le contó de la luneta, pero creyó que era la historia para la tarea, le sonrió y le pidió que se alistara para comer. La niña estaba muy cansada y antes quería dormir, fue a su recámara y, ahí estaba de nuevo la luneta. Ahora, haciéndose grande y pequeña, parecía invitarla a jugar. Tábata la miró serenamente, sonrió, esperó a que se hiciera pequeña …la tomó y se la comió.

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Publicado el 14/04/2026

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