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Gratis · elegí una vozValentina era una niña pequeña con ojos color miel y un cabello castaño que siempre llevaba recogido en dos trenzas. A Valentina le encantaba dibujar, jugar en el jardín y escuchar las historias que le contaba su abuela. Pero Valentina no quería hablar. No es que no pudiera, simplemente no quería. Las palabras se le quedaban atascadas en la garganta como si fueran mariposas tímidas atrapadas en un frasco.
En la escuela, Valentina prefería escribir en su cuaderno o dibujar flores en los márgenes de los libros. Cuando la maestra le preguntaba algo, ella sonreía tímidamente y señalaba la respuesta en su cuaderno. Sus compañeros de clase, al principio, se extrañaban, pero pronto se acostumbraron a la forma silenciosa de Valentina. Algunos incluso aprendieron a “hablar” con ella a través de gestos y dibujos.
Un día, mientras caminaba por el bosque cerca de su casa, Valentina se perdió. El sol empezaba a esconderse entre los árboles y las sombras se alargaban, convirtiendo los arbustos en monstruos imaginarios. Valentina sintió un nudo en el estómago. Por primera vez, deseó con todas sus fuerzas poder hablar para pedir ayuda.
Mientras caminaba sin rumbo, escuchó un leve susurro. Provenía de un árbol muy antiguo con raíces gruesas y retorcidas. Valentina se acercó con cautela.
"¿Quién anda ahí?" susurró el árbol con una voz grave y temblorosa.
Valentina se asustó al principio, pero luego se dio cuenta de que el árbol no era peligroso. Simplemente era… viejo. Dudó si responder, pero la urgencia de encontrar el camino a casa la impulsó.
Valentina respiró hondo y, con un hilo de voz que casi no se escuchaba, dijo: "Me he perdido".
El árbol pareció sorprenderse. "¿Una niña que habla? Hace mucho tiempo que no escucho una voz en este bosque… El Bosque de las Palabras Perdidas, lo llaman algunos".
Valentina frunció el ceño. "¿Palabras perdidas?"
"Sí, niña. Palabras que la gente olvida, que no se atreve a decir, que se quedan atrapadas… Como las tuyas, quizás". El árbol sacudió sus ramas suavemente. "Puedo ayudarte a encontrar el camino a casa, pero a cambio, debes ayudarme a encontrar una palabra que he perdido".
"¿Qué palabra?" preguntó Valentina, sintiéndose un poco más valiente.
"Es una palabra muy importante… una palabra que da vida y alegría. La palabra… *gracias* ". El árbol suspiró. "La he buscado por todas partes, pero no la encuentro".
Valentina pensó por un momento. ¿Cómo podía encontrar una palabra perdida? Miró a su alrededor y vio las hojas secas amontonadas en el suelo, las flores silvestres que crecían entre las piedras y el cielo que se volvía naranja al atardecer. De repente, entendió.
Valentina se acercó al árbol y lo abrazó con fuerza. Luego, mirándolo a los ojos (o a lo que parecían ser sus ojos en la corteza), dijo con voz clara y fuerte: "Gracias por ayudarme".
En ese instante, una luz cálida envolvió el árbol y Valentina sintió una energía que la recorrió de pies a cabeza. El árbol sonrió (o al menos, eso pareció).
"¡La has encontrado! ¡Has encontrado la palabra perdida! Gracias, niña".
El árbol le indicó el camino a casa. Valentina caminó sintiéndose diferente. Las palabras ya no estaban atrapadas en su garganta. Ahora fluían libremente como un río.
Cuando llegó a casa, su abuela la estaba esperando con lágrimas en los ojos. Valentina corrió a abrazarla y le dijo: "Abuela, me he perdido, pero he encontrado algo muy importante".
Desde ese día, Valentina nunca más tuvo miedo de hablar. Hablaba con sus amigos, con su familia, con la maestra… Incluso hablaba con los árboles del bosque. Aprendió que las palabras son un regalo y que usarlas es una forma de compartir su corazón con el mundo. Y siempre, siempre recordaba darle las gracias al viejo árbol del Bosque de las Palabras Perdidas.
Al día siguiente, Valentina regreso al bosque y le dijo al arbol gracias por ayudarla a encontrar su voz. El arbol sonrió y le dijo: "De nada, Valentina. Ahora, ve y usa tu voz para hacer del mundo un lugar mejor". Valentina sonrió y corrió a jugar con sus amigos. Ella sabia que nunca olvidaria la lección que había aprendido en el Bosque de las Palabras Perdidas.
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