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Gratis · elegí una vozEn el salón de clases del Grupo 168, la coach Carmín, con una sonrisa brillante, invitó a todos a sentarse en el suelo. "¡Cierren los ojos!", exclamó. "Vamos a buscar en lo más profundo de nuestro corazón a ese niño que hemos perdido. ¡Tráiganlo de vuelta para seguir soñando y mantener la juventud eterna!".
Pero, ¡ay!, justo en ese momento, Doña Yolanda, toda quejumbrosa y achacosa, entró al salón. "¡Ay, Carmín, no puedo sentarme en el piso! ¡Me duele todo!", se lamentó. Carmín, comprensiva, pidió al staff que le trajera una silla. Doña Yolanda, ya sentada, seguía quejándose. "¡Me duele todo, que Dios me ampare!", suspiró. Cerró los ojos con fuerza y comenzó a hablar en voz baja. "¿Dónde andarás, chiquilla condenada, que no te encuentro? De seguro andas en las maquinistas, ¡canija! A ver, ¿dónde andas?... ¡Írala! ¡Ya te encontré! ¡Te estás comiendo el pan debajo de la cama!". Luego, con una voz más fuerte, exclamó: "¡Amigos, que te ocupo en mi vida actual! ¡Como de que no! ¡Ándale, chiquilla malcriada, o saco la chancla voladora!". Y finalmente, con una sonrisa pícara, dijo: "¡Ámonos riendo, para que digan que estamos locos, mi niña! ¡Sin Yolanda, Maricarmen!".
Carmín, con una gran sonrisa, dijo: "¡Abran los ojos, Grupo 168! Ahora que tienen a ese niño de vuelta, ¡vamos a jugar con la felicidad y la energía que habían perdido, por mensos!". De repente, ¡sonó música de Mario Bros a toda velocidad! Doña Yolanda, ¡oh, sorpresa!, se levantó de la silla y comenzó a bailar con todo el grupo y el staff. ¡Ya nada le dolía! Bailaba quebradita como una jovencita. Luego, empezó a saltar, a patear todas las pelotas, a saltar la cuerda a una velocidad increíble. ¡Incluso empezó a rodar por todo el salón, eufórica, echando marometas!
De pronto, ¡se apagó la luz! Una música lenta y suave llenó el salón. Todo se movía en cámara lenta. Se podía ver a Yolanda, ahora como un ángel, con todo el poder del niño que llevaba dentro, ¡arrollando uno a uno los miedos de Axel! Yolanda era el ángel de Axel. Axel, llorando, hacía como gorila, pues no podía controlar la euforia de su niñez. ¡Derribaba y derribaba todos los obstáculos hasta que todo el grupo terminó en el suelo, riendo a carcajadas!
Yolanda, triunfante, festejó como King Kong, bailando quebradita al ritmo de "La Chona". La alegría llenaba el salón. Todos habían encontrado a su niño interior y, con él, la felicidad y la energía que creían perdidas.
Al día siguiente, el Grupo 168 era diferente. Doña Yolanda, radiante, organizó una carrera de sacos en el parque. Axel, con una sonrisa enorme, construyó un castillo de arena gigante. Carmín, observando a todos, supo que la magia de la niñez era un tesoro que siempre llevarían consigo.
Un día, un niño llamado Miguelito, muy tímido y callado, observaba al Grupo 168 desde lejos. Se sentía solo y triste. Doña Yolanda, al verlo, se acercó a él. "¿Qué te pasa, pequeño?", le preguntó con dulzura.
Miguelito, con la voz temblorosa, respondió: "Me da miedo jugar. Creo que ya no soy un niño".
Doña Yolanda sonrió. "Tonterías", dijo. "Todos llevamos un niño dentro. Solo tienes que encontrarlo". Tomó la mano de Miguelito y lo llevó al centro del grupo. Le puso un antifaz de superhéroe y lo invitó a jugar a las escondidas.
Al principio, Miguelito se sentía incómodo, pero poco a poco, la risa y la alegría del grupo lo contagiaron. Corrió, se escondió, gritó y, por primera vez en mucho tiempo, se sintió feliz. Había encontrado a su niño interior. Esa tarde, Miguelito aprendió que la edad no importa, lo importante es mantener viva la alegría y la imaginación de la niñez.
Desde ese día, Miguelito se unió al Grupo 168 y se convirtió en uno de los más entusiastas. Juntos, exploraron el mundo con ojos de niño, descubriendo la magia en cada rincón. Aprendieron que la juventud eterna no se encuentra en una fuente mágica, sino en el corazón de cada uno. Y así, el Grupo 168, liderado por la valiente Doña Yolanda, continuó su aventura de la niñez perdida, contagiando de alegría y esperanza a todos los que los rodeaban. Porque, al final, todos necesitamos un poco de la magia de la niñez para enfrentar los desafíos de la vida con una sonrisa y un corazón lleno de sueños.
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