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Gratis · elegí una vozBenjamín, Santiago y Luis eran los mejores amigos del mundo. Les encantaba jugar juntos, especialmente en el jardín de la casa de Santiago, que era enorme y tenía un montón de escondites secretos. Santiago tenía un perro grande y peludo llamado Max, un San Bernardo bonachón al que le encantaba que le rascaran detrás de las orejas.
Un día soleado, Benjamín, Santiago y Luis estaban jugando a las escondidas en el jardín. Benjamín, con su energía inagotable, corría como un rayo, buscando el mejor lugar para esconderse. De repente, tropezó y cayó justo encima de la cola de Max, que estaba plácidamente echado al sol.
Max, sorprendido y adolorido, soltó un ladrido fuerte y, sin querer, mordió la cola de Benjamín. No fue una mordida fuerte, pero sí lo suficiente para asustar a Benjamín y hacerle llorar.
"¡Ay! ¡Mi colita! ¡Me duele!" gritó Benjamín, agarrándose la parte trasera con ambas manos.
Santiago y Luis corrieron hacia él, preocupados. "¿Qué pasó, Benjamín? ¿Estás bien?" preguntó Santiago, con el ceño fruncido.
Benjamín, con lágrimas en los ojos, explicó lo que había sucedido. Santiago se sintió muy mal. "Lo siento mucho, Benjamín. Max no quiso hacerlo. Él es muy bueno, solo se asustó," dijo Santiago, acariciando la cabeza de Max, quien parecía arrepentido y movía la cola tímidamente.
Luis, siempre práctico, sugirió: "Deberíamos ir a la enfermería. Quizás el doctor necesita revisarte la cola."
Santiago estuvo de acuerdo. "Sí, vamos. Mi mamá nos puede llevar."
Así que, con la mamá de Santiago al volante, Benjamín, Santiago y Luis se dirigieron a la enfermería del pueblo. Benjamín estaba muy nervioso. Nunca le habían mordido, ni siquiera un mosquito, y la idea de que un doctor le revisara la cola le daba un poco de miedo.
En la enfermería, la enfermera, una señora amable con una sonrisa cálida, los hizo pasar a la sala de espera. Benjamín se sentó en una silla, sintiéndose un poco mareado. Santiago y Luis trataron de animarlo contándole chistes tontos.
Finalmente, el doctor, un hombre alto con gafas y una bata blanca, los llamó a su consultorio. El doctor examinó la cola de Benjamín con mucho cuidado.
"A ver, a ver," dijo el doctor, "Parece que Max te dio un pequeño mordisco. No es nada grave, pero necesito limpiarte la herida y ponerte una inyección para prevenir cualquier infección."
Benjamín abrió los ojos como platos. "¿Una inyección? ¡No, por favor! ¡No me gustan las inyecciones!" exclamó, aferrándose a la mano de Santiago.
El doctor sonrió. "No te preocupes, Benjamín. Será solo un pinchacito, muy rápido. Y te prometo que después te sentirás mucho mejor."
La enfermera le dio a Benjamín un osito de peluche para que lo abrazara. Santiago y Luis lo animaban, diciéndole que era muy valiente. El doctor preparó la inyección. Benjamín cerró los ojos con fuerza y apretó el osito de peluche contra su pecho.
"Listo," dijo el doctor, después de unos segundos. "Ya está hecho. ¡Fuiste muy valiente, Benjamín!"
Benjamín abrió los ojos, sorprendido. No había dolido tanto como él esperaba. Sintió un pequeño pinchazo, pero nada más.
El doctor le puso una curita colorida en la cola y le dio una paleta de fresa. "Esta es tu recompensa por ser tan valiente," dijo el doctor con una sonrisa.
Benjamín se sintió mucho mejor. La paleta de fresa era deliciosa y el doctor le había dicho que todo estaba bien. Agradeció al doctor y a la enfermera y salió de la enfermería con Santiago y Luis.
De vuelta en casa de Santiago, Benjamín se acercó a Max con un poco de cautela. Max, al verlo, se acercó a él moviendo la cola y lamiéndole la mano. Benjamín le acarició la cabeza suavemente.
"Está bien, Max," dijo Benjamín. "Ya no estoy enojado contigo. Solo ten cuidado con mi colita la próxima vez."
Santiago, Luis y Benjamín volvieron a jugar en el jardín, esta vez con más cuidado. Benjamín aprendió una lección importante: a veces, los accidentes ocurren, pero lo importante es ser valiente y perdonar. Y Max aprendió que las colas de los amigos no son para morder. Desde ese día, Max y Benjamín se hicieron aún más amigos, y Benjamín siempre recordaría la aventura de su colita y la inyección valiente.
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