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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un mundo lleno de colores brillantes y árboles sonrientes, una niña llamada Sofía. Sofía era una niña muy curiosa, con ojos grandes y llenos de preguntas. Un día, Sofía se preguntó: "¿Dónde viven los monstruos? ¿Serán monstruos tristes o monstruos felices?".
Sofía decidió emprender una aventura para descubrirlo. Tomó su mochila, donde guardó una manzana roja y un dibujo de su gato, Michi, y se adentró en el bosque. No tenía miedo, solo sentía curiosidad y un poquito de emoción.
Caminó y caminó hasta que llegó a un claro. En el centro del claro, ¡oh sorpresa!, había una puerta gigante, hecha de hojas y flores. La puerta tenía un cartel que decía: "Bienvenidos al Valle de los Monstruos". Sofía respiró hondo y empujó la puerta.
Al otro lado, no encontró monstruos horribles, sino monstruos… ¡muy coloridos y divertidos! Había monstruos morados con un solo ojo que jugaban a las escondidas, monstruos verdes con tres brazos que pintaban arcoíris en el cielo, y monstruos naranjas con grandes orejas que escuchaban música suave.
Uno de los monstruos naranjas, llamado Orejotas, vio a Sofía y se acercó tímidamente. “¡Hola!”, dijo Orejotas, con una voz suave como el viento. “¿Eres una niña? ¿Qué haces aquí?”.
Sofía le explicó que quería saber dónde vivían los monstruos y si eran felices. Orejotas sonrió, y su sonrisa era tan grande que casi le llegaba a las orejas. “¡Claro que somos felices! Aquí todos somos amigos y nos cuidamos unos a otros”.
Orejotas le presentó a Sofía a los demás monstruos. Conoció a Ojo Único, el monstruo morado, que era un campeón jugando a las escondidas, aunque con un solo ojo a veces era difícil. Conoció a Tres Brazos, el monstruo verde, que era un artista increíble y siempre estaba dispuesto a compartir sus pinturas.
Sofía se dio cuenta de que los monstruos no eran como los imaginaba. No eran malos ni asustadizos, sino amables, divertidos y un poco… ¡torpes!
De repente, Ojo Único tropezó y se cayó. Se raspó la rodilla y empezó a llorar. Sofía sintió tristeza por él. Rápidamente, Tres Brazos le ofreció una de sus pinturas para que se la pusiera en la rodilla. “¡Verás que así se cura más rápido!”, dijo Tres Brazos.
Pero Ojo Único seguía llorando. Sofía recordó la manzana que tenía en su mochila. Se la ofreció a Ojo Único. “Ten, una manzana. ¡Es deliciosa y te hará sentir mejor!”.
Ojo Único mordió la manzana y, poco a poco, dejó de llorar. “¡Gracias, Sofía!”, dijo. “¡Esta manzana está muy rica!”.
Sofía se dio cuenta de que, aunque los monstruos fueran diferentes, también sentían tristeza, alegría y necesitaban amigos. Pasó toda la tarde jugando con los monstruos. Jugaron a las escondidas, pintaron arcoíris y escucharon música suave.
Cuando el sol comenzó a ocultarse, Sofía supo que era hora de volver a casa. Se despidió de sus nuevos amigos, prometiéndoles que volvería a visitarlos pronto. Orejotas le dio un abrazo gigante, Tres Brazos le regaló un dibujo de un arcoíris, y Ojo Único le dio una piedra brillante que había encontrado en el bosque.
Sofía regresó a casa con el corazón lleno de alegría. Ahora sabía dónde vivían los monstruos: en un valle lleno de amistad y colores. Y también sabía que, aunque fueran diferentes, todos necesitaban cariño y un amigo que los hiciera sentir mejor. Esa noche, Sofía soñó con monstruos felices y arcoíris brillantes. Desde ese día, Sofía nunca más tuvo miedo de los monstruos, porque sabía que en el fondo, todos somos un poco monstruos, y todos necesitamos amigos.
Al día siguiente Sofía regreso al valle y le llevo a Michi para que conociera a sus amigos monstruos. Michi al principio estaba un poco asustado pero pronto se hizo amigo de todos, especialmente de Orejotas a quien le gustaba ronronear en sus grandes orejas. Sofía, Michi y los monstruos vivieron muchas aventuras juntos en el valle, aprendiendo siempre sobre la amistad y la importancia de aceptar a los demás tal como son.
Y así, el Valle de los Monstruos Felices se convirtió en un lugar aún más especial, lleno de risas, colores y, sobre todo, ¡mucha amistad! Sofía aprendió que la amistad no tiene fronteras y que los monstruos, aunque a veces parezcan diferentes, también tienen un corazón grande y lleno de amor.
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