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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un país lleno de colores brillantes y suaves melodías, una niña llamada Sofía. Sofía tenía tres años y le encantaba jugar con sus juguetes y comer galletas de chocolate. Un día, Sofía se preguntó: "¿Dónde viven la alegría y la tristeza dentro de mí?".
Mamá, que siempre tenía una respuesta para todo, le dijo: "¡Qué buena pregunta, Sofía! La alegría y la tristeza viven en diferentes partes de tu cuerpo. ¿Quieres que te enseñe dónde?".
Sofía asintió con entusiasmo. "¡Sí, por favor!"
"La alegría", explicó Mamá, "vive en tu barriguita. Cuando sientes alegría, tu barriguita se siente como si tuviera cosquillas suaves y mariposas revoloteando. ¡Es una sensación muy divertida!".
"¡Guau!", exclamó Sofía, imaginando las mariposas. "¿Y la tristeza?".
"La tristeza", continuó Mamá con voz suave, "vive en tu corazón. Cuando estás triste, tu corazón se siente pesado, como si tuviera una piedra pequeñita adentro. A veces, te dan ganas de llorar, porque la tristeza necesita salir".
Un día, Sofía estaba jugando con su oso de peluche favorito, Tito. De repente, su hermano mayor, Tomás, le quitó a Tito para jugar él. Sofía sintió que su corazón se ponía pesado. ¡La tristeza había llegado!
Sus ojos se llenaron de lágrimas y empezó a llorar. Mamá se acercó y la abrazó. "Ya veo que estás triste, Sofía. La tristeza está en tu corazón".
Sofía asintió, abrazando a su Mamá con fuerza. Mamá le dijo: "Cuando estás triste, puedes hacer algo para que la tristeza se vaya. Puedes respirar hondo, como si estuvieras inflando un globo en tu barriga. Luego, soplas suavemente para desinflarlo. ¡Así, la tristeza se va un poquito!".
Sofía intentó respirar hondo, inflando su barriguita como un globo. Luego, sopló suavemente. Lo hizo varias veces. Poco a poco, su corazón se sintió menos pesado. Mamá le devolvió a Tito. Sofía abrazó a Tito con cariño.
Al día siguiente, Sofía estaba jugando en el parque con sus amigos. Estaban construyendo un castillo de arena gigante. De repente, Sofía sintió cosquillas en su barriguita. ¡La alegría había llegado!
Empezó a reír y a saltar de alegría. Ayudó a sus amigos a construir el castillo y se divirtió muchísimo. La alegría llenaba todo su cuerpo. Mamá, que la observaba desde lejos, sonrió. Sabía que Sofía estaba aprendiendo a reconocer y manejar sus emociones.
Esa tarde, Mamá le enseñó a Sofía un truco para cuando siente mucha alegría: "Cuando estés muy alegre, puedes dibujar tu alegría. Dibuja todas las cosas que te hacen feliz: el sol, las flores, tus amigos, ¡todo lo que te haga sentir esas cosquillas en la barriguita!".
Sofía agarró sus crayones y empezó a dibujar. Dibujó el sol sonriendo, flores de todos los colores, a sus amigos jugando y a ella misma riendo. Al terminar, el dibujo estaba lleno de color y alegría. Sofía lo colgó en su habitación para recordarle siempre lo feliz que se sentía.
Desde entonces, Sofía supo dónde vivían la alegría y la tristeza en su cuerpo. Cuando se sentía triste, respiraba hondo como si inflara un globo. Y cuando se sentía alegre, dibujaba su alegría en un papel. Aprendió que todas las emociones son importantes y que está bien sentirlas. Y lo más importante, aprendió que siempre podía encontrar la manera de sentirse mejor.
Un día, Tomás, el hermano de Sofía, estaba muy triste porque había perdido su juguete favorito. Sofía se acercó a él y le dijo: "Tomás, sé que estás triste. La tristeza vive en tu corazón. Pero puedes respirar hondo como si inflaras un globo. ¡Eso te ayudará un poquito!".
Tomás intentó respirar hondo como le había enseñado Sofía. Y aunque no se sintió completamente feliz de inmediato, se sintió un poquito mejor. Sofía le dio un abrazo y le dijo: "¡Todo estará bien, Tomás! Buscaremos tu juguete juntos".
Juntos, Sofía y Tomás buscaron el juguete perdido. Y después de un rato, ¡lo encontraron! Tomás se puso muy contento y abrazó a Sofía. Había aprendido que incluso cuando estás triste, la alegría puede volver. Y Sofía aprendió que podía ayudar a los demás a manejar sus propias emociones. Y así, Sofía y Tomás vivieron felices, aprendiendo a conocer y aceptar todas sus emociones, sabiendo que la alegría y la tristeza siempre estarían ahí, dentro de ellos, esperando ser sentidas y comprendidas.
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