Cuento corto para niños

¡El Asombroso Club de los Valientes!

Alan, un niño que es testigo del abuso de Samuel, recibe la visita de Nala, quien le revela que en otro mundo es conocido como el Rey de los Valientes. Inspirado por Nala, Alan crea el Club de los Valientes, uniendo a sus compañeros para defenderse pacíficamente de Samuel, quien finalmente se arrepiente y se une a ellos.

A partir de: EL CLUB DE LOS VALIENTES. Samuel era más alto y fuerte que sus compañeros de clase, y pensaba que todos los problemas se solucionaban por la fuerza. Cuando alguno se negaba a hacer lo que él quería, lo amenazaba con hacerle daño. Muchos chicos, por miedo, lo seguían y hacían lo que él decía, pero Alan no. Aquella mañana los niños aplaudían y gritaban. - ¡ Bravo! ¡Bien por Samuel ! ¡Eres el más fuerte!. Y Samuel levantó los brazos en señal de victoria, mientras Alan, permanecía en el suelo con miedo. No quería permitir que Samuel le quitara su bocadillo, pero este lo había empujado con fuerza y ahora se lo estaba comiendo delante de sus narices. Aún estaba en el suelo cuando Don Alberto, su profesor, se acercó: -¿Qué está pasando aquí? - les preguntó a todos. - Nada, profe, solo es una pelea- contestó uno de los chicos. -¿Quién ha empezado? ¿Quién te ha pegado?- preguntó dirigiéndose a Alan mientras lo ayudaba a levantarse. Alan se quedó callado. Su cabeza daba vueltas buscando una respuesta, pues no sabía qué hacer: si decía la verdad Samuel se enfadaría, si decía que él había empezado la pelea, no estaría diciendo la verdad. Alan tenía una problema, un serio problemas y no sabía que hacer. - No ha sido nada, profe, solo una pelea sin importancia- contestó. - Pues ya me dirás qué haces en el suelo. - Es que Samuel me ha empujado sin querer y yo me he caído. Don Alberto no se quedó muy convencido de la explicación pero decidió no seguir preguntando y mandó a todos a clase. Alan tuvo que oír cómo todos le decían en voz baja: ¡ No has dicho la verdad! Se sintió mal pero no dijo nada, e intentó olvidarse de todo lo ocurrido cuanto antes. Al salir del colegio volvió paseando hasta su casa, triste y pensativo, sin darse cuenta de que alguien lo seguía. - ¡ Hola, buenas tardes, Alan! - le dijo una niña con cara sonriente. - ¿Quién eres? No te conozco ¿Y cómo sabes mi nombre? - Sé todo de ti, me llamo Nala – le contestó con cara pícara. Alan se quedó mirándola extrañado. - Vengo de un mundo diferente al tuyo y allí todos te conocen. Alan se quedó con la boca abierta sin comprender, y le dijo: - ¿Qué me conocen en otro mundo? No entiendo nada. - Si quieres te lo puedo explicar- dijo ella. - Sí, por favor, te escucho – le pidió Alan. - En mi mundo te llaman el Rey de los Valientes porque sabes defenderte sin utilizar la fuerza, y, cuando tienes algún problema lo resuelves sin pelear y con respeto. Alan bajó la cabeza y dijo a Nala avergonzado: - Yo no soy Valiente. Esta mañana un chico de clase me ha pegado y no he sabido defenderme. - El chico que te ha pegado seguramente es un cobarde que usa la fuerza porque tiene miedo. - ¿Qué Samuel es un miedoso? Tú no lo conoces. - Sí, Alan. Si utiliza la fuerza es que quiere asustaros porque en el fondo le dais miedo, ¿no crees? - Bueno, si lo miras de esa manera, puede que tengas razón. - Hoy he venido precisamente hasta aquí para recordarte que dentro de ti hay valentía, aunque tú no lo creas. Recuerda que en mi mundo te llaman el Rey de los Valientes porque te gusta resolver los problemas sin pelear y con respeto. Los dos siguieron hablando mientras se acercaban a la casa de Alan. - ¿Volveré a verte? Me ha gustado mucho lo que me has contado. Y Nala le dijo: - Pronto nos volveremos a ver… Y, en cuanto dijo la última palabra, desapareció de su vista. A Alan le pareció que todo había sido un sueños, pero al entrar en casa, su madre le preguntó: - Alan, ¿quién era esa chica? - Nadie, mamá. Una chica que he conocido hoy. Se llama Nala. Al día siguiente Alan llegó a clase con un plan. Hablo con algunos compañeros con los que Samuel siempre se metía y les dijo: - Samuel es uno y nosotros muchos. Propongo que cada vez que se meta con uno de nosotros, los demás nos pongamos delante defendiéndolo. ¿Qué os parece? - ¡Bien!, ¿pero debemos pelear con él? - No, no -dijo Alan -, no debemos pelear con él. En cuanto nos vea a todos juntos, seguro que no se atreve, porque en el fondo nos tiene miedo. Si os parece podemos formar un club. Se llama el Club de los Valientes. ¿Os gusta el nombre? A todos les pareció una idea estupenda, así que decidieron hacerse un escudo que los identificara como un equipo. Se lo pondrían con un imperdible en la chaqueta, para recordar que eran unos valientes y podían resolver los problemas de forma pacífica. El club de los Valiente creció y creció, porque ser socio tenía muchas ventajas, y Samuel se dio cuenta de que, lo que hacía no estaba bien, así que decidió pedirles perdón y jugar con ellos de forma pacífica. Y nunca más volvió a molestarlos. Alan no se olvidó de su amiga Nala y todavía espera que algún día vuelva de nuevo a visitarlo y le cuente más cosas de su mundo.

Empezar a leerPublicado el 14/04/2026

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Samuel era más alto y fuerte que sus compañeros de clase, y pensaba que todos los problemas se solucionaban por la fuerza. Cuando alguno se negaba a hacer lo que él quería, lo amenazaba con hacerle daño. Muchos chicos, por miedo, lo seguían y hacían lo que él decía, pero Alan no.

Aquella mañana los niños aplaudían y gritaban. - ¡ Bravo! ¡Bien por Samuel ! ¡Eres el más fuerte!. Y Samuel levantó los brazos en señal de victoria, mientras Alan, permanecía en el suelo con miedo. No quería permitir que Samuel le quitara su bocadillo, pero este lo había empujado con fuerza y ahora se lo estaba comiendo delante de sus narices.

Aún estaba en el suelo cuando Don Alberto, su profesor, se acercó:

-¿Qué está pasando aquí? - les preguntó a todos.

- Nada, profe, solo es una pelea- contestó uno de los chicos.

-¿Quién ha empezado? ¿Quién te ha pegado?- preguntó dirigiéndose a Alan mientras lo ayudaba a levantarse.

Alan se quedó callado. Su cabeza daba vueltas buscando una respuesta, pues no sabía qué hacer: si decía la verdad Samuel se enfadaría, si decía que él había empezado la pelea, no estaría diciendo la verdad. Alan tenía una problema, un serio problemas y no sabía que hacer.

- No ha sido nada, profe, solo una pelea sin importancia- contestó.

- Pues ya me dirás qué haces en el suelo.

- Es que Samuel me ha empujado sin querer y yo me he caído.

Don Alberto no se quedó muy convencido de la explicación pero decidió no seguir preguntando y mandó a todos a clase. Alan tuvo que oír cómo todos le decían en voz baja: ¡ No has dicho la verdad!

Se sintió mal pero no dijo nada, e intentó olvidarse de todo lo ocurrido cuanto antes.

Al salir del colegio volvió paseando hasta su casa, triste y pensativo, sin darse cuenta de que alguien lo seguía.

- ¡ Hola, buenas tardes, Alan! - le dijo una niña con cara sonriente.

- ¿Quién eres? No te conozco ¿Y cómo sabes mi nombre?

- Sé todo de ti, me llamo Nala – le contestó con cara pícara. Alan se quedó mirándola extrañado.

- Vengo de un mundo diferente al tuyo y allí todos te conocen.

Alan se quedó con la boca abierta sin comprender, y le dijo:

- ¿Qué me conocen en otro mundo? No entiendo nada.

- Si quieres te lo puedo explicar- dijo ella.

- Sí, por favor, te escucho – le pidió Alan.

- En mi mundo te llaman el Rey de los Valientes porque sabes defenderte sin utilizar la fuerza, y, cuando tienes algún problema lo resuelves sin pelear y con respeto.

Alan bajó la cabeza y dijo a Nala avergonzado:

- Yo no soy Valiente. Esta mañana un chico de clase me ha pegado y no he sabido defenderme.

- El chico que te ha pegado seguramente es un cobarde que usa la fuerza porque tiene miedo.

- ¿Qué Samuel es un miedoso? Tú no lo conoces.

- Sí, Alan. Si utiliza la fuerza es que quiere asustaros porque en el fondo le dais miedo, ¿no crees?

- Bueno, si lo miras de esa manera, puede que tengas razón.

- Hoy he venido precisamente hasta aquí para recordarte que dentro de ti hay valentía, aunque tú no lo creas. Recuerda que en mi mundo te llaman el Rey de los Valientes porque te gusta resolver los problemas sin pelear y con respeto.

Los dos siguieron hablando mientras se acercaban a la casa de Alan.

- ¿Volveré a verte? Me ha gustado mucho lo que me has contado. Y Nala le dijo: - Pronto nos volveremos a ver…

Y, en cuanto dijo la última palabra, desapareció de su vista.

A Alan le pareció que todo había sido un sueños, pero al entrar en casa, su madre le preguntó:

- Alan, ¿quién era esa chica?

- Nadie, mamá. Una chica que he conocido hoy. Se llama Nala.

Al día siguiente Alan llegó a clase con un plan. Hablo con algunos compañeros con los que Samuel siempre se metía y les dijo:

- Samuel es uno y nosotros muchos. Propongo que cada vez que se meta con uno de nosotros, los demás nos pongamos delante defendiéndolo. ¿Qué os parece?

- ¡Bien!, ¿pero debemos pelear con él?

- No, no -dijo Alan -, no debemos pelear con él. En cuanto nos vea a todos juntos, seguro que no se atreve, porque en el fondo nos tiene miedo. Si os parece podemos formar un club. Se llama el Club de los Valientes. ¿Os gusta el nombre?

A todos les pareció una idea estupenda, así que decidieron hacerse un escudo que los identificara como un equipo. Se lo pondrían con un imperdible en la chaqueta, para recordar que eran unos valientes y podían resolver los problemas de forma pacífica.

El club de los Valiente creció y creció, porque ser socio tenía muchas ventajas, y Samuel se dio cuenta de que, lo que hacía no estaba bien, así que decidió pedirles perdón y jugar con ellos de forma pacífica. Y nunca más volvió a molestarlos.

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Publicado el 14/04/2026

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