Cuento corto para niños

El Camino de Carmela: Una Aventura en el Cerro Otto

Carmela, una niña mapuche, ve cómo su comunidad es encerrada por una cerca. Con la ayuda de su familia y la justicia, luchan por recuperar su camino y su libertad, enseñando a sus vecinos sobre su cultura y construyendo un futuro juntos.

A partir de: indígenas y aclaró que previamente a realizarse los trabajos de campo, en este caso, se notificó al Ministerio de Defensa de la Nación, al Ministerio de Gobierno de la provincia de Río Negro y a la Intendencia del parque Nahuel Huapi. Mencionó también que el artículo 18 del Código Civil y Comercial de la Nación dispone que las comunidades indígenas reconocidas tienen derecho a la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan y de aquellas otras aptas y suficientes para el desarrollo humano. “Deviene innecesario convocar ni consultar a Arelauquen y a la Municipalidad ya que el relevamiento técnico jurídico y catastral no requiere la participación en el proceso de los titulares registrales ni terceros, toda vez que no modifica, no extingue ni crea derechos y obligaciones para ninguna de las partes”, planteó el INAI ante las quejas del privado, que invoca "perjuicios irreparables", y el Municipio que aduce "avasallamiento" de su dominio."Nos querían cansar, a mi hermano le pegaron más de cuatro veces, lo pasaban por debajo de un alambre porque decían que andaba merodeando por el country, nos corrían los animales, alambraron detrás de su galpón", dice Luisa sobre lo que padeció su hermano José Ángel. "Una vez vinieron a quemarle la ruca (casa), no pensaron que estábamos todos adentro, pero no nos vamos a dejar matar” y sintetiza: "El aislamiento nos empobreció, pero el daño emocional fue aún mayor”. La jueza federal que menciona Luisa es María Silvina Domínguez, magistrada subrogante que se acaba de jubilar. Ella había recorrido este territorio del cerro Otto y en julio falló a favor de la comunidad Quijada, al rechazar los planteos de Arelauquen Golf & Country Club SA. El conflicto comenzó hace casi una década y media cuando ese barrio privado cerró el paso del camino que los integrantes de la Lofche José Celestino Quijada utilizaban cada día para ir al trabajo, la escuela y el hospital. El juez federal Gustavo Zapata había ordenado a la empresa dueña del barrio privado restablecer el paso, al considerar que el mismo es “de tránsito libre e incondicionado entre el territorio ocupado por la comunidad y el Barrio Unión de esta ciudad” (...) y "la paralización inmediata de toda obra y/o movimiento de suelo que esté desarrollando sobre el territorio ocupado por la comunidad Lofche". Ese fallo fue ratificado por la jueza Domínguez en julio. Así, el selecto country --ubicado a orillas del Lago Gutiérrez-- estaba obligado a cumplir las órdenes judiciales confirmadas por la magistrada que, además, convocó a las partes para dialogar sobre la ejecución de la sentencia.Catorce años aguantaron las siete familias de la comunidad mapuche Celestino Quijada que los dueños del barrio privado Arelauquen los dejaran encerrados en la ladera sur del cerro Otto, cerca de Bariloche. "Recién por orden de una jueza federal están corriendo el alambrado, y van a poner la luz y el agua", dice a Página/12 Luisa Quijada, ahora que recuperó señal en su teléfono. "Todos estos años nos encerraron porque tienen plata nomás, una no tiene, mis hermanos tuvieron que dejar a los chicos chiquitos en el pueblo para ir a la escuela porque sino no estudiaban, un médico acá no podía entrar, para ir a buscar un kilo de carne había que escalar todo el cerro", agrega la mujer mapuche que es la Inan Lonko (líder política y espiritual). "La apuesta del country era cansarlos y que se fueran, porque incluso los estaban privando de los servicios básicos como agua y electricidad", explica el abogado de la comunidad, Matías Schraer.Bariloche: la cara oculta del conflicto por tierras mapuches usurpadas por el country Arelauquen El mayor temor de Arelauquen consiste en que la devolución de las tierras a la Lofche Celestino Quijada derive en la construcción de una "villa" al lado de su alambrado, lo que desplomaría el valor inmobiliario del emprendimiento, explicó el abogado de la comunidad. (crea un cuento con personajes, Carmela, Faustino, Monse, Facundo esos nombres por si necesitas los de los personajes, con imágenes

Empezar a leer ↓Publicado el 14/04/2026

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Carmela era una niña curiosa que vivía con su familia en las laderas del Cerro Otto, cerca de Bariloche. Su abuelo, Faustino, le contaba historias antiguas de su comunidad mapuche, la Lofche Celestino Quijada, y de cómo siempre habían vivido en esas tierras. Carmela amaba explorar el cerro, recogiendo flores silvestres y observando a los pájaros carpinteros.

Pero últimamente, Carmela notaba que algo andaba mal. El camino que siempre usaban para ir al pueblo estaba bloqueado por una gran cerca nueva, brillante y amenazante. La cerca pertenecía a un barrio privado llamado Arelauquen. Sus hermanos, Monse y Facundo, tenían que caminar mucho más para ir a la escuela, y su abuela se cansaba mucho cuando iban al hospital.

Un día, Carmela escuchó a sus padres hablar preocupados. "Nos están encerrando," dijo su mamá, Luisa. "Quieren que nos vayamos." Carmela no entendía por qué alguien querría que se fueran de su hogar. El abuelo Faustino, con su voz tranquila pero firme, les recordó: "Estas tierras son nuestras por derecho. No nos rendiremos."

La vida se volvió más difícil. A veces, no tenían agua ni luz. Carmela recordaba las historias de su abuelo sobre cómo antes podían ir al lago Gutiérrez sin problemas, pero ahora la cerca lo impedía. Los animales de su familia también sufrían; a veces, los encontraban heridos cerca de la cerca.

Un día, Luisa les contó que habían pedido ayuda a una jueza, la jueza Domínguez. La jueza había visitado su comunidad y había escuchado sus problemas. Carmela sintió una chispa de esperanza.

Pasaron los meses, y la espera se hizo larga. Un día soleado, mientras Carmela jugaba con Monse y Facundo cerca de la cerca, escucharon un ruido. ¡Era una máquina! Estaba derribando la cerca.

Carmela corrió a abrazar a su mamá. Luisa sonreía, con lágrimas en los ojos. "¡Lo logramos!", exclamó. "La jueza nos ha dado la razón. ¡El camino está libre!"

La comunidad entera celebró. El abuelo Faustino organizó una ceremonia, agradeciendo a la tierra y a los antepasados. Carmela, Monse y Facundo corrieron por el camino recién liberado, sintiendo la alegría de la libertad.

Pero la alegría no duró mucho. Los dueños del barrio privado no estaban contentos. Dijeron que si los dejaban pasar, construirían una "villa" allí, y sus casas perderían valor. Carmela no entendía de villas ni de valores, solo sabía que ese era su hogar y que tenían derecho a vivir allí en paz.

Un día, Carmela tuvo una idea. Decidió hacer algo especial para mostrarle a la gente de Arelauquen que no eran una amenaza. Con la ayuda de Monse y Facundo, preparó una canasta llena de flores silvestres, pan casero y miel de sus abejas.

Caminaron hasta la entrada del barrio privado y le pidieron al guardia que le entregara la canasta a los vecinos. El guardia, un poco sorprendido, aceptó.

Al día siguiente, Carmela encontró una nota pegada en su puerta. Decía: "Gracias por el regalo. Nos gustaría hablar con ustedes." La nota estaba firmada por algunos vecinos de Arelauquen.

Luisa, con un poco de temor, aceptó reunirse con ellos. Carmela la acompañó. En la reunión, los vecinos escucharon atentamente las historias de la familia de Carmela. Aprendieron sobre su cultura, sus tradiciones y su amor por la tierra.

Carmela les mostró sus dibujos del cerro Otto, de los cóndores que volaban sobre sus cabezas y de las flores que crecían en sus jardines. Les habló de su sueño de construir una escuela para que todos los niños de la comunidad pudieran aprender su lengua y su cultura.

Los vecinos, al escuchar a Carmela, entendieron que no eran una amenaza. Vieron que eran personas como ellos, con sueños y esperanzas. Decidieron apoyarlos.

Juntos, la comunidad mapuche y los vecinos de Arelauquen comenzaron a trabajar juntos. Arreglaron el camino, construyeron una escuela y crearon un jardín comunitario donde todos podían sembrar sus propios alimentos.

Carmela aprendió que, aunque a veces hay personas que intentan quitarte lo que es tuyo, siempre hay esperanza. Y que, a veces, la mejor manera de vencer el miedo y la incomprensión es con amor, respeto y una canasta llena de flores silvestres. Con el tiempo, Carmela se convirtió en una líder de su comunidad, siguiendo los pasos de su abuelo y defendiendo los derechos de su pueblo. Y siempre recordaba la lección que aprendió en el Cerro Otto: que la unión hace la fuerza y que el camino de la paz siempre es el mejor camino.

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Publicado el 14/04/2026

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