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Gratis · elegí una vozEn un jardín verde y frondoso, vivía un caracol llamado Curita. Curita no era un caracol cualquiera; era conocido por su bondad y su habilidad para encontrar soluciones a los problemas de sus amigos. Un día soleado, mientras se deslizaba lentamente sobre una hoja de lechuga, Curita escuchó un gemido.
"¡Ay, ay, mi barriga!"
Curita, preocupado, se dirigió hacia el sonido. Allí, acurrucado debajo de un hongo gigante, estaba su amigo Erizo, con una expresión de dolor en su rostro espinoso.
"¡Erizo! ¿Qué te pasa?", preguntó Curita, acercándose con cautela.
"¡Oh, Curita! Me duele mucho la barriga", respondió Erizo, abrazándose a sí mismo. "Comí demasiadas bayas ayer, y creo que algunas estaban un poco verdes".
Curita frunció el ceño. Sabía que las bayas verdes podían ser problemáticas para los estómagos sensibles. "No te preocupes, Erizo", dijo Curita con voz tranquilizadora. "Voy a ayudarte. Conozco un remedio que te hará sentir mejor".
Curita se puso en marcha de inmediato. Primero, se dirigió hacia el huerto del Señor Conejo. El Señor Conejo era un jardinero sabio y amable, y Curita sabía que podría tener lo que necesitaba.
"¡Señor Conejo! ¡Señor Conejo!", gritó Curita, llegando a la puerta del huerto.
El Señor Conejo, con sus grandes orejas atentas, asomó la cabeza por encima de una hilera de zanahorias. "¡Hola, Curita! ¿Qué te trae por aquí?"
"Mi amigo Erizo tiene dolor de barriga", explicó Curita. "¿Podría prestarme un poco de manzanilla? Sé que es buena para calmar el estómago".
El Señor Conejo asintió con comprensión. "Por supuesto, Curita. Aquí tienes un manojo fresco. Dile a Erizo que se mejore pronto". Le entregó a Curita un manojo de manzanilla aromática.
Curita agradeció al Señor Conejo y se dirigió rápidamente hacia el arroyo cristalino que atravesaba el jardín. Necesitaba agua fresca para preparar una infusión de manzanilla. Llenó su caparazón con agua y luego regresó junto a Erizo.
Con cuidado, Curita preparó la infusión. Colocó la manzanilla en el agua dentro de una hoja grande y la calentó utilizando los rayos del sol, enfocándolos con su caparazón brillante como una lupa. Mientras la infusión se calentaba, Curita le contó a Erizo historias divertidas para distraerlo del dolor. Le contó sobre la mariposa que intentó aprender a nadar en una charca, y sobre la oruga que se creía una lombriz. Erizo, a pesar de su malestar, soltó algunas risitas.
Finalmente, la infusión de manzanilla estuvo lista. Curita esperó a que se enfriara un poco y luego se la ofreció a Erizo.
"Bebe esto despacio, Erizo", dijo Curita. "Te ayudará a sentirte mejor".
Erizo bebió la infusión con cuidado. El aroma dulce y el sabor suave lo reconfortaron. Después de terminar la infusión, Erizo se sintió un poco mejor.
"Gracias, Curita", dijo Erizo con una sonrisa débil. "Me siento mucho mejor. Eres un verdadero amigo".
Pero Curita no se detuvo ahí. Recordó que su abuela Caracola siempre decía que el jengibre también era bueno para el dolor de barriga. Así que, se dirigió a la casa de la abuela Caracola, que vivía en un rincón tranquilo del jardín, rodeada de flores de colores.
"¡Abuela! ¡Abuela!", llamó Curita.
La abuela Caracola, con su caparazón lleno de arrugas y sus ojos sabios, salió a recibirlo. "¡Hola, nieto! ¿Qué necesitas?"
Curita le explicó la situación a su abuela. La abuela Caracola sonrió. "Tengo justo lo que necesitas", dijo, y entró en su casa para regresar con un trozo pequeño de jengibre fresco.
Curita regresó junto a Erizo y le ofreció el jengibre. "Mastica un poquito de esto, Erizo. Es picante, pero te ayudará mucho".
Erizo, confiando en su amigo, masticó un pequeño trozo de jengibre. Al principio hizo una mueca por el sabor picante, pero luego sintió un calor agradable en su estómago.
Después de un rato, el dolor de barriga de Erizo desapareció por completo. Se levantó, estiró sus espinas y sonrió a Curita.
"¡Estoy curado!", exclamó Erizo, dando saltitos de alegría. "¡Gracias, Curita! Eres el mejor amigo del mundo!".
Curita sonrió, sintiéndose feliz de haber ayudado a su amigo. "De nada, Erizo", dijo Curita. "Siempre estaré aquí para ti".
Erizo y Curita pasaron el resto del día jugando juntos en el jardín, disfrutando del sol y de la compañía del otro. Erizo aprendió una valiosa lección sobre la importancia de no comer demasiadas bayas verdes, y Curita aprendió lo gratificante que es ayudar a los demás. Y así, el Caracol Curita y el Erizo con dolor de barriga vivieron felices para siempre en el jardín verde y frondoso.
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