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Gratis · elegí una vozEn el pintoresco pueblo de Punucapa, famoso por sus huertos de manzanas y la deliciosa sidra y chicha que producían, se contaba una leyenda escalofriante. Se decía que un fantasma juguetón, pero travieso, rondaba por las noches, robándose la chicha de manzana recién fermentada. Los aldeanos, aunque asustados, se reían de la situación, pues el fantasma solo tomaba un poquito y nunca causaba daño. Lo llamaban el "Fantasma Chichero".
Pero una mañana, algo terrible ocurrió. ¡Todas las manzanas habían desaparecido! Ni una sola manzana colgaba de los árboles, ni rodaba por el suelo. Los huertos estaban completamente vacíos. El pánico se apoderó de Punucapa. ¿Quién o qué se había llevado las manzanas? ¿Sería el Fantasma Chichero el culpable, cambiando su gusto por algo más sustancioso?
La alcaldesa, Doña Emilia, una mujer robusta con un delantal siempre manchado de jugo de manzana, reunió a todos los habitantes en la plaza del pueblo. "¡Debemos resolver este misterio! ¡Sin manzanas, no hay sidra, no hay chicha, no hay Punucapa!", exclamó con voz resonante.
Un niño pequeño, llamado Tomás, levantó la mano tímidamente. "Quizás… quizás el fantasma se las llevó," sugirió, con los ojos muy abiertos.
Don Pedro, el anciano más sabio del pueblo, sacudió la cabeza. "El Fantasma Chichero solo bebe chicha, muchacho. Esto es obra de algo más…" Miró hacia el bosque que rodeaba Punucapa, un bosque denso y misterioso, lleno de árboles antiguos y senderos sinuosos. "Algo que viene del bosque."
Doña Emilia organizó un grupo de búsqueda. Tomás, a pesar de ser pequeño, insistió en unirse. Estaba convencido de que si hablaban con el fantasma, podrían encontrar una pista. Llevaba consigo una pequeña botella de chicha de manzana, esperando ofrecerla como regalo.
El grupo se adentró en el bosque. Los árboles se alzaban como gigantes silenciosos, y la luz del sol apenas lograba filtrarse entre las hojas. Después de caminar durante horas, encontraron algo extraño: ¡huellas gigantescas! Eran huellas enormes, mucho más grandes que las de un oso, y parecían dirigirse hacia la montaña más alta.
"¡Miren!", gritó Tomás, señalando las huellas. "¡Son del monstruo que se llevó las manzanas!"
Siguieron las huellas hasta la falda de la montaña. Allí, encontraron una cueva enorme. Doña Emilia, con su valentía característica, se adelantó y gritó: "¡Quienquiera que esté ahí dentro, salga ahora mismo! ¡Sabemos que tiene nuestras manzanas!"
Un rugido ensordecedor salió de la cueva. El suelo tembló. De repente, una figura enorme salió a la luz. Era un Yeti! Pero no era un Yeti malvado. Parecía triste y hambriento. Estaba rodeado de manzanas, pero no las estaba comiendo.
Tomás se acercó al Yeti con la botella de chicha en la mano. "Hola," dijo con voz suave. "¿Tienes hambre? Aquí tienes chicha de manzana. Es deliciosa."
El Yeti miró a Tomás con curiosidad. Olfateó la chicha y luego la bebió de un trago. Sus ojos se iluminaron. Aparentemente, nunca había probado algo tan rico.
Doña Emilia, observando la escena, entendió lo que estaba pasando. "¿Te llevaste las manzanas porque tenías hambre?", le preguntó al Yeti. El Yeti asintió con la cabeza, avergonzado.
Resultó que el Yeti vivía en la montaña y, debido a una sequía, no había encontrado comida en mucho tiempo. Desesperado, bajó al pueblo y se llevó las manzanas para sobrevivir.
Doña Emilia tuvo una idea. "Podemos ayudarte," dijo. "Podemos compartir nuestras manzanas contigo. Pero a cambio, nos ayudarás a cuidar los huertos."
El Yeti, agradecido, aceptó la propuesta. Desde ese día, el Yeti se convirtió en el guardián de los huertos de Punucapa. Con su fuerza y tamaño, protegía los árboles de las plagas y ayudaba a recoger las manzanas. Y el Fantasma Chichero, bueno, seguía robándose un poquito de chicha por las noches, pero ahora, con el Yeti protegiendo las manzanas, nadie se preocupaba. Punucapa prosperó, y la sidra y la chicha de manzana fueron aún más deliciosas, gracias a la ayuda inesperada de un Yeti hambriento y un niño valiente.
El pueblo aprendió que incluso las criaturas más aterradoras pueden ser amables y que la generosidad puede resolver cualquier problema.
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