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Había una vez, en un reino muy, muy lejano, un castillo enorme con calabozos oscuros y… ¡cantarines! Nadie entendía por qué, pero cada noche, desde lo más profundo de las mazmorras, se escuchaban melodías alegres. La princesa Lucía, una niña curiosa y valiente, no podía dormir pensando en ese misterio.
Una noche, Lucía se levantó de su cama. Llevaba su pijama de estrellas y una linterna mágica que brillaba con la luz de la luna. Bajó las escaleras de puntillas, evitando el crujido de la madera. Llegó hasta la entrada de los calabozos, una puerta de hierro oxidado con un candado enorme.
"¡Hola!", susurró Lucía. "¿Hay alguien ahí? ¿Son ustedes los que cantan?"
Desde dentro, una vocecita respondió: "¡Sí, somos nosotros! Pero estamos muy aburridos."
Lucía abrió el candado con la llave mágica que siempre llevaba consigo (era un secreto, ¡no se lo digan a nadie!). Entró en los calabozos. No eran tan terribles como imaginaba. Había telarañas, sí, y algunas ratitas curiosas, pero también… ¡globos de colores y confeti!
En el centro del calabozo más grande, Lucía vio a tres criaturas muy peculiares: un dragón pequeño con gafas, una hada con las alas rotas y un gnomo con un gorro gigante. Eran ellos los que cantaban, y lo hacían con unas voces maravillosas.
"¿Quiénes son ustedes?", preguntó Lucía, asombrada.
"Soy Drago, el dragón bibliotecario", dijo el dragón, ajustándose las gafas. "Me encanta leer, pero aquí no hay libros."
"Yo soy Hada Lila, la hada jardinera", dijo el hada, señalando sus alas rotas. "No puedo volar para cuidar las flores."
"Y yo soy Bruno, el gnomo cocinero", dijo el gnomo, con tristeza. "No tengo ingredientes para cocinar pastelitos."
Lucía entendió el problema. Estaban tristes y aburridos, por eso cantaban, para animarse un poco. Entonces, tuvo una idea brillante.
"¡No se preocupen!", exclamó Lucía. "Yo les ayudaré. Drago, te traeré todos los libros del castillo. Hada Lila, te curaré las alas y te daré semillas para plantar flores. Bruno, te daré los ingredientes más deliciosos para que prepares pastelitos increíbles."
Lucía corrió a la biblioteca y regresó con una montaña de libros para Drago. Libros de aventuras, de magia, de animales… ¡Drago estaba feliz! Leyó toda la noche, sin parar.
Luego, Lucía buscó en su botiquín mágico una poción especial para curar las alas de Hada Lila. Le untó un poquito en las alas rotas, y ¡puf!, las alas se curaron al instante. Hada Lila voló por todo el calabozo, llena de alegría. Lucía también le dio un puñado de semillas de colores. Hada Lila las plantó en macetas que encontró en el calabozo, y pronto brotaron flores hermosas.
Finalmente, Lucía fue a la cocina real y pidió al chef que le diera los mejores ingredientes para Bruno: harina, azúcar, huevos, chocolate, fresas… ¡Bruno estaba eufórico! Preparó pastelitos deliciosos que olían a gloria. Los calabozos nunca habían olido tan bien.
A partir de esa noche, los calabozos dejaron de ser oscuros y tristes. Se convirtieron en un lugar lleno de alegría, de risas y de canciones. Drago leía cuentos a Lucía, Hada Lila cuidaba las flores, y Bruno horneaba pastelitos para todos. Los calabozos cantarines se transformaron en los calabozos más felices del reino, gracias a la bondad y la valentía de la princesa Lucía. Y así, todos vivieron felices para siempre, comiendo pastelitos y cantando melodías alegres desde lo más profundo del castillo.
Un día, el rey, que había escuchado rumores de la felicidad en los calabozos, bajó a investigar. Se sorprendió al ver a su hija rodeada de sus nuevos amigos, leyendo, plantando flores y comiendo pastelitos. El rey, que al principio estaba preocupado por la aventura de Lucía, se dio cuenta de que la princesa había convertido un lugar oscuro y temido en un rincón lleno de amistad y alegría. El rey se unió a la fiesta, aprendiendo a plantar flores con Hada Lila y escuchando las historias de Drago. Hasta probó los deliciosos pastelitos de Bruno, ¡y le encantaron! Desde ese día, el rey también visitaba los calabozos cantarines, convirtiéndose en parte de la alegre comunidad.
Y colorín colorado, este cuento de calabozos cantarines se ha acabado.
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