Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozMateo era un niño muy curioso. Le encantaba explorar el jardín de su abuela, buscar tesoros escondidos entre las hojas secas y observar las hormigas trabajar. Pero lo que más le gustaba a Mateo era soñar. Cada noche, al cerrar los ojos, se transportaba a mundos fantásticos llenos de dragones amigables, castillos de chocolate y ríos de limonada.
Una mañana, Mateo se despertó sintiéndose extraño. Algo faltaba. Intentó recordar el sueño de la noche anterior, pero su mente estaba en blanco. ¡No recordaba haber soñado nada en absoluto! Estaba devastado. ¿Dónde había ido su sueño? ¿Se habría perdido? ¿Se lo habría robado algún monstruo de la noche?
Preocupado, Mateo corrió a contarle a su abuela. La abuela Elena, con su sonrisa cálida y sus ojos llenos de sabiduría, escuchó atentamente. "A veces, Mateo", dijo la abuela, "los sueños son como las mariposas. Vuelan lejos y se esconden en lugares secretos. Pero siempre regresan si los buscas con el corazón".
Mateo decidió seguir el consejo de su abuela. Se puso sus botas de explorador, agarró su lupa y salió al jardín en busca de su sueño perdido. Primero, buscó entre las rosas rojas, recordando que a su sueño le encantaban los colores brillantes. Nada. Luego, buscó debajo del viejo árbol de manzanas, donde a veces soñaba que volaba como un pájaro. Tampoco encontró nada.
Mateo se sentía cada vez más desanimado. ¿Dónde podría estar su sueño? Se sentó en un tronco de madera, suspirando tristemente. De repente, escuchó un suave zumbido. Levantó la vista y vio una pequeña abeja revoloteando alrededor de una flor de lavanda.
La flor de lavanda… ¡A Mateo le encantaba el olor de la lavanda! Recordó que una vez había soñado que nadaba en un mar de lavanda, rodeado de peces de colores. Tal vez su sueño se había escondido allí.
Se acercó a la flor y la observó con atención. Nada parecía fuera de lo común. Pero luego, notó algo brillante escondido entre los pétalos. Era una pequeña pluma azul, brillante como el cielo después de la lluvia.
Mateo la reconoció al instante. ¡Era la pluma del dragón amigable de su sueño! Recordó que el dragón le había regalado la pluma como símbolo de amistad. ¡Había encontrado una pista!
Con la pluma en la mano, Mateo siguió buscando. Recordó que en su sueño, el dragón lo había llevado a un castillo de chocolate. ¿Dónde podría haber algo que le recordara al chocolate?
Entonces lo recordó: ¡la maceta de barro que su abuela usaba para plantar menta! La tierra en la maceta era oscura y rica, como el chocolate. Corrió hacia la maceta y comenzó a cavar con cuidado. Al principio no encontró nada, pero luego, sus dedos tocaron algo duro.
Lo sacó de la tierra y lo limpió con su manga. Era una pequeña moneda de oro, brillante y redonda. Mateo recordó que en el castillo de chocolate, las monedas eran hechas de oro puro. ¡Otra pista!
Con la pluma azul y la moneda de oro en sus manos, Mateo se sintió más animado que nunca. Sabía que estaba cerca de encontrar su sueño perdido. Solo necesitaba una última pista.
Recordó que, después del castillo de chocolate, el dragón lo había llevado a un río de limonada. ¿Dónde podría haber algo que le recordara a la limonada?
Miró a su alrededor y vio el limonero que su abuela tenía en el patio. Los limones amarillos colgaban brillantes de las ramas. Se acercó al árbol y olió el aroma cítrico. De repente, sintió una brisa suave que le rozó la cara.
Cerró los ojos y respiró profundamente. Entonces, lo recordó. El sueño. El dragón. El castillo. El río de limonada. Todo volvió a él como una cascada de colores y sonidos.
Abrió los ojos, sonriendo. Su sueño no se había perdido. Simplemente se había escondido, esperando a ser encontrado. La abuela tenía razón: los sueños siempre regresan si los buscas con el corazón.
Corrió a contarle a su abuela, mostrándole la pluma azul, la moneda de oro y contándole todo sobre su búsqueda. La abuela Elena sonrió. "Ves, Mateo", dijo, "a veces, necesitamos un poco de aventura para recordar la magia que llevamos dentro".
Esa noche, Mateo durmió profundamente y soñó con dragones, castillos de chocolate y ríos de limonada. Y esta vez, supo que sus sueños siempre estarían allí, esperando a ser explorados, una y otra vez.
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