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Había una vez, en un valle escondido entre montañas de algodón de azúcar, un pequeño monstruo llamado Max. Max no era un monstruo como los demás. No tenía colmillos afilados ni garras temibles. En lugar de eso, tenía un pelaje suave como el terciopelo azul y unos ojos grandes y brillantes que siempre parecían pedir un abrazo. Pero Max tenía un secreto, un secreto que lo hacía sentirse muy avergonzado: ¡TENGO HMABRE DE BULLYL! (Tengo Hambre de Bully) era lo que a veces gritaba su estómago, aunque Max nunca lo diría en voz alta.
Vivía en un pequeño árbol hueco, decorado con flores silvestres y piedras brillantes. Pasaba sus días jugando con las mariposas y charlando con los grillos, intentando ignorar el vacío en su interior y el eco de esas palabras terribles. Sabía que comerse a alguien, especialmente a alguien que lo molestaba, era algo muy, muy malo. Su abuela monstruo siempre le decía: "Max, un monstruo de verdad encuentra la felicidad en la amistad, no en la comida!"
Un día, mientras jugaba al escondite con una mariquita llamada Luna, escuchó unos sollozos. Siguió el sonido hasta un grupo de pequeños animalitos que estaban siendo molestados por un grupo de ardillas bravuconas. Las ardillas, lideradas por una llamada Chispa, estaban quitándoles sus bellotas y burlándose de ellos. Luna, valiente a pesar de su pequeño tamaño, intentó defender a sus amigos, pero Chispa simplemente se burló de ella.
Al ver la injusticia, el estómago de Max rugió. ¡TENGO HMABRE DE BULLYL! La voz en su cabeza era más fuerte que nunca. Max sintió el calor subirle a las mejillas. Quería gritarles a las ardillas, ¡quería darles un buen susto! Pero luego recordó las palabras de su abuela. Respiró hondo y se acercó al grupo.
"¡Eh!" dijo Max, su voz temblorosa al principio, pero luego haciéndose más fuerte. "¡Dejen en paz a mis amigos!"
Chispa y sus secuaces se giraron y miraron a Max con sorpresa. Nunca habían visto a un monstruo tan... suave. "¿Y tú quién eres, monstruito llorón?" preguntó Chispa, con una sonrisa burlona.
"Soy Max," respondió Max, "y no me gusta ver cómo molestan a los demás. No es justo."
Chispa se echó a reír. "¿Y qué vas a hacer al respecto? ¡Eres demasiado pequeño y débil para hacernos daño!"
Max sintió que la rabia volvía a crecer en su interior. ¡TENGO HMABRE DE BULLYL! Pero en lugar de ceder a sus instintos, Max cerró los ojos y pensó en Luna, en los grillos, en su abuela. Pensó en la amistad. Abrió los ojos y sonrió.
"No voy a hacerte daño," dijo Max. "Pero voy a demostrarte que ser amable es mucho mejor que ser un bravucón."
Max propuso un juego. Les dijo a las ardillas que si podían recoger más bellotas que él y sus amigos en un tiempo determinado, él les daría su colección de piedras brillantes. Pero si Max y sus amigos ganaban, las ardillas tenían que prometer dejar de molestar a los demás.
Chispa, confiada en su fuerza y velocidad, aceptó el desafío. El juego comenzó. Las ardillas corrieron y saltaron, recogiendo bellotas a toda velocidad. Max, junto con Luna y los otros animalitos, trabajaron en equipo. Luna usó sus alas para encontrar los mejores lugares para recolectar bellotas, y los demás las recogían y las llevaban a su árbol hueco.
Al final del tiempo, las ardillas tenían muchas bellotas, pero Max y sus amigos, trabajando juntos, ¡tenían aún más! Chispa y sus amigos estaban sorprendidos y un poco avergonzados.
Max no se burló de ellos. En lugar de eso, les ofreció algunas de sus bellotas y les dijo: "Trabajar juntos es más divertido que molestar a los demás. Inténtenlo."
Chispa y las otras ardillas aceptaron las bellotas y prometieron dejar de ser bravucones. Incluso se ofrecieron a ayudar a Max y a sus amigos a recolectar más bellotas para el invierno. Max sonrió. Había vencido su hambre de bully, no con violencia, sino con amabilidad y amistad.
Desde ese día, Max se convirtió en un héroe en el valle. La banda de los Corazones Valientes, como los llamaron, siempre estaban listos para ayudar a los demás y defender a los que no podían defenderse solos. Y Max, el pequeño monstruo con hambre de bully, aprendió que la verdadera felicidad se encuentra en la amistad y la bondad, y que el amor es el mejor antídoto contra el hambre de bully.
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