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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un país muy lejano donde los arcoíris cantaban y los árboles bailaban, un monstruo muy peculiar. No era un monstruo aterrador, ni siquiera un poco feo. Era un Monstruo de Colores, ¡y vaya que era un desastre! Sus emociones estaban completamente revueltas, como un plato de espagueti con salsa de todos los colores imaginables.
Un día, una niña llamada Sofía, con el pelo del color del sol poniente y ojos brillantes como estrellas, se encontró con el Monstruo de Colores. El pobre monstruo estaba sentado en una roca, con la cabeza entre las manos (bueno, entre sus zarpas, para ser más exactos), y suspiraba ruidosamente.
"¿Qué te pasa?" preguntó Sofía con su voz dulce como la miel.
El Monstruo de Colores levantó la vista. Era una masa informe de amarillo, azul, rojo, negro y verde. "¡Estoy hecho un lío!" exclamó. "Mis emociones están todas mezcladas. No sé qué siento, ni por qué lo siento."
Sofía se sentó a su lado en la roca. "Yo te puedo ayudar," dijo con una sonrisa. "Creo que sé cómo desenredar este revoltijo."
Primero, Sofía señaló el color amarillo brillante que palpitaba en el monstruo. "Este es la alegría," dijo. "La alegría es como el sol, cálida y radiante. Te hace querer reír, saltar y jugar. Cuando estás alegre, sientes que puedes hacer cualquier cosa."
El monstruo intentó concentrarse en el amarillo. Poco a poco, el amarillo se separó del resto de los colores y formó una pequeña nube brillante a su alrededor. "¡Guau!" dijo el monstruo. "Me siento… ¡ligero!"
Luego, Sofía señaló el color azul profundo que se arremolinaba en el monstruo. "Este es la tristeza," explicó. "La tristeza es como la lluvia suave, tranquila y melancólica. A veces, la tristeza te hace querer llorar, pero también te ayuda a recordar a las personas que quieres y las cosas que aprecias."
El monstruo se concentró en el azul. Sintió una pequeña punzada en el corazón, pero también una sensación de calma. El azul se separó y formó una gota resplandeciente. "Es como cuando echo de menos a mi amigo el grillo," murmuró el monstruo.
Después, Sofía señaló el color rojo furioso que chispeaba en el monstruo. "Este es la rabia," dijo con cuidado. "La rabia es como el fuego, intensa y poderosa. Te hace querer gritar, golpear y romper cosas. Pero la rabia también te puede proteger, si la usas con cuidado."
El monstruo respiró hondo e intentó controlar el rojo. Recordó cuando un pájaro le robó su baya favorita. El rojo se separó y formó una pequeña llama danzante. "¡No me gusta cuando me quitan mis cosas!" rugió el monstruo, pero ya no era tan furioso.
A continuación, Sofía señaló el color negro oscuro que se escondía en el monstruo. "Este es el miedo," dijo suavemente. "El miedo es como la noche, misterioso y desconocido. Te hace querer esconderte, correr y gritar. Pero el miedo también te puede mantener a salvo, si lo escuchas con atención."
El monstruo sintió un escalofrío al pensar en el miedo. Recordó la primera vez que se perdió en el bosque. El negro se separó y formó una sombra temblorosa. "Me da miedo la oscuridad," confesó el monstruo.
Finalmente, Sofía señaló el color verde tranquilo que palpitaba en el monstruo. "Este es la calma," dijo con una sonrisa. "La calma es como el bosque, silencioso y pacífico. Te hace sentir relajado, seguro y en paz. La calma te ayuda a pensar con claridad y a tomar buenas decisiones."
El monstruo se concentró en el verde. Sintió cómo su cuerpo se relajaba y su mente se aclaraba. El verde se separó y formó una hoja suave. "Me siento… bien," dijo el monstruo, con una sonrisa en su rostro.
Ahora, el Monstruo de Colores ya no era un revoltijo. Cada emoción tenía su propio espacio y su propio color. El amarillo de la alegría flotaba a su alrededor, el azul de la tristeza brillaba en su corazón, el rojo de la rabia danzaba a su lado, el negro del miedo se escondía en su sombra, y el verde de la calma lo envolvía con suavidad.
"¡Lo has hecho!" exclamó Sofía. "Has ordenado tus emociones."
El Monstruo de Colores abrazó a Sofía con gratitud. "Gracias," dijo. "No sé qué habría hecho sin ti."
Desde ese día, el Monstruo de Colores aprendió a reconocer y a comprender sus emociones. Ya no era un revoltijo, sino un monstruo colorido y feliz. Y Sofía, la niña con el pelo del color del sol poniente y ojos brillantes como estrellas, siempre estuvo ahí para ayudarlo cuando lo necesitaba. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Pero la historia del Monstruo de Colores y Sofía no termina aquí, porque cada día es una nueva aventura llena de emociones por descubrir. Y tú, ¿cómo te sientes hoy?
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