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En el corazón de una selva espesa y vibrante, vivía Furia Feroz. Furia no era un animal salvaje, ¡era una emoción! Era una pequeña personita roja, con el pelo alborotado como llamas y unos puños que siempre estaban listos para apretarse. Furia vivía dentro de Tito, un niño de segundo grado al que le costaba mucho controlar su enojo.
Un día, Tito estaba jugando a las canicas en el recreo. Iba ganando, ¡iba a ser el campeón! Pero entonces, Pedro, un compañero de clase, sin querer, empujó a Tito y todas sus canicas rodaron por el suelo. ¡Puf! Furia Feroz se encendió dentro de Tito. Sus mejillas se pusieron rojas y sus puños se apretaron con fuerza. "¡Eres un torpe!" le gritó Tito a Pedro.
Mientras tanto, en el cielo, una Nube Pensativa observaba la escena. Esta nube no era como las demás; era redonda, gordita y siempre llevaba consigo gotitas de lluvia llenas de ideas. La Nube Pensativa sintió la furia de Tito y decidió ayudar. Lanzó una gotita de lluvia que, al caer cerca de Tito, se transformó en una Cabra Consejera, una cabra pequeña con gafas y una voz suave.
"¡Beeeee!" baló la Cabra Consejera. "¡Hola, Tito! Parece que Furia Feroz está haciendo de las suyas, ¿verdad?". Tito, sorprendido, miró a la cabra. "¿Cómo sabes eso? ¡Y quién eres tú?".
"Soy la Cabra Consejera, y vengo a ayudarte a controlar a Furia Feroz", respondió la cabra con una sonrisa. "La furia es como un fuego, Tito. Puede ser útil para calentarte o cocinar, pero si no la controlas, ¡puede quemar todo a su alrededor!".
Tito se cruzó de brazos, todavía enfadado. "Pero es que Pedro me empujó y tiró mis canicas!"
La Cabra Consejera asintió. "Entiendo que estés molesto. Pero ¿crees que gritarle a Pedro solucionará algo?" Tito lo pensó un momento. Probablemente no. "No", murmuró.
"Exacto. Ahora, tengo algo que te puede ayudar", dijo la Cabra Consejera, sacando de su bolsillo una pequeña Lámpara de los Deseos. No era una lámpara mágica normal, sino una Lámpara de la Calma. "Frota esta lámpara y pide un deseo para controlar tu furia", le indicó.
Tito frotó la lámpara con cuidado. Al instante, apareció un Superhéroe inesperado: ¡Súper Calma! Súper Calma no tenía músculos enormes ni un traje brillante. Era un superhéroe tranquilo, con una sonrisa amable y un aura de paz.
"Hola, Tito", dijo Súper Calma con una voz suave. "He venido a enseñarte cómo manejar a Furia Feroz. Primero, respira hondo. ¡Como si estuvieras inflando un globo en tu barriga!"
Tito respiró hondo, siguiendo las instrucciones de Súper Calma. Sintió cómo su cuerpo se relajaba un poco. "Segundo", continuó Súper Calma, "piensa en algo que te haga feliz. Un recuerdo divertido, un lugar que te guste…".
Tito pensó en el día que fue a la playa con su familia. Recordó la arena suave entre sus dedos, el sonido de las olas y el delicioso helado que se comió. Una sonrisa apareció en su rostro.
"¡Muy bien!", exclamó Súper Calma. "Ahora, cuando sientas que Furia Feroz se enciende, recuerda respirar hondo y pensar en cosas bonitas. También puedes hablar sobre cómo te sientes con alguien de confianza".
Súper Calma le dio a Tito una pequeña piedra lisa de color azul. "Esta piedra te recordará que debes mantener la calma", le dijo. Luego, Súper Calma desapareció en una nube de paz.
Tito miró a Pedro, que seguía recogiendo las canicas. Respiró hondo y se acercó a él. "Pedro", dijo, "estoy un poco molesto porque tiraste mis canicas, pero sé que no lo hiciste a propósito. ¿Podemos volver a jugar?".
Pedro sonrió aliviado. "¡Claro, Tito! Lo siento mucho". Juntos, recogieron las canicas y volvieron a jugar. Furia Feroz seguía allí, dentro de Tito, pero esta vez, Tito sabía cómo controlarla. Tenía la piedra azul, la respiración profunda y los recuerdos felices.
Desde ese día, Tito aprendió a manejar su furia. A veces, Furia Feroz seguía intentando tomar el control, pero Tito siempre recordaba los consejos de la Cabra Consejera y Súper Calma. Y, sobre todo, recordaba que la calma es un superpoder mucho más grande que la furia.
La Nube Pensativa, satisfecha, continuó su viaje por el cielo, lista para ayudar a otros niños a controlar sus emociones. Y Furia Feroz… bueno, Furia Feroz aprendió que, a veces, es mejor tomarse un respiro y relajarse un poco.
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