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Gratis · elegí una vozAmelia, con sus cuatro añitos y una imaginación que volaba más alto que las cigüeñas de Cáceres, había decidido que ya no era Amelia. Ahora era ¡Kijotina!, la valiente aventurera inspirada en el mismísimo Don Quijote. Se había construido una armadura de cartón con la ayuda de su mamá Eva, y su fiel corcel Rocinante era, en realidad, su triciclo rojo, adornado con plumas y cintas de colores.
Kijotina vivía en una casita alegre en Cáceres, con mamá Eva y papá Ricardo. Le encantaba pintar paisajes llenos de colores vibrantes, ayudar a los demás (aunque a veces su ayuda terminara en un pequeño desastre adorable) y, sobre todo, ¡le fascinaba el aguacate! Lo comía en tostadas, en guacamole, incluso a cucharadas directamente del cuenco. Decía que el aguacate le daba la fuerza necesaria para sus grandes aventuras.
Un día soleado, mientras desayunaba su tostada de aguacate, Kijotina escuchó a su mamá Eva hablar preocupada con su papá Ricardo. "La señora Rosa, la vecina, está muy triste. Su aguacatero, el que le daba tantos frutos deliciosos, se ha secado", dijo Eva. Los ojos de Kijotina se abrieron como platos. ¡Un aguacatero en peligro! ¡Eso era una aventura digna de Kijotina!
"¡No teman!", exclamó Kijotina, levantándose de la mesa con su armadura de cartón reluciente. "¡Kijotina, la defensora de los aguacates, irá en su rescate!"
Eva y Ricardo intercambiaron una mirada divertida. Sabían que Kijotina tenía un corazón enorme y una determinación inquebrantable, aunque a veces sus ideas fueran un poco… peculiares.
Kijotina montó en Rocinante, su triciclo, y salió pedaleando a toda velocidad hacia la casa de la señora Rosa. Llevaba consigo su espada de madera (un palo de helado gigante pintado de plateado), una regadera llena de agua y… ¡una bolsa llena de aguacates!
Al llegar a la casa de la señora Rosa, vio el aguacatero, triste y mustio, con sus hojas caídas. La señora Rosa estaba sentada en un banco, con la mirada perdida.
"¡No se preocupe, señora Rosa!", gritó Kijotina, desmontando de Rocinante. "¡Kijotina ha llegado para salvar su aguacatero!"
La señora Rosa sonrió tristemente. "Ay, Kijotina, eres muy dulce, pero creo que ya no hay nada que hacer. El aguacatero está muy enfermo."
Pero Kijotina no se rindió. Primero, regó el árbol con mucho cuidado, asegurándose de que la tierra estuviera bien húmeda. Luego, sacó uno de los aguacates de su bolsa. "¡Este es un aguacate mágico!", dijo Kijotina con voz solemne. "¡Contiene toda la energía del sol y la fuerza de la tierra! Lo plantaremos cerca del árbol para darle ánimos!"
La señora Rosa observó a Kijotina con ternura mientras la niña cavaba un pequeño hoyo y plantaba el aguacate. Después, Kijotina sacó sus pinturas y un pincel. "¡Ahora pintaremos el árbol para que se sienta más feliz!", anunció Kijotina.
La señora Rosa, animada por la alegría contagiosa de Kijotina, se unió a la aventura. Juntas, pintaron el aguacatero con colores brillantes: hojas verdes, flores amarillas, e incluso algunos aguacates imaginarios de color rosa y azul.
Pasaron los días, y Kijotina visitaba el aguacatero de la señora Rosa todos los días. Lo regaba, le hablaba, le cantaba canciones y lo seguía pintando con nuevos diseños. La señora Rosa también cuidaba el árbol, inspirada por la dedicación de Kijotina.
Un día, ¡una pequeña hoja verde brotó del aguacatero! Luego, otra, y otra más. El árbol, poco a poco, comenzó a recuperar su vitalidad. La señora Rosa estaba radiante de felicidad, y Kijotina no podía dejar de sonreír.
El aguacatero de la señora Rosa volvió a dar frutos, ¡unos aguacates deliciosos y jugosos! La señora Rosa le regaló muchos aguacates a Kijotina, quien los compartió con su familia y amigos.
Kijotina había salvado el aguacatero, no con magia, sino con su amor, su dedicación y su espíritu aventurero. Y aunque no era una verdadera Quijote, había demostrado que incluso una niña de cuatro años, con una armadura de cartón y una pasión por el aguacate, podía hacer grandes cosas para ayudar a los demás.
Desde ese día, Kijotina continuó sus aventuras en Cáceres, siempre dispuesta a ayudar a quien lo necesitara, con su triciclo, su espada de madera y, por supuesto, ¡su inseparable aguacate! Y todos en el pueblo la conocían como Kijotina, la valiente defensora de los aguacates y amiga de todos.
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