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Si fuese tan fácil como abrir una puerta, levantar tus piernas y pasar hacia el otro lado.
Si fuera tan fácil, que una vez que entramos y cerramos la puerta y nos encontramos con aquello que siempre queríamos.
Si fuera tan fácil, de no dar la vuelta
Sí. Todo puede ser. Pero, ¿dejarás todo atrás? ¿Dejarías a tus amigos, tu familia? ¿Olvidarías todo, con tan solo tener lo que querías?
Tomar decisiones nunca ha sido algo fácil para mí. Desde pequeña mis padres me bombardeaban a preguntas. ¿Prefieres los zapatitos azules o los rosas? ¿La muñeca castaña o la rubia? Soy muy perfeccionista, mi cerebro tiende a analizar cosas sin mi permiso, y termino divagando sobre cosas que ni siquiera debería estar pensando.
Casi siempre me arrepentía. Muy pocas veces daba con la opción correcta en lo que concierne a la vida y decisiones apresuradas. Por eso, cada vez que tenía dos cosas frente a mí, y tenía que inclinarme por una, sentía lo mismo que un claustrofóbico en espacios cerrados, que un aracnofóbico frente a un montón de arañas, que un hemofóbico frente a un charco de sangre.
Llegué al punto de considerar mi temor a las decisiones como una fobia.
Pero claro, no inventé esa fobia. me resultó reconfortante averiguar que esa fobia ya existía, que había más gente que le temía a las decisiones.
La decidefobia, el temor cerval a tomar decisiones, es un término acuñado en bla, bla, bla, establecido por bla, bla, bla, para explicar el “miedo a las decisiones”. Más que nada, define el temor que se tiene a equivocarse cuando se elige algo y a siempre tener la duda de saber si se escogió la opción correcta.
¿Pretenden que elija lo que quería para el resto de mi vida a tan temprana edad?
Así tan solo en un abrir y cerrar de puerta.
No soy el tipo de persona en que pensaría alguien antes de ir a dormir, que provocaría alguna sonrisa de deseo, que acapararía los ojos de extraños, a la que recurrirías al instante para contar un secreto, ni mucho menos.
Solo estoy ahí, parada en la vida, esperando a que algo bueno pase.
Solo estoy ahí, cansada de esperar, pero sin hacer algo para cambiarlo.
Solo estoy ahí, esperando que alguien me note, que digan ¡pero qué persona más interesante!
Solo estoy ahí, como decorado, esperando a la vida para que me dé una oportunidad de vivirla.
Y allí seguía, atrapada en el limbo de la indecisión, con la puerta entreabierta, tentadora y aterradora a la vez.
La luz que se filtraba por la rendija prometía un mundo de posibilidades, pero la sombra que se proyectaba desde el otro lado susurraba sobre el precio de la elección.
No era solo el miedo a equivocarme, sino el terror a perderme algo, a dejar atrás una parte de mí que quizás nunca recuperaría. Cada recuerdo, cada lazo, cada pequeña rutina tejía una red invisible que me mantenía anclada al presente.
Miré a mi alrededor, tratando de encontrar una señal, una pista que me indicara el camino correcto. Pero solo veía rostros familiares, algunos llenos de esperanza, otros de resignación, todos esperando una respuesta que yo no podía dar.
¿Y si la vida no era una puerta, sino un laberinto? Un camino sinuoso y lleno de bifurcaciones, donde cada elección te llevaba a un lugar diferente, pero ninguno era definitivo.
¿Y si el secreto no era encontrar la puerta correcta, sino aprender a caminar por el laberinto?
Tal vez, pensé, la vida no se trataba de esperar a que algo bueno pasara, sino de crear esas oportunidades. De dejar de ser un decorado y convertirme en la protagonista de mi propia historia.
Con un suspiro, cerré los ojos y di un paso adelante. No sabía qué me esperaba al otro lado, pero estaba dispuesta a descubrirlo. Ya no era la niña que temía elegir entre zapatitos azules y rosas, sino una mujer que entendía que la vida era demasiado corta para quedarse atrapada en la indecisión.
Abrí los ojos y me encontré en un sendero desconocido, rodeado de árboles que susurraban secretos al viento. El aire olía a tierra mojada y a flores silvestres, y el sol brillaba con una intensidad que me llenaba de energía.
No sabía a dónde me llevaba este camino, pero por primera vez en mucho tiempo, sentí una sensación de libertad y emoción. La vida me estaba dando una oportunidad, y yo estaba lista para aprovecharla.
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