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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un pueblo lleno de colores llamado Villa Alegría, un niño llamado Tito. Tito era un niño muy alegre y juguetón, pero tenía un problema: ¡no obedecía las señales de tránsito y no se comportaba como un peatón responsable! Para Tito, las señales eran solo adornos graciosos y las aceras, pistas de carreras.
Un día soleado, Tito salió de su casa con su patineta nueva. Su mamá le advirtió: "Tito, ten mucho cuidado al cruzar las calles. Mira a ambos lados, usa los pasos de cebra y ¡nunca ignores las señales!". Tito asintió con la cabeza, pero en su mente solo pensaba en lo divertido que sería patinar.
En la primera esquina, Tito vio una señal de "PARE". Pero, ¡qué aburrido parar! Pensó que era mucho más emocionante seguir de largo. Así que, con un grito de alegría, ignoró la señal y cruzó la calle a toda velocidad. Por suerte, no venía ningún coche, pero un señor mayor casi tropezó al tratar de evitarlo. El señor le gritó: "¡Muchacho, ten cuidado! ¡Vas a causar un accidente!". Tito simplemente se encogió de hombros y siguió patinando.
En la siguiente calle, Tito se encontró con un semáforo en rojo. "¡Rojo! ¡Qué color más feo!", pensó Tito. Decidió que el rojo no era para él y, sin mirar a los lados, cruzó la calle corriendo. Un coche frenó bruscamente, haciendo sonar su claxon con furia. El conductor sacó la cabeza por la ventana y le gritó: "¡Niño imprudente! ¡Podrías haberte hecho daño!". Tito se asustó un poco, pero pronto se le olvidó y continuó su camino.
Mientras patinaba, Tito vio a sus amigos jugando en el parque. ¡Qué emoción! Quería unirse a ellos de inmediato. Pero para llegar al parque, tenía que cruzar una avenida muy transitada. Tito vio una señal de "PASO DE CEBRA", pero estaba un poco lejos. "¡No importa!", pensó Tito. "Puedo cruzar por aquí mismo".
Así que, sin mirar a los lados, Tito se lanzó a la avenida con su patineta. De repente, escuchó un fuerte ruido: ¡BRUUUUUUUM! Un camión venía a toda velocidad. Tito sintió un gran miedo. El conductor del camión, al ver a Tito, frenó con todas sus fuerzas. Las llantas chirriaron y el camión se detuvo a pocos centímetros de Tito.
Tito se quedó paralizado, con el corazón latiendo a mil por hora. El conductor del camión se bajó, muy enfadado. "¡Niño! ¿Estás loco? ¡Casi te atropello! ¿No sabes que debes cruzar por el paso de cebra?". Tito, temblando, bajó la cabeza y dijo: "Lo siento, señor. No volveré a hacerlo".
El conductor, aunque seguía enfadado, vio el miedo en los ojos de Tito y se calmó un poco. Le explicó pacientemente la importancia de respetar las señales de tránsito y de cruzar las calles con precaución. Le dijo que no solo ponía en peligro su vida, sino también la de los demás.
Tito escuchó atentamente las palabras del conductor. Se dio cuenta de que había estado actuando de manera muy irresponsable y que había puesto en peligro su propia vida y la de los demás. Se sintió muy avergonzado.
El conductor le acompañó hasta el paso de cebra más cercano y le enseñó cómo cruzar la calle de forma segura: mirar a ambos lados, esperar a que el semáforo estuviera en verde para los peatones y caminar con cuidado. Tito siguió las instrucciones del conductor y, por primera vez, cruzó la calle sintiéndose seguro y tranquilo.
Cuando llegó al parque, sus amigos lo recibieron con alegría. Tito les contó lo que había pasado y les prometió que nunca más ignoraría las señales de tránsito. Sus amigos se alegraron de que estuviera bien y le prometieron que le recordarían que debía ser un peatón responsable.
Desde ese día, Tito cambió por completo. Se convirtió en un peatón ejemplar. Siempre obedecía las señales de tránsito, cruzaba las calles por los pasos de cebra y miraba a ambos lados antes de cruzar. Incluso, se convirtió en un pequeño embajador de la seguridad vial, enseñando a otros niños la importancia de ser peatones responsables.
Tito aprendió una valiosa lección: que las señales de tránsito no son adornos graciosos, sino indicaciones importantes que nos protegen y nos ayudan a mantenernos seguros en las calles. Y así, Tito el Travieso se convirtió en Tito el Responsable, un niño que siempre recordaba que la seguridad es lo primero. Y en Villa Alegría, todos vivieron más seguros gracias a que Tito aprendió a obedecer las señales de tránsito. Colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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