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Gratis · elegí una vozLola era una tortuga pequeña, con un caparazón brillante y cuatro patitas que siempre parecían tener prisa. Un día, mientras seguía una mariposa de alas color arcoíris, se alejó tanto de su casa que se perdió. El sol comenzaba a esconderse detrás de los árboles y Lola, con el corazón apesadumbrado, sintió las primeras lágrimas asomarse a sus ojitos redondos.
"¡Oh, no! ¡Estoy perdida! ¿Cómo voy a volver a casa?", sollozó Lola, sintiéndose más pequeña que nunca.
De repente, entre los árboles, apareció una figura alta y sombría. Era un lobo. Lola contuvo el aliento. Todos decían que los lobos eran malos y peligrosos. Este lobo tenía un pelaje gris suave y unos ojos grandes y amables, pero Lola no podía evitar sentir miedo.
El lobo se acercó a Lola con cautela.
"Hola, pequeña. ¿Estás bien?", preguntó el lobo con una voz sorprendentemente suave.
Lola, aún asustada, respondió con un hilo de voz: "Me llamo Lola y estoy perdida. No sé cómo volver a casa".
El lobo se sentó sobre sus patas traseras, observando a Lola con atención. "Me llamo Benito. No tengas miedo, Lola. Te ayudaré a encontrar tu camino a casa".
Lola miró a Benito con incredulidad. ¿Un lobo ayudándola? Era algo que nunca había imaginado.
"¿De verdad? ¿Me ayudarás?", preguntó Lola, con un brillo de esperanza en sus ojos.
"Por supuesto", respondió Benito con una sonrisa. "Pero primero, necesito saber dónde vives. ¿Recuerdas algún punto de referencia? ¿Un árbol grande, un río, algo que me pueda ayudar a orientarme?"
Lola pensó con todas sus fuerzas. "Mmm... Vivimos cerca de un arroyo con piedras de colores. Y cerca de nuestra casa hay un árbol muy viejo con un agujero grande en el tronco".
Benito asintió. "Un arroyo con piedras de colores y un árbol viejo con un agujero. Perfecto. Conozco ese arroyo. Está al otro lado del bosque. Será un largo camino, pero estoy seguro de que llegaremos antes de que oscurezca por completo".
Así, Lola y Benito emprendieron su viaje. Benito caminaba con pasos largos y seguros, mientras que Lola hacía todo lo posible por seguirle el ritmo. A veces, Benito se detenía para esperar a Lola, y la animaba con palabras amables.
"No te rindas, Lola. Ya casi llegamos. Eres una tortuga muy valiente", le decía Benito.
A medida que avanzaban, Lola comenzaba a sentirse más cómoda con Benito. Se dio cuenta de que no todos los lobos eran malos. Benito era diferente. Era amable, paciente y se preocupaba por ella. Le contó a Benito sobre su familia, sobre su comida favorita (hojas de lechuga fresca) y sobre su sueño de convertirse en una gran exploradora.
Benito escuchaba atentamente, asintiendo con la cabeza y haciendo preguntas. Le contó a Lola historias del bosque, sobre los animales que lo habitaban y sobre la importancia de respetar la naturaleza.
Después de caminar durante lo que a Lola le pareció una eternidad, llegaron al arroyo con piedras de colores. Lola gritó de alegría. "¡Sí! ¡Este es el arroyo! ¡Ya estamos cerca!"
Benito sonrió. "¡Bien hecho, Lola! Ahora solo tenemos que encontrar el árbol viejo".
Buscaron entre los árboles hasta que, finalmente, Lola lo vio. "¡Allí está! ¡El árbol con el agujero! ¡Esa es mi casa!", exclamó Lola, corriendo hacia el árbol lo más rápido que sus patitas se lo permitían.
Al llegar al árbol, Lola vio a su mamá y a su papá, que estaban muy preocupados buscándola. Al verla, corrieron a abrazarla.
"¡Lola! ¡Estábamos muy preocupados! ¿Dónde estabas?", preguntó su mamá, abrazándola con fuerza.
"Me perdí siguiendo una mariposa", explicó Lola. "Pero Benito me ayudó a volver a casa".
Lola señaló a Benito, que se había quedado esperando a una distancia prudente. Los padres de Lola se acercaron a Benito para agradecerle.
"Muchas gracias por cuidar de nuestra hija", dijo el papá de Lola. "Estamos muy agradecidos".
"No tienen nada que agradecer", respondió Benito con humildad. "Me alegro de haber podido ayudar. Lola es una tortuga muy especial".
Los padres de Lola invitaron a Benito a quedarse a cenar, pero él amablemente declinó. "Debo volver al bosque antes de que oscurezca por completo", dijo Benito. "Pero me ha encantado conocerlos".
Lola abrazó a Benito con fuerza. "Gracias por ayudarme, Benito. Eres el mejor lobo del mundo".
Benito sonrió y le devolvió el abrazo. "Cuídate, Lola. Y no te alejes demasiado de casa".
Benito se despidió y regresó al bosque. Lola lo vio alejarse hasta que desapareció entre los árboles. Esa noche, Lola durmió profundamente, sabiendo que había encontrado un amigo inesperado en el lobo bondadoso. Y aprendió que no se debe juzgar a nadie por su apariencia, y que a veces, la ayuda viene de los lugares más inesperados.
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